SEMANARIO

Los trotskistas norteamericanos y su lucha por construir un partido revolucionario en la época del New Deal

Gabriel Muñoz

Los trotskistas norteamericanos y su lucha por construir un partido revolucionario en la época del New Deal

Gabriel Muñoz

Asistimos a una crisis capitalista histórica. En el corazón de la economía global hay millones de desempleados. Los gobiernos de diverso tipo han incurrido en el rescate millonario de sus capitalistas. Chile no es la excepción. Sin embargo, la idea de rescatar al sistema capitalista a partir del uso del Estado no es nueva. Tuvo su máxima expresión en el New Deal norteamericano. Los trotskistas norteamericanos de la década de los ’30 ofrecen un análisis profundo y propio del fenómeno de intervención estatal más grande la historia y que se aplicó con el fin de contener a la clase trabajadora y preparar el camino a la guerra. El trabajo político y el análisis de estos revolucionarios son todavía un laboratorio de construcción de partido en condiciones adversas y de elaboración de pensamiento revolucionario para tener luces de qué estrategia seguir en los marcos de un capitalismo en decadencia. Hoy nuevamente hay sectores políticos e intelectuales que abogan por “más Estado” en la economía sin reparar que el problema de fondo es la irracionalidad del capitalismo. A 80 años del asesinato de Trotsky a manos del estalinismo nuevamente volvemos a esta experiencia para revitalizar el marxismo hoy al calor de la experiencia histórica.

El origen del trotskismo en EEUU

El trotskismo en EEUU nace en 1928. Cuando James Cannon, uno de los principales dirigentes del Partido Comunista de aquel país adhiere a las tesis presentadas por León Trotsky en el VI Congreso de la Internacional Comunista. Desde ahí Cannon organiza una fracción anti estalinista en dicho partido. Lograron un periódico propio y la publicación de las obras del revolucionario ruso hasta 1933 constituyéndose como Oposición de Izquierda. El fin era dar una lucha política sin cuartel contra las tendencias burocráticas que se habían apoderado del mando de la Unión Soviética y también de la Internacional. [1] Según los trotskistas, Stalin había transformado la organización internacional en un aparato burocrático, sin balances claros sobre sus actuaciones en China y luego en Alemania, jugando un papel no revolucionario. En el primer caso las fuerzas comunistas se disuelven en un partido nacionalista burgués amplio (el Kuomitang) y en el segundo el PC Alemán había rechazado la política de “frente único” con la social democracia contra el ascenso del fascismo [2]
En EEUU la crisis económica de 1929 había golpeado fuertemente la economía capitalista. Millones de desempleados, retroceso en todos los niveles de la producción, cierre y quiebra de empresas, espiral de endeudamiento privado y doméstico. Habían mostrado el verdadero rostro del capital arrojando a millones de trabajadores a la miseria y sujetos de las políticas de emergencia estatal. La lucha de clases comienza a activarse en el corazón de la joven potencia mundial. Comienza a resurgir el movimiento obrero. En toda la década de los ’20 hubo expansión económica capitalista, creándose una nueva clase obrera ligada a la industria y otras áreas, principalmente no calificada o semi-calificada, cuestión que redujo la tasa de sindicalización. Sin embargo, esta realidad comienza a cambiar. [3]

Los trotskistas y la clase trabajadora norteamericana: una década de intervención en procesos de vanguardia

Con la crisis, los golpes a la clase trabajadora que empeoraron sus condiciones de vida generaron que los sindicatos se transformaran en grandes organizaciones que debieron definir se políticamente ante los hechos. Los trabajadores se agrupaban en sus organizaciones clásicas ante los avatares de la economía en crisis. Los trotskistas ante esto vuelcan su trabajo sobre esta nueva clase trabajadora. Dirigen la huelga de Minneapolis en 1934, que se transformó en una verdadera rebelión de toda la ciudad a partir de los sindicatos de trabajadores del transporte que luchaban contra el monopolio creciente del transporte de grandes empresas privadas. Esta lucha fue un referente a nivel nacional impactando en la política pública durante varias semanas. Un conflicto que se hacía en nombre del conjunto de los explotados y oprimidos por el Estado y el capitalismo yankee. En 1935 se fusionan con el grupo de Muste compuesto principalmente por obreros desempleados quienes también habían dirigido una importante huelga en la ciudad de Toledo [4].

En 1936 deciden ingresar al Partido Socialista norteamericano previendo que un avance de las luchas y huelgas y el aumento de la cantidad de sindicalizados, impulsara a una vanguardia obrera y juvenil a entrar en ese partido. En 1938 son expulsados, pero, producto de la fuerza de sus orientaciones y capacidad de análisis logran romper a un sector importante del PS, fundando de inmediato un partido independiente llamado Socialist Workers Party (SWP), duplicando sus fuerzas y actualizando su análisis científico de la política y la sociedad norteamericana y por tanto reorientando su quehacer ante el inminente estallido de otra guerra.

Los sindicatos y organizaciones dirigidas por el trotskismo en EEUU introducen una estrategia distinta a la del PC y el PS de dicho país. La democracia directa, los cuerpos de delegados, las asambleas, los comités de huelga y la constante búsqueda de que cada conflicto huelguístico se transformara en una lucha directa contra el Estado y el conjunto del sistema. A su vez plantearon la necesidad de los grupos de autodefensa a partir de la violenta represión que comenzó a aplicar la policía contra los movimientos de lucha de los trabajadores.
En los sindicatos de Minneapolis y Toledo habían secciones enteras de trabajadores desempleados cuya reivindicación legítima era la búsqueda genuina de empleo y un programa de reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin rebaja de salarios: todo un sello de la corriente trotskista liderada por Cannon y otros brillantes marxistas. También buscaron que las ocupaciones de fábricas desarrollaran todas sus tendencias progresivas hasta la búsqueda del control obrero de la producción, buscando mostrar que los trabajadores pueden dirigir la sociedad sin los capitalistas.

La crisis económica, el New Deal y las nuevas tendencias en el movimiento obrero: la fortaleza del método de análisis de los trotskistas

A lo largo de toda la década del treinta, el grupo encabezado por Cannon, desarrolló un análisis propio, profundo y pormenorizado sobre la situación de EE. UU, en la década del ’30, los cambios que acontecen con el gobierno de F. D. Roosevelt y su plan, el New Deal (nuevo pacto) y el desarrollo del movimiento obrero hasta 1937.

Tras el fin de la primera guerra mundial EE. UU surgió como la potencia dominante durante toda la década del ‘20, convirtiéndose en la prestadora de la economía mundial, incluyendo a Europa. En esa década el capitalismo norteamericano había atiborrado su mercado interno, desarrollando sus fuerzas, de tal manera, que no cabían ya dentro de sus fronteras. La enorme acumulación de capital, obligaba al país a buscar nuevas inversiones para conseguir un interés suficiente. Con la saturación de los mercados y la sobreacumulación, esta economía fue la más afectada por la crisis, y así el crack y la siguiente depresión hicieron epicentro en territorio norteamericano. [5]

Frente a esta debacle económica, de alcance global, existían dos vías según los trotskistas: el fascismo y el New Deal. El fascismo basaba su estrategia en la destrucción de las organizaciones obreras y reformas sociales obtenidas por ésta, y en la aniquilación de derechos democráticos, con el objetivo de desaparecer la posibilidad de la lucha de clases. En el caso del New Deal éste trataba de salvar a la democracia imperialista por medio de regalos a la aristocracia obrera y campesina, sólo es accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido fue una política norteamericana por excelencia. [6]

Tras el triunfo de Roosevelt en marzo de 1933 los trotskistas argumentaron que “Sean cuales fueran las dificultades de los historiadores para encontrar el lugar de Roosevelt en la historia, no hay dudas que llegó a tiempo para salvar al capitalismo. En la mañana de su inauguración, toda la estructura bancaria del país había quebrado y las masas estaban al borde de revueltas por hambre”. [7]. Maurice Spector, redactor de la revista The New International organizada por los trotskistas en EEUU, recordaba en 1938 como aquella caracterización realizada en 1933 había sido completamente acertada. El New Deal buscaba reactivar la economía a partir del estímulo estatal. A partir de concesiones al capital y una serie de reformas que permitiera sostener a la masa de desempleados y destinarlos para el trabajo en obras públicas. De todas éstas obras, la inmensa mayoría fueron millonarias licitaciones a empresas privadas que se beneficiaron de los aportes estatales sin conseguir recuperar los índices de crecimiento previos a la crisis. El mismo Spector resume esta caracterización del New Deal:

“Ciertamente el New Deal contiene elementos comunes a todas las formas de planificación estatal capitalista y Roosevelt representa a los banqueros de Wall Street en el sentido más general porque se propone preservar la propiedad capitalista. Pero debe recordarse que la socialdemocracia en diferentes momentos procuró también ‘controlar’ el capitalismo mediante estos métodos. Está la experiencia de Australia, Suecia y otros países. Esencialmente basado en las demandas de las clases medias de reforma, seguridad y control de los recursos naturales, y con el movimiento obrero organizado a la rastra, el New Deal es el equivalente americano del Frente Popular, el reformismo social sans (sin) una socialdemocracia”

 [8]
Los trotskistas como Spector entendían que había sido la situación excepcional de riqueza acumulada durante décadas en Estados Unidos, lo que le permitió al presidente Roosevelt implementar un plan de regulación de la economía dirigida por el Estado, basado en un aumento del gasto público. El sistema de regulación de la producción en gran escala estuvo basado en la regulación de las unidades mayores de la economía, es decir, de los sectores más concentrados del capital; es así que el New Deal facilitó créditos y subsidios para impedir la quiebra de las grandes empresas, aumentar sus beneficios y favorecer la tendencia general hacia la concentración de la economía. Hacia 1938 el New Deal no había logrado activar la industria pesada y se había limitado a obras públicas y la activación de una industria liviana. Esto dio un ciclo corto de crecimiento que rápidamente se había agotado. La tendencia a la huelga y la radicalización política de los trabajadores empujó a la burguesía de EEUU a cambiar de planes. Roosevelt reorienta el New Deal hacia la industria pesada de guerra. Es decir, fijando la meta de la expansión como vehículo para la disputa inter imperialista que se desata desde 1939 con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Consecuentemente apodaron como “War Deal” este crecimiento destinado a la destrucción de otras fuerzas productivas, principalmente de Europa y Asia. Y por tanto, la aniquilación de millones de trabajadores y pobres en todo el mundo. En este sentido el trabajo político en la clase trabajadora que realizaba el grupo trotskista tenía el objetivo estratégico de evitar el desenlace de la guerra.
A partir de este análisis concluyeron que sólo la lucha de clases del proletariado podría detener la decadencia capitalista y abrir paso a una solución efectiva a la crisis. La experiencia en EE.UU dio mucho fundamento al “Programa de Transición” elaborado por Trotsky y las secciones adherentes a la Cuarta Internacional en 1938. La política de reparto de horas, el plan de obras públicas controlado por trabajadores y empresas estatales, la escala móvil de salarios según aumento de la inflación y el control obrero de la industria. Es decir, una serie de reivindicaciones transitorias que unan el estado de conciencia actual y las tareas planteadas (como lo era acabar con el desempleo) con las tareas de la expropiación de los capitalistas y el camino al socialismo.

El régimen del New Deal estaba creando una burocracia sindical servil al Estado capitalista

De este objetivo política del New Deal, se desprendía también un tipo de nuevo régimen en los EEUU. Una nueva democracia imperialista basada en la demagogia y el engaño, pero también en una ampliación de las funciones del régimen político como árbitro entre las clases sociales. Jack Weber, otro redactor de New International, en 1934 ponía la alerta de que la política de salvataje al capital impulsada por Roosevelt estaba incrementando las fuerzas represivas del Estado [9]. Los cuerpos policiales fueron perfeccionados para vigilar la correcta rehabilitación de los capitalistas y controlar el movimiento de huelgas. Pero también se había creado al alero de las reformas sociales y negociaciones salariales una nueva burocracia sindical agrupada en la CIO, dirigida en un principio por dirigentes combativos del sector de la industria pero que lentamente giraron hacia el Partido Demócrata, el partido de Roosevelt. Si bien la CIO había roto con la central sindical AFL abiertamente colaboradora con el gobierno, no logró superar el esquema de central sindical adherida a la democracia liberal que requería el New Deal para tener éxito. Es más, en las elecciones de 1936 todos los partidos políticos que tenían dirección en el movimiento obrero, salvo los trotskistas, ingresaron a la campaña electoral del sector de Roosevelt llamando a votar por su sector para continuar la senda de rescate.

New International hace un verdadero esfuerzo por señalar claramente que todas estas medidas implementadas por la burguesía para salvar al capitalismo, incluso otorgando algunas concesiones al movimiento de masas, que fueron apoyadas arteramente por los reformistas, fueron utilizadas como un gran trampa para evitar que la clase obrera ingrese al terreno de la independencia política. Era la forma en que la clase dominante norteamericana buscaba desviar el importante proceso de lucha obrera que se había abierto durante la década. Sortear su amenaza por medio del subterfugio de la democracia burguesa y una supuesta conciliación de intereses entre las clases. Los trotskistas buscaron en todas sus publicaciones abrir un diálogo franco con la vanguardia obrera para mostrar el verdadero carácter de este proceso, describir las tendencias que se avecinaban demostrar que sólo el camino de independencia de clase en una perspectiva revolucionaria, podría evitar que la burguesía prepare catástrofes aún mayores, para salvar al sistema capitalista en completa decadencia. Y tenían razón. El curso de la recuperación económica siguió al del armamento para la guerra y con ello la carnicería más grande la humanidad de la cual EEUU fue planificador y artífice.

La vigencia del pensamiento revolucionario en la actualidad

Más allá de las distancias históricas, creemos que estos análisis mantienen una gran actualidad. Hoy frente a la irrupción de una nueva crisis económica internacional, muchos economistas y analistas políticos, en Chile y el mundo, atribuyen la responsabilidad central sobre la misma sólo al desarrollo y la implementación del llamado “neoliberalismo”. Y es así que estos mismos intelectuales consideran que existe la posibilidad de un capitalismo distinto, basado en políticas reformistas desde el Estado, asentado en un nuevo pacto entre el capital y el trabajo, y utilizan como referencia el desarrollo del New Deal para defender sus posiciones. También han brotado nuevamente varias tendencias o ideas neo-keynesianas que buscan salvar al capitalismo con una intervención acentuada del Estado en la economía. Estos teóricos, no reconocen las causas de la crisis en el mismo sistema capitalista, que en su etapa imperialista sobrevive resolviendo sus contradicciones más profundas a través de generar grandes fuerzas destructivas, como son las crisis económicas, las guerras, también las pandemias.

El análisis marxista del New Deal, como el realizado por los trotskistas, permitió demostrar que las medidas de intervención del Estado en la economía, ejecutadas por gobiernos burgueses para salvar al capitalismo del abismo -si bien en los años 30 significaron una modificación clave del rol del Estado en la economía-, se demostraron, en el corto plazo, como ineficaces para solucionar en forma pacífica la crisis capitalista; y una vez salvado el sistema del peligro de la revolución, la burguesía no hará más que avanzar rápidamente, con mayor violencia, hacia una salida de fondo, o hacia el derrotero de nuevas crisis. En el caso del New Deal, cuando la perspectiva de la guerra fue inminente, Roosevelt terminó transformando la misma intervención del Estado en la economía para nuevos fines, con el desarrollo de la industria militar.

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NOTAS AL PIE

[1Según Cannon la tarea primordial en aquel país era educar a la militancia revolucionaria en las ideas del bolchevismo tergiversadas por la casta burocrática y utilizadas por ésta para justificar traiciones y el ascenso de un Estado contrario a los principios de la democracia obrera: Cannon, James. (1942) “La historia del trotskismo norteamericano”. Ediciones IPS. Pág. 92

[2Esta política ultraizquierdista trajo terribles consecuencias en Alemania en 1932. El fascismo se hacía cada vez más fuerte. “Era necesario explotar hasta el límite la contradicción entre reformismo y fascismo a fin de debilitar al fascismo, debilitando al mismo tiempo al reformismo al exponer ante los obreros la incapacidad de la dirección socialdemócrata para combatirlos. Estas dos tareas se fundían, naturalmente, en una: el frente único” en: Trotsky, León, (1933) “La catástrofe Alemana: la responsabilidad de la dirección” en La lucha contra el fascismo en Alemania. Ediciones IPS, 2013. Pág 346.

[3Un estudio pormenorizado de la crisis del ’29, el carácter del New Deal según los trotskistas y las luchas del movimiento obrero en EEUU puede encontrarse en: Bosch, Victoria, Los trotskistas norteamericanos en la era del New Deal, en: https://www.laizquierdadiario.cl/Los-trotskistas-norteamericanos-en-la-era-del-New-Deal#nb1

[5Entre las consecuencias que podemos marcar en Estados Unidos, estuvo el cierre de 9.000 bancos tras el primer impacto de la crisis. La primera oleada de quiebras durante 1930-31 afectó a los pequeños bancos y algunos importantes como el Bank of United States. A partir de 1931 y tras la crisis financiera internacional la quiebra afectó a los principales bancos. En 1933, cuando asumió Roosevelt, la mitad de los estados habían decretado el cierre de todos los bancos. El producto nacional bruto se contrajo en un 30%. La producción industrial disminuyó a la mitad mientras que los empresarios redujeron el bruto de sus inversiones en un 90%. La disminución drástica de las ganancias en las industrias del metal, ferroviarias, de construcción de maquinarias, de automóviles e inmobiliarias, produjo casi el cese de la inversión. Los salarios se redujeron un 56% y millones pasaron a depender de la ayuda estatal de subsistencia

[6Por los análisis de Trotsky sobre el crack del 29 ver Trotsky, León, El capitalismo y sus crisis (Compilación), Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky, Buenos Aires, 2008, «El marxismo y nuestra época», pág 317

[7Spector, Maurice, «El colapso del New Deal», en The New International, Vol. 4, Nº 6, junio de 1938, pág.173-175

[8Idem

[9Weber, Jack, «Roosevelt y el Estado», en The New International, Vol. 1, Nª 3, pág. 23-25, septiembre-octubre 1934.
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[Trotsky. A 80 años de su asesinato]   /   [crisis 29]

Gabriel Muñoz

Licenciado en Historia
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