Política

LA MATANZA

Luciano Arruga: un juicio en el que faltan varios acusados

Vanesa Orieta, la hermana del joven asesinado por la Bonaerense en 2009, declaró ayer en el juicio contra un policía que había torturado a Luciano cuatro meses antes. Un caso que toca de lleno al entramado de impunidad policial, político y judicial.

Daniel Satur

@saturnetroc

Florencia Sciutti

@FlorSciutti

Miércoles 6 de mayo de 2015 | Edición del día

Vanesa Orieta declara en el juicio contra el torturador Julio Torales, quien no deja de observarla a pocos metros de distancia (foto La Izquierda Diario)

Durante más de dos horas Vanesa habló, se enojó y lloró. Pero nunca bajó el tono ni la convicción en su acusación contra Julio Diego Torales, el teniente primero de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, único acusado en un juicio en el que, sin dudas, faltan varios culpables más.

El juicio contra Torales se desarrolla en una improvisada sala judicial, ubicada curiosamente en la sede de la Unión Industrial Argentina de San Justo. Allí, desde el lunes se dan cita los jueces del Tribunal en lo Criminal n°3 de La Matanza, el fiscal, la querella y sus abogados y el acusado Torales, a quien lo acompañan tres letrados, más preocupados en ensuciar la memoria de Luciano y embarrar la cancha que en demostrar la inocencia de su cliente.

Ayer fue la segunda audiencia. El jueves seguirá con la declaración de más testigos (convocados por la defensa de Torales) y el viernes se esperan los alegatos. La sentencia quedará para la semana que viene.

Vanesa por Luciano

El lunes, antes de comenzar el juicio, la hermana de Arruga había improvisado una conferencia de prensa en la vereda minutos antes de ingresar a la sala. Allí dio definiciones muy duras no sólo sobre el juicio sino sobre todos estos años de lucha por encontrar a su hermano, enfrentándose a un sistema político y judicial preparado para garantizar la impunidad de los asesinos de uniforme.

Vale recordar que entre el 31 de enero de 2009 y el 17 de octubre del año pasado el cuerpo de Luciano Arruga estuvo desaparecido. Y que, tras ser hallado en una fosa del cementerio de la Chacarita donde había sido enterrado como “NN”, quedó en evidencia que las denuncias realizadas por su familia durante seis años, acusando directamente a la Policía Bonaerense por haberlo perseguido y secuestrado, eran más que certeras.

Ayer, en el juicio en el que se analizan los hechos ocurridos cuatro meses antes de la desaparición de Luciano, Vanesa relató los constantes hostigamientos que recibía su hermano por parte de la Bonaerense de Lomas del Mirador. Durante el año 2008 Julio Diego Torales junto a otros policías se dedicaron a golpear, perseguir y hasta intentar obligar a Luciano a robar a cambio de “protección”. La resistencia del joven de 16 años motivó el ensañamiento de los uniformados, al punto que el 22 de septiembre fue detenido bajo la excusa de “averiguación de antecedentes”. Dentro del destacamento a Luciano lo golpearon, lo amenazaron reiteradamente y hasta le hicieron comer un sándwich escupido al grito de “esto es lo que tenés que comer vos, negrito”. Después de nueve horas detenido y antes de ser llevado por su hermana al policlínico de San Justo, Luciano relató que Torales y los demás lo amenazaron incluso con llevarlo “a la Octava”, donde estaban alojados varios violadores.

El nombre que más repitió Luciano tras la golpiza fue el de Torales. A su vez Vanesa pasó varias de esas largas horas de detención de su hermano en el destacamento y siempre se enfrentó con ese mismo policía. Tal vez por eso este juicio tiene como único acusado (y probable condenado) a quien no pudo evadir la denuncia. Pero Torales no actuó solo. Siempre, o al menos desde la dictadura, la tortura policial requiere de algunos colaboradores, de varios cómplices y de muchos más que callan ante una situación que, de tan repetida, ya se encuentra naturalizada.

Orieta relató, además, otras irregularidades sufridas por su hermano aquel 22 de septiembre. Por un lado ningún juez de menores se hizo presente en todas esas horas en la sede policial para encargarse del caso. Ese grave hecho se suma a que Luciano estuvo encerrado en la cocina del destacamento cuando eso está prohibido en casos de menores de edad. Y por otro lado, al ser liberado un médico policial certificó que Luciano no tenía heridas, lo que no sólo contradice lo evidenciado por su familia sino lo certificado por los profesionales del policlínico de San Justo.

Las evidencias abundan para concluir sin dudar que en este juicio faltó sentar a varios policías más en el banquillo de los acusados.

Ellos y otros más

Antes de ingresar a la audiencia Vanesa dijo que en todos estos años de lucha por encontrar a Luciano, ella y su familia fueron maltratados y humillados por el gobernador kirchnerista Daniel Scioli, por el ministro de Justicia Ricardo Casal y por el actual titular de Seguridad, el también referente k Alejandro Granados. Por eso “esperamos verlos a ellos también acusados”, sentenció.

Acompañar a la familia de Luciano es también compartir la sentencia de Vanesa. No sólo porque los hechos (los que se tratan en este juicio como los posteriores) sucedieron con este gobernador, con estos funcionarios, con esta Policía y con esta justicia; sino porque los años en que Luciano estuvo desaparecido, lejos de terminarse las desapariciones forzadas, las torturas y las muertes por gatillo fácil policial en la provincia de Buenos Aires, éstas no dejaron de aumentar. Y fueron a su vez los años en los que la Bonaerense creció en cantidad de efectivos (se duplicaron en menos de una década, superando hoy los 80 mil), en infraestructura y en poder de fuego.

A la impunidad que denuncia la familia de Luciano por todo lo padecido en estos años hay que agregarle lo que en este juicio están haciendo desde la defensa de Julio Torales. El grupo de abogados que tiene como cliente al torturador de Arruga no se destaca por un alto vuelo jurídico, aunque sí parece entrenado en la búsqueda de pantanos procesales y en maniobras para embarrar la cancha. Entre los testigos que propusieron en el juicio se encuentran seis “camaradas de armas” de Torales dispuestos a defender, seguramente, su buen nombre y honor. Algunos de ellos estuvieron en el mismo destacamento aquel 22 de septiembre. Y también propusieron a tres personas que declararían que Luciano robó antes de ser detenido.

Esos testigos fueron impugnados por la querella. Los seis primeros por ser, justamente, posibles involucrados en los hechos, tanto los que se juzgan en este proceso como los posteriores que se produjeron en el mismo destacamento y terminaron con la desaparición de Luciano. Los otros tres porque lo que ellos puedan decir no hace a la causa, ya que aquí no se investiga a Luciano sino las torturas y apremios sufridos por él dentro del destacamento. Sin embargo esas impugnaciones fueron desestimadas por el tribunal que componen Diana Nora Volpicina, Gustavo Omar Navarrine y Liliana Logroño, con lo que los testigos finalmente deberán comparecer.

La Izquierda Diario seguirá cubriendo las alternativas de este juicio. Y también seguirá acompañando a la familia de Luciano en su incansable lucha por justicia.

Torales ingresando a la sala de audiencias (foto La Izquierda Diario)







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