Sociedad

CRISIS SOCIOSANITARIA Y CUARENTENA

Madres con pensión de 7 hijos no reciben ayuda social en la Provincia de Buenos Aires

Mujeres, jefas de hogar, cuyos hijos asisten a las Casas del Niño, dependientes del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, denuncian que no fueron incluidas en ninguna otra asistencia por cobrar una pensión no contributiva.

María Alejandra Pirone

Lic. en Psicología | Secretaria General Adjunta ATE. Ministerio Desarrollo de la Comunidad PBA

Domingo 26 de abril de 2020 | 12:55

Créditos | Telefe

“En casa somos seis en total: los dos bebés más los de 3, 4 y 5 años. Estoy sola con ellos, cobro la pensión para madre de 7 hijos y tengo la ayuda de la casita.”

Así abre el diálogo una de las mujeres que se acerca a la Casa del Niño a buscar la bolsa de alimentos. Cabe aclarar que en tiempos normales los niños asisten a la institución a contra turno de la escolaridad donde cuentan con apoyo escolar, actividades lúdicas, música, teatro, orientación y acompañamiento psicosocial para ellos y sus familias y se les garantiza el almuerzo diario.
Desde que el gobierno de Alberto Fernández determinó la medida de aislamiento social, preventivo y obligatorio se suspendieron las actividades, y luego de días se convocó a las familias para otorgarles una bolsa miserable que contenía ocho productos secos y un litro de leche, cualquiera fuera la composición familiar.

“Al cobrar esa pensión no pude acceder al IFE ni a nada, yo cobré en total 15 mil pesos, llame a la Municipalidad de La Plata para ver si me entregaban mercadería y me dijeron que no y me cortaron, así varias veces. Fui a las delegaciones y no me entregan por mi domicilio. Necesitamos ayuda, no tenemos para comer y no puedo salir a changuear porque me para la policía y me mete adentro. He tenido problemas porque intento salir igual, tengo los dos bebes que usan pañales, y no puedo gastar necesitando mercadería”, cuenta una de las mujeres.

“Los nenes están comiendo una vez por día y yo hay días que no como”, manifiesta la otra mamá que es de Villa Catela, Ensenada y cuenta la misma realidad, ella es jefa de hogar, con 5 niños chicos a cargo y por percibir la pensión de madre de 7 hijos no ha sido beneficiaria de ninguna otra ayuda estatal.

El hambre va de la mano con la precariedad, el hacinamiento y los problemas de salud

“Vivo en una pensión donde compartimos la habitación con los cinco chicos, en la cama cucheta duermen los dos más grandes y conmigo los tres mas chiquitos, el techo se cae a pedazos, y entra mucho frio.” “Los chicos están bien, se pelean como todos los nenes, mi temor es por uno de los chicos que es de riesgo, con problemas de riñón, tenemos una estufita pero hace mucho frio”, manifiesta la señora de La Plata.

“En mi caso, yo tengo problemas de salud, vivimos los seis en una casillita de material y madera, de un ambiente separado por un mueble. Ya pedí ayuda en la Municipalidad para poder dividirla pero no me dieron respuesta, además tenemos problemas de salud crónicos, respiratorios y de riñón, y ahora no somos atendidos en el hospital ni la salita”. Y agrega que “la cuarentena se hace difícil, me da mucho miedo si uno se enferma. No se cómo me arreglaría por el tema del espacio y no contagiar al resto”

Ambas mujeres no pueden entender cómo su situación no es tenida en cuenta por los gobiernos. “Se supone que cobramos una pensión porque tenemos muchos hijos y somos sostén de hogar, ¡cómo es posible que no nos ayuden en esta situación donde no podemos salir a hacer una changa, ni nada!”

Según el último informe del Indec en diciembre de 2019 en la región de La Plata, Berisso y Ensenada había un 30.6% de personas pobres y un 7,6% de indigentes. Esos datos, si seguimos las proyecciones del último informe de la UCA, a marzo del corriente año y contemplando los 10 primeros días de cuarentena, se habrían elevado en más de 10 puntos.

En la región, sin contar los efectos de la cuarentena, ya teníamos casi un 50% de la población en situación de pobreza e indigencia, algo que se invisibiliza a partir de la abrumadora exposición mediática que adquieren las "ayudas" que los gobiernos de turno ofrecen ante diferentes situaciones sociales, sanitarias, etc.

Como vemos en estas pequeñas historias la realidad es muy grave, sobre todo para las mujeres, en su mayoría madres, referentes monoparentales de sus hogares, únicas proveedoras de ingresos y a cargo de las tareas y cuidados de sus niños.

La cuarentena no es la misma para todos

Miles de niñas, niños viven hacinados, en condiciones muy precarias como relatan estas mujeres que son portavoces de una franja importante de la población en estas circunstancias. Comparten habitaciones sin distinción entre adultos, niños y jóvenes, donde no solo se agrava la situación por las necesidades básicas insatisfechas sino también porque las maneras de vincularse que se ven alteradas por permanecer en el encierro todo el grupo familiar en un único espacio. Se hace imposible salir a trabajar, denunciar violencias, "manguear", pedir ayuda.

Mientras unos tienen enormes fortunas, millones pasan hambre y viven en precariedad extrema. Para éstos la cuarentena, sin una respuesta desde el Estado, es también un camino a la muerte.

Si no se puede salir a hacer “la diaria” los $15.000 que puede acumular una familia por mes (en el mejor de los casos) entre pensión o IFE, AUH y tarjeta Alimentar, más una bolsa quincenal de alimentos, resuelve muy poco.

Por eso hay que garantizar para todas las familias una alimentación saludable, un ingreso de cuarentena de por lo menos $ 30.000 para todos los que no pueden salir a trabajar, aunque cobren alguna pensión no contributiva. Pero además hay que destinar hoteles y viviendas ociosas para organizar refugios de emergencia por si estas familias se contagian el virus y desarrollar desde ahora mismo un plan de construcción y refacción de viviendas para terminar con la precariedad y el hacinamiento.

Con el desconocimiento soberano de la deuda externa así como un impuesto extraordinario a las grandes fortunas, a los terratenientes, a la renta de los grandes grupos empresariales y a los bancos se podrían desarrollar esos planes que permitirían que esta nueva crisis no la paguen las familias trabajadoras y mucho menos aquellos millones que pasan hambre.







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