Economía

ACUERDO COMERCIAL

Mercosur: ¿desunidos y dominados?

Tensiones entre los socios comerciales. Primero Argentina se retiró de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur. Luego según un nuevo comunicado de la Cancillería, el país seguiría en la mesa de negociación. ¿Qué sucede en el bloque?

Jueves 30 de abril | 23:14

Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Teleconferencia Coordinadores del Mercosur.

La Argentina se retiró la semana pasada de las negociaciones que estaban llevando adelante los países socios del Mercosur para alcanzar un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur.

En un comunicado de la Cancillería argentina se informó que ante los efectos de la pandemia, la incertidumbre internacional y la situación económica de Argentina “aconsejan detener la marcha de esas negociaciones”.

En tanto, el Gobierno afirmó que seguirá acompañando la marcha de los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea y la EFTA (European Free Trade Agreement).
Brasil, Uruguay y Paraguay declararon que las negociaciones seguirán. Lo que abrió interrogantes del rumbo del bloque comercial.

Las cámaras patronales se expresaron a favor y en contra de la decisión oficial. La Mesa de Enlace, que nuclea a la Sociedad Rural Argentina (SRA), CRA, Coninagro y la Federación Agraria, declaró que “el campo quiere seguir apostando al Mercosur” y añadió que el retiro del Gobierno en las negociaciones “parece indicar una tendencia hacia una menor apertura” de la economía.

La Unión Industrial Argentina y la Confederación Nacional de la Industria de Brasil emitieron una declaración conjunta donde expresan su preocupación por las negociaciones del acuerdo de libre comercio del Mercosur con Corea del Sur y afirmaron su “preocupación por el impacto en los sectores industriales y falta de transparencia de las tratativas".

Ante las críticas de algunas cámaras patronales y de la oposición, el canciller Felipe Solá en la comisión de Relaciones Exteriores confirmó que el país no dejará el Mercosur.

Este Jueves la Cancillería emitió un nuevo comunicado que afirma “la necesidad de avanzar en la búsqueda de soluciones conjuntas que permitan a los países del bloque avanzar a ritmos diferenciados en la agenda de relacionamiento externo”. De esta manera, se desprende que el país permanecería en la mesa de negociación.

Sobre el posible acuerdo con Corea del Sur, la cancillería sostuvo que para llevar adelante las negociaciones habrá “consulta permanente con los sectores productivos a fin de incorporar sus puntos de vista”.

Comercio con Corea del Sur

Según datos del Indec, en 2019 Argentina exportó a Corea del Sur U$S 822 millones, que representa el 1 % del total de las exportaciones e importó U$SS 502 millones, que significa el 1 % del total de importaciones.

Mariano Treacy, investigador e integrante de la Sociedad de Economía Crítica (SEC) sostuvo vía twitter que “la rebaja de los aranceles (el libre comercio) no garantiza el acceso al mercado. Corea tiene subsidios al agro y fuerte apoyo a exportadores” y agrega que “gestiona un sistema de licencias a las importaciones restrictivo. Además, tiene trabas no arancelarias que dificultan el acceso”.

El especialista advierte que Colombia, Perú y Chile firmaron tratados similares que tienen un impacto negativo y “genera una reprimarización del perfil exportador y una simplificación de la densidad productiva del entramado local, con cierre PyMes, pérdida de capacidades y de empleos”.

Argentina exporta a Corea del Sur productos agrícolas (Maíz, Aceite de Soja, Pescado Congelado), Minerales (Metales Preciosos, Zinc) y algunos químicos (Carbonatos). En tanto, se importan bienes de mayor complejidad como Productos Electrónicos, Maquinaria y Vehículos y partes.

Treacy explica que el Acuerdo con Corea del Sur se negocia a puertas cerradas y que el último estudio de impacto del 2007 indicó que “implicaría un serio riesgo para sectores industriales sensibles como el de electrónica, línea blanca, automotriz y autopartista”.

¿Qué pasa con el Mercosur?

Mariano Treacy tuiteó que si Brasil, Paraguay y Uruguay avanzan en las negociaciones y Argentina no, se rompería la Unión Aduanera por violar la política arancelaria externa común (AEC) y el Mercosur se convertiría en una Zona de Libre Comercio, donde podría suceder que ingreses bienes sin arancel a un país y que luego se vendan como producto de la zona.

El Mercosur adoptó la decisión 32 que acordaba que todos los miembros negocien de manera conjunta los acuerdos comerciales con otros países para evitar que haya negociaciones individuales.

Treacy alerta que “si se flexibiliza la decisión 32, Uruguay, Paraguay y Brasil podrían impulsar acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y China”. Este es un pedido de Uruguay hace años, pero Argentina y Brasil se negaban.

Tras el nuevo comunicado publicado por la Cancillería argentina el especialista tuiteó que, “la estrategia de fondo parecería ser, sin embargo, permanecer en la mesa de negociaciones para dilatar la firma del acuerdo esperando mejores condiciones para negociar utilizando como herramienta de presión el poder de veto” y agregó que “es probable que el cambio en la postura diplomática haya respondido a la necesidad de poner paños fríos y contener la institucionalidad del Mercosur en un contexto de fuerte incertidumbre en el que el gobierno no puede sumar más frentes de conflicto”.

El bloque del Mercosur representa grandes intereses para las grandes empresas como la industria automotriz. Habrá que ver cómo continúan las negociaciones entre los países, que además transcurren en un contexto de fuerte crisis donde el comercio está golpeado a nivel mundial.

Acuerdos comerciales: ¿a quién beneficia?

En los noventa hubo una fuerte apertura comercial en Argentina de la mano de Menem y se conformó el Mercosur que significó para las principales empresas radicadas en el país un incremento del volumen de su comercio exterior.

Como señala Esteban Mercatante en su libro “La economía argentina en su laberinto” “mientras durante el período 2001-2012 las 200 más grandes empresas alcanzaron un saldo comercial positivo promedio de U$S 23.000 millones, el resto de la economía arrojó un déficit promedio de U$S 10.500 millones. El superávit comercial, un promedio de U$S 12.500 millones, explica enteramente el saldo comercial favorable de la cúpula”.

El kirchnerismo a pesar de sus discursos de soberanía no desmontó los avances que hizo el gobierno neoliberal de Menem en materia de la desindustrialización y primarización de la economía. Se recuerda que continuaron los Tratados Bilaterales de Inversión, la prórroga de jurisdicción (que permitió que las empresas puedan recurrir a tribunales como el CIADI). Por ejemplo, en el acuerdo con Chevron se incluyó la clausula.

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El macrismo con el discurso de “volver al mundo” firmó el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur que como advierte Esteban Mercatante “no hará más que reforzar la dependencia, afianzando la disciplina del capital global y la capacidad de las multinacionales para ganar posiciones en la economía y abriendo la puerta a más acuerdos de tenor similar”.

Con la promesa de la integración no fueron los países los que se beneficiaron sino los capitalistas. Los trabajadores no tienen nada que ganar en estos acuerdos, donde en muchos casos se promueven más flexibilización laboral para competir con la producción de otro país.

Los acuerdos de libre comercio o las políticas burguesas proteccionistas no son una salida a la dependencia. Para atacar las causas profundas del atraso y la dependencia hay que cambiar de raíz cuestiones que van más allá de rechazar estos acuerdos que benefician a las grandes empresas y están hechos a la medida de la expansión del capital imperialista y de los sectores burgueses más integrados, como por ejemplo en Argentina es el agropower.

Es necesario unir el rechazo a ese tipo de compromisos, que van atados a privilegios de asegurar las inversiones, la protección de propiedad intelectual a las empresas imperialistas, a una política para transformar de raíz las relaciones sociales, reorganizar de manera integral la economía en función de las necesidades sociales, y no una política de cerrar las fronteras para el capital nacional.

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