Internacional

Crisis política en Pakistán

Miles de manifestantes piden la renuncia del primer ministro

Islamabad continúa cercada por miles de manifestantes que exigen la renuncia del primer ministro Nawar Sharif. El 15 de agosto confluyeron en la capital del país dos movilizaciones que partieron de la ciudad de Lahore. Si bien la acción es coordinada, estas dos protestas mantienen independencia tanto de organización como de motivaciones políticas

Miércoles 3 de septiembre de 2014 | Edición del día

Una es la llamada “Marcha de la Independencia”, dirigida por Imran Kahn, ex capitán de la selección nacional de cricket y fundador del Partido de la Justicia de Pakistán (PTI). La otra es la denominada “Marcha de la Revolución” convocada por el líder religioso de origen canadiense Tahirul Qadri, referente del Movimiento del Pueblo de Pakistán (PAT).

La demanda central de la “Marcha de la Independencia” es la anulación de las últimas elecciones de mayo de 2013, en las que triunfó la Liga Musulmana de Pakistán (PML-N) el partido del actual primer ministro. Según Khan estas elecciones fueron fraudulentas, reclama por lo tanto la renuncia del gobierno y el parlamento y la realización de nuevas elecciones. El PIT atrajo la simpatía fundamentalmente de las clases medias urbanas, y cuenta con la simpatía de sectores más acomodados, incluidos empresarios.

La “Marcha de la Revolución” levanta entre sus consignas demandas populares, como reformas sociales y políticas y una mayor autonomía de los gobiernos locales. Su base está en las clases medias bajas y en los sectores más desposeídos. Esto junto con las referencias de su líder a la revolución china y la “larga marcha” le dan un tono más radicalizado a esta protesta.

El gobierno de Sharif intetó primero bloquear la llegada de estas dos movilizaciones y luego organizar contra manifestaciones pero ha fracasado.
Hasta el momento el primer ministro recibió el apoyo de 11 de los 12 partidos parlamentarios y de Estados Unidos, que a pesar de mantener una relación tensa con Pakistán, necesita de su colaboración en Afganistán.

Varios análisis señalan que detrás de estas movilizaciones está la sombra del ejército, con el cual el primer ministro Sharif viene teniendo diferencias, después de haber firmado un pacto para respetar el rol de la fuerzas armadas al inicio de su gobierno. Las tensiones surgieron por la política exterior, fundamentalmente por la orientación de Sharif de acercarse a su rival histórico, la India, por la participación del ejército y sus servicios secretos, con lazos históricos con los talibán, en la llamada “guerra contra el terrorismo”, y por el juicio que enfrenta el expresidente y exjefe del ejército Parvez Musharraf.

Independientemente de si existen o no estos contactos o conflucencia de intereses, lo cierto es que existen las condiciones para la emergencia de la protesta social. El gobierno de Sharif viene implementando un duro programa neoliberal para cumplir con los requisitos exigidos por el FMI para liberar un préstamo de U$ 5000 millones. Esto incluye duplicar los precios de la electricidad, el gas y otros servicios y un amplio plan de privatizaciones. Los ataques a los trabajadores y sectores populares han ampliado la brecha entre pobres y ricos, con un 40% de la población de 180 millones viviendo bajo la línea de pobreza.

El enorme descontento de amplios sectores de la población con el gobierno explican el rápido crecimiento de partidos como el PTI y el PAT que si bien no ofrecen ninguna salida progresiva, por ahora canalizan la protesta.







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