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Mujeres, literatura y fútbol

La muerte de Diego Maradona desató reivindicaciones acríticas, condenas lapidarias, pero también permite abrir reflexiones sobre qué significa un fenómeno popular como el futbol y sus personajes. En esta columna, nos animamos a indagar sobre el fútbol desde el punto de vista de algunas escritoras mujeres y de las experiencias de las propias jugadoras. Acá la recomendación de algunos cuentos.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Miércoles 2 de diciembre de 2020 | Edición del día

En los días que rodearon la muerte de Maradona, se escucharon todo tipo de posiciones, tanto de condena, como de exaltación acrítica. También, algunas críticas. El movimiento de mujeres hace rato que vino a meter una cuña en el fútbol, tanto desde afuera como a través de esas pioneras en el mismo deporte que fueron peleando para hacerse un lugar.

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Pero hubo mucho de condena desde un sector del feminismo que planteaba casi una dicotomía insalvable entre llorar a Maradona y ser feminista. Frente a ese debate, la pregunta que surgía es qué tiene para decir el feminismo. Qué tiene para decir el movimiento de mujeres, no sólo sobre Maradona sino sobre una cultura que rodea a esta práctica deportiva. Porque Maradona no sale de un repollo, sino que se forja en el barrio, en la escuela, pero también en las canchas.

En este sentido, en primer lugar, vale decir que el feminismo, que pretende trastocar profundamente las bases de una sociedad patriarcal desde sus cimientos, no puede no preguntarse que significa “el Diego”, ese lugar no sólo como “artista” de las canchas sino como un personaje contradictorio. No voy a detenerme en Maradona, cuyas aristas contradictorias fue desplegada en la Izquierda diario en una interesantísima entrevista que Juan Dal Maso le hace a Christian Castillo en la revista Ideas de Izquierda, o en las notas de Fernando Rosso en El Circulo Rojo, entre otras.

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Lo que me preguntaba es qué tiene para decir las mujeres que aman el futbol, que se apasionan por ese deporte, que también tiene mucho de industria y de entretenimiento, pero que a la vez tiene bastante de goce, de diversión, de disfrute en quien lo practica o lo observa.

Por eso hoy nos vamos a detener en cuentos escritos por mujeres, algunos sobre Maradona y otros sobre el futbol y las propias experiencias de escritoras que construyen ficciones a partir del Futbol, porque allí se ubica un territorio, como el de la palabra pública, como el de la decisión sobre el propio cuerpo, como tantos otros que a las mujeres le son vedados.

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En estos días, he visto a muchos periodistas varones, críticos todos varones opinando sobre el futbol. Es decir, en el homenaje y recuerdo a Maradona, siguieron reproduciendo el esquema patriarcal que expulsa a las mujeres de las canchas y les niega la posibilidad de hablar de futbol, porque pesa ese clásico “qué sabés vos de futbol”. A lo sumo, hemos visto algunas reivindicaciones de qué significó el futbol en sus infancias o adolescencias, como marca de una época, pero no qué significa el mismísimo futbol para esas mujeres.

Es una práctica en la que, como dice la escritora Claudia Piñeiro, las mujeres parece que estamos “de prestado”, o eso es lo que nos quieren hacer creer.
El lenguaje y la literatura también son un territorio en disputa, como decía Bajtín a propósito del lenguaje, también arena de la lucha de clases, y de géneros.

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Yo me siento un poco como la protagonista del cuento de Betina González, “El gol de la muerte según Clara Abel”, tratando de entender ese fenómeno, que como dice Chipi Castillo, tiene mucho de habitus, de educación sentimental a fuerza de repetición y de gusto generado. Pero hoy, vamos a detenernos en cómo se construye la experiencia del fútbol desde otras voces narrativas, las de las mujeres.

Hay algo, en muchos de los relatos de mujeres sobre el fútbol que suena como una disculpa del tipo “perdonen que me meta, pero voy a hablar de fútbol”. Algo de eso hay en el cuento de Luisa Valenzuela “El mundo es de los inocentes” o en el de Liliana Heker, “La música de los domingos” donde ella misma decide que, a pesar de disfrutar del fútbol, no va a meterse en la cancha, sino a narrar la experiencia del afuera, su experiencia como hincha. En la antología Pelota de papel 3, la propia jugadora Evelina Cabrera en “Del 86” también arranca con una especie de disculpa por hablar del gol “del siglo” a los ingleses.

Entonces ahí encontramos una primera inflexión sobre cómo las mujeres hablan de fútbol. Raro encontrar cuentos al estilo del “10.6 segundos” de Hernán Casciari con la descripción minuciosa de toques, pases y sobre todo, gambetas en plena Estadio Azteca.

Hay textos maradonianos y futboleros críticos, como el cuento del último libro de Sergio Olguín , “Mi vida como Diego” o el de Martín Caparrós “Fuimos Maradona”, pero en general, aunque debo decir que no he leído todos los cuentos sobre fútbol que andan por ahí, sí he obsrevado que predomina una especie de reivindicación del juego, del fútbol, o la historia de partidos o jugadas memorables, de los sentimientos masculinos compartidos ante el triunfo o la derrota y las burlas del rival, dentro y fuera de la cancha. Hay reflexiones en torno a eso, como podemos leer en el cuento “Perdiste” de Sacheri.

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Pero volviendo a las voces femeninas, también podemos encontrar voces irreverentes como las de Gabriela Cabezón Cámara o Fernanda García Lao en los cuentos “La guacha redonda” o “Patricio se bifurca”. En el caso del primer cuento, la guacha redonda es la pelota y es a la vez una niña que crece en una villa como Fiorito, que triunfa y es campeona para poder “a su familia ayudar”, como dice Rodrigo en ese clásico hipérbaton cuartetero.

Es delicioso el cuento de Fernanda García Lao, que haciéndose eco de la literatura borgeana, mira desde un lugar crítico, los devaneos filosóficos de un hombre con escasos recursos que escapa a través del futbol, la literatura y la filosofía a las miserias de su vida.

Pero también hay voces como las de Ana María Shua con “Futbol era el de antes” o “Off Side” de la entrerriana Selva Almada, que ponen en el centro la “cultura del aguante” y su misoginia, donde los insultos de padres (sobre todo varones) a les niñes está naturalizado (aunque se ha avanzado en cuestionarlo inclusive desde los propios ámbitos futboleros”. Cultura del aguante que se articula en frases como sos “un mantequita”, o “esto ya parece una mariconada” o el desprecio por lo que significa una frase como “algunos nacen para ir a trabajar y volver a sus casas con la patrona, y otros nacen para perseguir un sueño” entierro clandestino de un hincha en la cancha de futbol del club barrial en el cuento “La voz del estadio” de Gabriela Saidon.

Un poco de esa cultura del aguante puede pensarse en cómo aquellas mujeres que quisieron “entrar” a un mundo eminentemente masculino hace años, como “la Raulito” o la “Gorda Matosas” hinchas de dos grandes clubes como Boca y River respectivamente, tuvieron que “masculinizarse” a partir de insultos, de la humillación y hasta vejación del adversario, la puesta en escena de la dureza, la fuerza, el coraje.

El rol de los insultos en una cancha está puesto en el centro por un cuento de Claudia Piñeiro titulado “La muerte de Mariano Osorno” donde el típico “hijo de puta” tiene más carnadura que la de un insulto inocuo. La construcción de la masculinidad que se opera a través del fútbol y esa cultura del aguante, también aparece como violación (no ya como violación del hincha) sino también de las propias mujeres de la familia como puede leerse en un cuento de Débora Mundani, “Poda”.

Traigo estos cuentos a colación, muchos de los cuales están en la antología Las dueñas de la pelota de Editorial Ateneo, con prólogo de Claudia Piñeiro; porque lejos del dedo acusador que vimos mucho en estos días erigirse desde un sector del feminismo, pero también lejos de la reivindicación casi acrítica que ensalza méritos deportivos, como vimos en el caso de Maradona y deja un poco fuera de plano la contradicciones de los hombres, lo que me interesaba pensar sobre aquello que la literatura escrita por algunas cuantas mujeres pueden poner sobre la mesa para reflexionar, tanto sobre un deporte como sobre las construcciones sociales e ideológicas dominantes que se despliegan en la exaltación de valores, prácticas y hechos enmarcados por ese deporte.

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Creo que reflexiones similares ha desatado el rugby, sobre su racismo y esa marca de clase que lo impregna, así como también del machismo que atraviesa sus prácticas. Pero el futbol, como deporte popular y mundialmente extendido entraña, no sólo anhelos de venganza antiimperialista o subversión de los poderes estatuidos, sino también la confirmación de valores que colocan a toda personas que no sea varón, heterosexual, adulto en una posición de subordinación y menosprecio.
Y las autoras que hoy invito a leer, ponen allí el ojo y la clavan al ángulo.







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