Sociedad

Coronavirus

Nuevos test: desarrollo científico ¿para qué?

Entre las contradicciones del enfoque epidemiológico y una política proempresarial dirigida a la exportación. ¿Quién se queda con los test? ¿Quién se beneficia?

Juan Duarte

Redacción Ciencia y Tecnología | tw: @elzahir2006

Lihuen Eugenia

Redacción Ciencia y Tecnología

Domingo 7 de junio | 18:07

Kicillof sigue esgrimiendo falsos argumentos para no testear presintomáticos y justificar las contradicciones del gobierno en el manejo de la pandemia en la Provincia de Buenos Aires, centralmente en el conurbano, que ya tuvo las primeras víctimas en villas y se desató en grande fábricas. Por otro lado, con tres nuevos test moleculares presentados queda claro que el problema para avanzar en los testeos masivos necesarios no son los insumos sino la definición de caso, cada vez más cuestionada. Finalmente, la producción de los nuevos test en manos de empresas privadas desnuda la política proempresarial del gobierno y el interés mercantil en su distribución. Analizamos el contrapunto desde la perspectiva de las necesidades de las y los trabajadores y sectores populares.

En la última conferencia Kicillof repitió una vez más que “no vale la pena testear sin síntomas [...] porque si me testean a mí sin síntomas y no me da la enfermedad, mañana puede ser que me dé positivo (sic) y yo crea que estoy bien, para eso habría que testearme absolutamente todos los días y eso no tiene sentido”. Ya en la conferencia anterior había dicho que el virus “es imperceptible cuando está en incubación, no hay test que la agarre”, una afirmación falsa desde el punto de vista científco, que ya discutimos acá. Si bien es difícil entender qué quiere decir el Gobernador con que se “positive” después, es claro que la mayor preocupación es el “sinsentido” de tener que repetir el test en caso de que el resultado sea negativo o “no concluyente”, pero es necesario señalar que aún con los protocolos actuales no es recomendable tomar como concluyente un resultado negativo y por otro lado, insistimos, esto no significa que la técnica de PCR-RT no detecte carga viral en personas sin síntomas. Además basta recordar que al propio Kicillof se lo testeó, aún sin presentar síntomas, luego de que se detectaran casos en el hospital Belgrano de la localidad de San Martín al que asistió, para dejar en claro su impostura. ¿Por qué no hacer lo mismo con los sectores expuestos todos los días al virus?

Sobre este mismo punto discute implícitamente Lautaro Zubeldia Brenner, Doctor en Ciencias Biológicas de la USAM en esta larga nota publicada esa Universidad sobre ¿cuándo, cómo y qué testear?. Zubeldía Brenner señala correctamente que: “El grupo de infectados más importante a detectar son los positivos asintomáticos. Son individuos que poseen el virus en su nasofaringe pero que no presentan síntomas y cuya capacidad de transmitir el virus es alta. La pregunta es cómo detectar estos individuos. No es posible hacerlo con el protocolo de PCR TR que hoy tenemos, por más que la técnica, en sí, en teoría pueda detectar el virus en este tipo de pacientes. El problema es que el protocolo indica que para que amerite procesar una muestra por PCR TR debe haber síntomas. Tampoco se puede salir a la calle a buscarlos al azar.” (El resaltado es nuestro).

A su vez, Carolina Carrillo, Investigadora del Instituto Milstein y docente del Departamento de Química Biológica en Exactas UBA, en un coloquio sobre el nuevo test molecular Neokit para Covid-19 realizado este viernes, mostró, en la comparación entre métodos serológicos y moleculares, que mientras los test serológicos solo detectan anticuerpos pasado el período de ventana, las técnicas moleculares (como el RT PCR y LAMP) detectan material genético desde el primero o segundo día de incubación del virus.

El Neokit, producido por Laboratorio Pablo Cassará.

En síntesis, el problema para testar presintomáticos y desplegar una política agresiva de rastreo de contactos estrechos y de testeo masivo en sectores esenciales como salud, transporte o grandes fábricas con brotes, no es técnico, sino una decisión política.

Zubeldía Brenner admite la necesidad de aumentar el testeo y propone como solución utilizar los test rápidos moleculares de producción nacional: el Neokit y el presentado por la empresas Chemtest y PBL, que ya tienen aprobación por el ANMAT (e incluso un tercero en camino, de Caspr Biotech). Efectivamente, contar con test rápidos moleculares es clave para una estrategia de testeo activo de presintomáticos, y no hay problemas de insumos ni técnicos, pero es necesario y urgente cambiar la política epidemiológica en ese sentido.

Villas, fábricas y sistema de salud

Los argumentos de Kicillof, lejos de ser “científicos”, muestran una política cuyas prioridades no son los reclamos de los barrios vulnerables como Villa Azul, donde se dispararon los casos y ya hay dos muertes. Tampoco son prioridad las y los trabajadores, como denuncian en Mondelez, donde el Ministerio de Trabajo habilitó la reapertura de la empresa con dos casos positivos y sin testear a todos.

El Gobierno ni siqueira cuida a las que nos cuidan, lo que fue crudamente expuesto en estos días con el asesinato laboral de María Ester Ledesma, enfermera del hospital Gandulfo, quien era grupo de riesgo y le negaron seis veces la licencia por enfermedad. Las y los trabajadores de salud, en la primera línea contra la pandemia, son alrededor del 10% del total de contagios de nuestro país.
Es imprescindible avanzar con testeos masivos en cada uno de estos sectores de riesgo con todos los recursos ya disponibles.

Rebelión y paro en Mondelez Pacheco por casos positivos de Covid-19.

Por otro lado, como decíamos al comienzo, la producción de los nuevos test rápidos moleculares, si bien es producto del esfuerzo enorme de científicos y científicas del sistema público (en condiciones de gran precarización) y del financiamiento estatal, queda en manos de empresas privadas (el Laboratorio Pablo Cassará, de los más grandes del país, en el caso del Neokit; y Chemtest, que lejos de ser una “pyme”, factura varios millones de dólares, principalmente en contratos con el Estado). Esto obedece a las políticas proempresariales de los diferente gobiernos hacia el sector (en su charla, Carrillo contó cómo en 2011 "cuando presentamos el proyecto [para detección de Dengue] en el ministerio, nos dijeron que como investigadores no podíamos presentarlos solos, que teníamos que hacerlo con un privado porque no querían un paper ni una patente, sino un producto que llegue a la gente"), y deja en manos de intereses privados el recurso de los test.

Desde una parte del sector científico y expresado explícitamente en la nota ya citada de Zubeldía Brener, prima el entusiasmo por “vender” los nuevos productos nacionales, presentando a los nuevos kits como dispositivos “sencillos y amigables” y un discurso a tono con la línea oficialista en el que “no hay que medir de más ni menos de lo aconsejable” y que no se puede masivizar los test de PCR por el “riesgo de agotar los reactivos específicos y generar un cuello de botella en las mediciones”. Estas premisas, que parten de aceptar como dadas las condiciones de atraso y dependencia del sector científico nacional, sin embargo, cambian ligeramente cuando se trata de hacer negocios. En este caso, se trata de potenciar el desarrollo nacional de compañías biotecnológicas no para suplir la demanda que denuncian desde los barrios y las fábricas, sino para transformar a la Argentina en un exportador regional de herramientas de diagnóstico: “Hay una posibilidad certera –cierra su nota Zubeldía Brenner– de si la Cancillería se mueve bien en este contexto para que la Argentina pueda transformarse en un exportador regional de herramientas de diagnóstico, no solo para la COVID-19, sino también para dengue y otras enfermedades infecciosas.”

La realidad está a la vista para quien quiera verla. La “soberanía” científica no vendrá de la de la mano del mercantilización sino de la pelea por una ciencia y tecnología al servicio de las necesidades de las y los trabajadores y sectores populares.







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