Política

OPINIÓN

Pagadores seriales

El nuevo desmembramiento del bloque de diputados del FpV plantea la pregunta sobre quién es más kirchnerista; ¿los que votaron en contra o quienes lo hicieron a favor?

Jueves 17 de marzo de 2016 | Edición del día

Hace doce años, en marzo de 2004, contra las pretensiones de Roberto Lavagna, en ese entonces ministro de Economía del gobierno nacional, Néstor Kirchner rechazaba las imposiciones del FMI para llegar a un acuerdo. En el libro Los límites de la voluntad (Novaro y otros) se relata que “contra la opinión de su equipo económico, el presidente optó por hacer efectiva su amenaza y estiró hasta pasado el vencimiento la negociación con el FMI (…) el rédito político interno se obtuvo: medios y dirigentes oficialistas y opositores aplaudieron su firmeza y la contrastaron favorablemente con el comportamiento de los gobiernos anteriores”.

Esa maniobra, realizada contra una institución que sufría cuestionamientos a escala latinoamericana por los desastres heredados de la década del 90’, se revestía de discurso “soberanista” y obtenía consenso a nivel social. Ese consenso se forjaba, en última instancia, en el crecimiento económico que tenía lugar desde fines del 2002. Ahí radicaba el lugar desde el que podía pararse para esa negociación.

Sin embargo, la realidad no acompañaba con la tonalidad de la lucha contra los buitres, sino la de los pagos sonantes y constantes. Así lo admitió la misma presidenta Cristina Fernández en agosto de 2013, cuando reclamó como propio el título de “pagadores seriales”, por haber abonado -entre 2003 y 2012- una suma cercana a los 180 mil millones de dólares.

El anterior oficialismo vivió así de la construcción de una ilusión. Mientras se proclamaba a diestra y siniestra que se defendía la soberanía nacional, se sostenían pagos permanentes a los autores de ese mecanismo de sumisión de los países subdesarrollados. Los pagos al Club de París, por las sentencias en el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), la millonaria indemnización a Repsol por YPF, entre otras medidas daban cuenta de su “voluntad pagadora”.

Por estas horas, el kirchnerismo “duro”, golpeado en la oposición, sufre los avatares de la fragmentación de la coalición política que gobernó el país durante una década. Las críticas a los “traidores” que se vendieron por “sándwiches y mates fríos” no tienen, sin embargo, mucho sentido.

Son los mismos “traidores” que fueron parte del gobierno que pagaba de manera serial. En las horas previas a la votación, las defecciones del espacio político siguieron creciendo. Desde el ex gobernador Maurice Closs (ex K y candidato a ministro de Scioli) -que arrastró consigo a los misioneros Jorge Franco y Silvia Risko-, hasta el “mudo” Ernesto “Tatu” Bernabey (no emitió palabra en todo 2015 como diputado), que había sonado alguna vez como candidato del kirchnerismo a gobernador en la provincia de Córdoba, y ahora formó su propio monobloque.
Pasando también por la sanjuanina Graciela Caselles y por la tucumana Miriam Gallardo, para completar la media docena. Sin embargo, los flamantes desertores bien podrían preguntarse: "¿Quiénes son más kirchneristas; los legisladores que votaron en contra, o los que acompañamos nuevamente un pago a los buitres?".

En ese aspecto, el discurso de Máximo Kirchner fue sincero con la historia. En su intervención cerca de las 7 de la mañana, el hijo de la ex presidenta dijo que “entendemos que gobernar es difícil” pero "vayan y negocien mejor". "Si son mejores que nosotros, háganlo, hay un pueblo que está esperando", fue el pedido de Máximo al Ejecutivo. Kicillof, entre las críticas al acuerdo, cometió su propio sincericidio, al asegurar que “arreglar rápido es fácil. El tema es arreglar con dignidad”. Por más alaridos contra los buitres que dé el ex ministro de Economía, no se puede olvidar que fue el garante de los pagos al club de París, el Ciadi y la millonaria indemnización a Repsol. Es decir; si hoy hay holdouts es porque Kicillof, entre otros, se encargó de que haya holdins.

El conjunto del arco político burgués acompañó la decisión de profundizar el acuerdo con el gran capital imperialista. Algo que no sorprende. Diego Bossio podrá hoy ocupar el lugar de “traidor” para el FpV, pero fue funcionario de alto rango bajo el gobierno de los pagadores seriales. Por eso, no faltaba a la verdad cuando en su discurso en la Cámara Baja aseguraba que su bloque “pretende hacer un aporte" y "ser coherentes" con lo que expresaron "desde el primer día y ser coherentes con la historia de la Argentina".

Así las cosas, este martes solo fueron 74 los votos que tuvo el kirchnerismo, aunque formalmente su bloque cuenta con 80 legisladores. Esa crisis se volverá a evidenciar y profundizar en el Senado de la Nación el próximo 30 de marzo, si efectivamente se confirma como la fecha en la que se llevará a cabo la sesión. Ya es una suerte de “voto cantado” el hecho de que los senadores –con teléfono directo con los gobernadores- darán su apoyo a una normativa que puede habilitar el endeudamiento con las provincias.

Esto pone en evidencia que la principal fuerza centrípeta que unió el “proyecto” fueron las finanzas del Estado nacional, que actuaban como mecanismos de disciplinamiento y contención. Esa es la base sobre la que hoy actúa Macri para dividir a su oposición y cooptarla para sus posiciones. Su extorsión tuvo un aliado en los gobernadores que, basados en las urgencias fiscales, apoyan la política de “volver a los mercados” como mecanismo de endeudamiento. Qué tan categórico es el triunfo del PRO, es algo todavía difícil de cuantificar: falta media sanción, en una Cámara donde el peso del FpV es decisivo, y el reloj de Griesa aprieta con sus plazos. Aunque el paso por Diputados dejó buenos augurios, para los buitres y para Cambiemos.







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