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Red Internacional

En un país con mayor desocupación y precarización laboral, distintos referentes de ese espacio plantean propuestas de este tipo. El Frente de Izquierda también lo hace. Analizamos a continuación ambas perspectivas.

Jueves 29 de julio | 22:42

En Argentina la desocupación es del 10,2 %, hay dos millones de desocupados, y hay 4,6 millones de trabajadores no registrados. En el país también hay sectores que trabajan menos horas de lo que quisieran sin poder llegar a fin de mes, o están quienes trabajan más de ocho horas agotados en jornadas extensas. En este contexto crítico se vuelve a poner en discusión la reducción de la jornada laboral.

Sergio Palazzo, el secretario general de La Bancaria y precandidato a diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires, declaró durante una entrevista con Futurock que “Argentina viene con un derrotero largo de empleo informal que hay que abordarlo. Es un tema a tratar como también es importante dar la discusión en el parlamento sobre la reducción de la jornada de trabajo”. En ese marco destacó los proyectos presentados por sectores del oficialismo en el Congreso.

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La reducción de la jornada laboral es un debate necesario que también se da en otros países del mundo, como el reciente experimento que realizó Islandia.

¿Cuáles son los proyectos que presentaron sectores del oficialismo?

El diputado nacional por el Frente de Todos y secretario de la CTA, Hugo Yasky, presentó en 2020 un proyecto de ley en el Congreso para disminuir la jornada laboral de 48 horas a 40 semanales sin disminución del salario.

La propuesta plantea que "la duración del trabajo no podrá exceder de ocho horas diarias o cuarenta horas semanales para toda persona ocupada por cuenta ajena en explotaciones públicas o privadas, aunque no persigan fines de lucro".

En el Congreso se encuentra otro proyecto de Claudia Ormaechea, diputada nacional y secretaria de Derechos Humanos, Género e Igualdad de la Bancaria. Su iniciativa propone reducir la jornada a seis horas diarias o treinta y seis semanales en el ámbito público y privado sin disminución del salario que los trabajadores y trabajadoras estén percibiendo en el momento en que se reduzca la duración del trabajo.

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Las propuestas de los sectores afines al Gobierno solo plantean la reducción de la jornada laboral. La medida, progresiva si no implica un ataque al salario, no apunta sin embargo a resolver que trabajemos todos.. Es decir, no se propone terminar con la desocupación de manera completa. Por el contrario, la propuesta de la izquierda de la reducción de la jornada de trabajo mediante el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, que además plantea que sea con un salario que como mínimo cubra la canasta familiar, apunta a que nadie se quede sin empleo. Es decir, a que trabajan todos y todas. Pero además que lo hagamos con todos los derechos, buscando enfrentar además la precarización laboral y la tercerización. Además, si bien se plantea que no haya reducción salarial no se garantiza que se perciba un salario mínimo equivalente a la canasta familiar.

¿Cómo se puede garantizar la reducción de la jornada laboral?

Ante las declaraciones de Palazzo, no tardó en cuestionar la propuesta Daniel Funes de Rioja, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL).

El empresario afirmó que “la cuestión de tres turnos de ocho horas en trabajo continuo o cuatro turnos de seis horas tiene que ver con la organización de la producción y del trabajo y ésta es una facultad empresarial según la propia Ley de Contrato de Trabajo que se ajusta o adecua – en todo caso - en los contratos individuales o colectivos”. Según Funes de Rioja, “lo que Argentina necesita es más empleo, más producción, más productividad y empleabilidad” y “esto no se resuelve repartiendo el trabajo formal que hoy existe”.

Los empresarios seguramente, como expresa Funes de Rioja, se opondrán al proyecto y dirán que no es posible. No podía ser de otra manera. Cualquier medida que cuestione -aunque sea parcialmente- su potestad para imponer ritmos de trabajo más extensos y agotadores implica poner en discusión sus intereses y sus ganancias.

La respuesta de las patronales abre una primera discusión en relación a propuestas como las de Palazzo, Yasky u Ormaechea. ¿Estos dirigentes están dispuestos y dispuestas a llamar a pelear por su programa? ¿Se proponen que la medida pueda hacerse efectiva, que tiene que vencer la resistencia de los grandes empresarios? ¿O solo presentan proyectos con el único objetivo de sacarlos a relucir durante la campaña electoral? ¿Se puede plantear que se está por la reducción de la jornada sin reducción salarial mientras se aceptan los ajustes que viene aplicando el Gobierno como parte de su plan de acuerdos con el FMI?

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Lograr la efectiva reducción de la jornada laboral implicará una lucha organizada por parte de la clase trabajadora, así como un control de los trabajadores en los lugares de trabajo para evitar las maniobras que probablemente hagan las patronales. ¿Los dirigentes sindicales estarán a la cabeza de esta lucha?

Hasta el momento nada indica eso. Primero, por su rol casi completamente cómplice en el ajuste durante los años del macrismo. Un rol que siguen garantizando en esos casi dos años de gobierno del Frente de Todos. Eso ha significado no pelear por recuperar el poder de compra de los salarios que se perdió en estos años. O para enfrentar los despidos -que crecieron a pesar de la prohibición formal- o la precarización laboral que avanzó en este tiempo de pandemia y crisis social. Por ahora, nada indica que estén dispuestos a pelear por conquistar la reducción de la jornada laboral que históricamente se logró con lucha.

Como planteó Marx hace ya muchos años, “la fijación de la jornada laboral normal es, por consiguiente, el producto de una guerra civil prolongada y más o menos encubierta entre la clase capitalista y la clase obrera” (Karl Marx, El Capital, p. 361).

¿Reducir la jornada laboral mientras se avala la precarización laboral?

El Gobierno nacional repite un discurso contra la grandes patronales. Al mismo tiempo, habla de la necesidad de empezar a transitar el camino de la pospandemia y anuncia que vendrá una mejor situación económica y social si se apoya a los candidatos del Frente de Todos.

Como ya se dijo, los proyectos para reducir la jornada laboral van a chocar con la resistencia de las grandes patronales. Si el Gobierno impulsara este proyecto ¿la enfrentaría? ¿establecería la apertura de los libros contables para comprobar si pueden o no reducir la jornada laboral sin reducir salarios? ¿Nacionalizaría aquellas empresas que pudiendo hacerlo se negaran en función de mantener su nivel de ganancias?

En este caso también todo indica que no. Desde que asumieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner quedó a la vista que no están dispuestos a afectar los intereses de las grandes patronales. Hay que recordar la fallida expropiación de Vicentin. O el tibio aporte solidario a las grandes fortunas que excluyó a los bancos y a las grandes empresas. O los beneficios extraordinarios con leyes a medida para los laboratorios que lucran con la salud. En más de un año de crisis social a raíz de pandemia, las grandes patronales del campo siguieron ganando mientras la pobreza no paraba de aumentar.

Además, ¿por qué el Gobierno estaría dispuesto en avanzar con esta propuesta cuando avala la precarización laboral? ¿O no es esto lo que sucede con trabajadores como los tercerizados del ferrocarril Roca y de muchos otros sectores?. O con los trabajadores públicos, que son contratados como monotributistas o tienen contratos precarios.

En el mismo Estado gobernado por el Frente de Todos, la jornada laboral se hace más larga, no más reducida. Hace poco se conoció la propuesta del Gobierno de Axel Kicillof para los empleados públicos bonaerenses, para pasar de un régimen de 30 horas a uno de 40 horas. Es decir, les extiende la jornada laboral.

Esto no tiene nada de nuevo. Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015), a pesar del crecimiento económico, se preservó la precariedad de la fuerza de trabajo y se expandió sobre los nuevos sectores que recuperaron el empleo. Actualmente, tras la destrucción del empleo registrado lo que se recupera es el empleo precario. Hubo un aumento del cuentapropismo, como signo de la creciente precarización del mercado laboral, y en detrimento del empleo formal. Lejos de establecer una jornada laboral reducida, como propone un sector del oficialismo, con el Gobierno empeoraron las condicionales laborales y aumentó la precarización laboral.

Los proyectos presentados expresan la voz de un sector dentro del oficialismo, algo que solo queda plasmado en una propuesta a debatir en el Congreso. Mientras tanto el Gobierno avanzó con un fuerte ajuste que profundizó el deterioro del poder de compra y empeoró las condiciones de vida de las mayorías populares.

Estos proyectos se podrían comparar con las declaraciones que realizan algunos sectores de la coalición oficial contra el FMI o que solicitan la suspensión de pagos de la deuda. Se trata de discursos hechos por izquierda que tienen por finalidad avalar las políticas de ajuste que se hacen desde el mismo Poder Ejecutivo, con aval de las votaciones en el Congreso.

No alcanza con una declaración de buenas intenciones o con proyectos que no pasarán de ser una estrategia publicitaria electoral. En el rumbo general del Gobierno, se viene demostrando que beneficia a una minoría mientras los trabajadores y los sectores populares tratan de sobrevivir en medio de una crisis aguda.

¿Cuál es la propuesta del PTS en el Frente de Izquierda Unidad?

Nicolás del Caño y Myriam Bregman, del PTS en el Frente de Izquierda, proponen trabajar 6 horas diarias con cinco días laborales a la semana, es decir treinta horas semanales, sin reducción salarial y con un salario mínimo igual a la canasta familiar. Como señalamos antes, la propuesta apunta a que nadie se quede sin empleo. Es para que trabajemos todos. Pero además para que lo hagamos con todos los derechos, por eso también planteamos el fin de la tercerización laboral, con el pase a planta permanente de esos trabajadores y trabajadoras.

Que la reducción de la jornada vaya acompañada de un reparto de las horas de trabajo para trabajar menos y trabajar todos, con un salario acorde a la canasta familiar, implica afectar la ganancia empresaria para asegurar el empleo.

En la actualidad, con el desarrollo de la tecnología, se podría disminuir progresivamente la jornada de trabajo, y que las mayorías puedan utilizar el tiempo libre para la cultura, el arte o la ciencia. Pero para ello hay que discutir quién dirige la producción y en función de qué objetivos. En manos de los empresarios -cuyo fin es aumentar sus ganancias a costa de la explotación del trabajo asalariado- el rol es otro. Para conocer más sobre la propuesta, se recomienda leer el dossier especial ¿Por qué reducir la jornada laboral a 6 horas?.

Esta es la propuesta que la izquierda levanta en esta campaña electoral, y es parte de la pelea por organizar a los distintos sectores en lucha. Es una importante consigna de agitación del Frente de Izquierda Unidad para enfrentar la precarización laboral y la desocupación.

Esta pelea implica también darse el objetivo de que la izquierda emerja como una potente tercera fuerza nacional, para el descontento que hoy existe hacia el oficialismo del Frente de Todos no sea canalizado por la demagogia de la derecha. Para eso hacen falta todos los esfuerzos por lograr una gran elección. Conquistar esto permitiría fortalecer la pelea por un programa como el que hemos señalado.




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