Cultura

Poesías bajo tierra

"Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito." (*) En ese mismo absurdo en el que vivo mis horas de trabajo, se encuentra lo sublime... las mil formas de creer ver el arte o las millones de formas más de vomitar las penas. ¿Qué importa encontrarle una definición? ¡Si lo que se quiere transmitir se hace con el alma, el sudor, y la sangre de un trabajador!

Viernes 19 de agosto de 2016 | Edición del día

Fotografía: Yessica Corti

La Luna y yo

La Luna se adueña de mis fantasías
Por el sólo hecho de servirle a la humanidad
Agazapado en esta triste oscuridad
Conspirando, esperando el momento justo para golpear.

La Luna se ríe de mis penas, de mis lamentos, de mi condena
Escondido en la penumbra, me inquieta su soberbia
Si manera tenebrosa de quererme contemplar
Y arrebatarme la ilusión de mi eterna sobriedad.

No es hostil como parece, sólo por no dejarme ver el sol
Adivine sus sentimientos, sus miedos a perderme
Se dio cuenta que no quiero vivir al revés
Y se aterra a cada instante por no saber entretenerme.

Me quiere prisionero de este mundo absurdo
Cúspide del individualismo fatal
donde florecen las penas del hombre leal
Que quiebra toda esencia de libertad.

Poco a poco en mi afán de quererla persuadir
Logro hacerla entender que hay un mundo que me espera
Que me prefiere en cada rincón de sus sufrimientos
Tan real como vulgar, pero es ahí donde pertenezco.

(*) extraído de Rayuela de Julio Cortazar







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