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LA PLATA

Polémica en la UNLP: ¿la Policía nos puede cuidar?

En la universidad el “progresismo” intenta edulcorar el accionar de la policía y las fuerzas armadas, tratando de mostrar que frente a la crisis que atravesamos con el coronavirus, estas instituciones pueden “cuidarnos”. Nosotrxs nos preguntamos: ¿puede una institución históricamente reaccionaria cuidarnos?

Valentina Busi

Estudiante de sociología /UNLP

Miércoles 1ro de abril de 2020 | 17:55

La pandemia del Coronavirus es un antes y un después en la vida de millones. Un tercio de la población mundial está hoy en confinamiento obligatorio, y más de un analista opina que vamos hacia una crisis económica similar o superior a la del 30’. En ese contexto, el Estado Argentino viene realizando un enorme despliegue de las fuerzas de seguridad, para “garantizar” la cuarentena. Si bien la cuarentena es necesaria, si no está acompañada de una batería de políticas públicas y sanitarias básicas como test masivos, carece de efectividad.

Si la única forma de evitar el contagio es el aislamiento, el “enemigo" en esta "guerra" es "el pelotudo que no cumple la cuarentena”, así se responsabiliza a la población. La realidad es que millones cumplen la cuarentena, y no pueden hacerlo quienes son despedidos si faltan a trabajar, o quienes no tienen casa donde quedarse. Eso no es responsabilidad de la población, es del estado.

La respuesta lógica desde esta perspectiva, defendida desde los gobiernos, y bombardeada por todos los medios de comunicación masiva, es que entonces hay que reforzar la seguridad para frenar a quienes rompan la cuarentena. Frente a las tareas que comienzan a tomar las fuerzas de seguridad, diferentes sectores tanto de la derecha tradicional hasta el progresismo han apoyado esta política del gobierno.

Página 12, por ejemplo, recientemente sacó una nota titulada “Elogio a la policía del cuidado”, donde plantea que se puede cambiar el rol tradicional de estas fuerzas, sin decir una palabra sobre las brutalidades que la policía cometió en todo el país en menos de 15 días. Llegan al punto de elogiarlas y comparar su labor con el de lxs miles de trabajadorxs de la salud que son quienes realmente se enfrentan a la crisis sanitaria.

El ejemplo que nos convocó para escribir esta nota: en la Facultad de Humanidades, la corriente estudiantil AULE de Patria Grande, publicó en Instagram "SI AL CUIDADO, NO AL ABUSO POLICIAL". Esto niega la sistematicidad de la violencia institucional, quita responsabilidad a la institución y al gobierno, y parece que en realidad lo que hay son sujetos “malos” y violentos, infiltrados en las fuerzas de seguridad, que se pasan de vivos, quien sabe por qué.

Lo que alguna vez fue conocido como “izquierda popular “, hace años se viene integrando al Estado, ocupando cargos, formando parte de sus armados electorales, y apoyando medidas antipopulares como que salgan las diferentes policías a las calles. Un giro ideológico que las aleja cada vez más de cualquier teoría más o menos de izquierda que sabe que la policía por más que se vista de seda, yuta queda. Dicen estas corrientes que se puede “transformar” la institución, desde adentro... veamos.

¡No son abusos, es la institución!

El gobierno decide sacar a la policía para garantizar el cumplimiento de la cuarentena, pero en nombre del “orden” lo que se hace es envalentonar a una institución que históricamente ha reprimido a los sectores populares. Hoy se dedican a perseguir a lxs que salen a laburar o a lxs que salen a hacer compras.
Cuando la excepción es la regla, quizás haya que pensar para qué están entrenadas las fuerzas de seguridad. No alcanzan los párrafos para contar todos los ejemplos, por eso La Izquierda Diario publica todos los días las decenas de denuncias que llegan.

  •  La Matanza, Quilmes y San Martín la Bonaerense tiene tanta impunidadque se filma atemorizando a los pibes del conurbano.
  •  En Bahía Blanca hay 3 soldados del Batallón del Ejército detenidos acusados de violar a una piba de 17 años.
  •  En Villa Crespo la policía de la ciudad se llevó a un pibe que estaba laburando para Rappi.
  •  En Chivilcoy por ser pobre nada más te lleva la bonaerense.
  •  En Florencio Varela,Fernando Cruz apareció muerto, estaba desaparecido luego de ser detenido por policías
  •  En Tucumán la policía dispara a un motociclista “para que se respete la cuarentena”.
  •  En la provincia ya hay más de 1300 detenidos, y a aquellos que “incumplan” la cuarentena, sin hacer ninguno de los procedimientos legales que corresponden, se los obliga a hacer trabajo forzado no remunerados en hospitales
  •  En Mendoza una maestra y su hijo fueron golpeados y detenidos en un supermercado.

    No paran de llegar los videos de las fuerzas humillando a los sectores más precarizados, mientras que, a los ricos, llamados por los medios como “los boludos”, son escoltados cordialmente hasta sus casas cuando no cumplen con la cuarentena. Cuando el presidente, la figura de poder más importante, dice que “lo que no se entienda por la razón se entenderá por la fuerza”, la legitimación además cobra otro sentido.

    No queremos discutir acá la efectividad de las medidas de seguridad para combatir una pandemia, debate necesario desde ya, que planteamos en otras notas, sino los efectos que genera en la sociedad una política de este tipo y sus consecuencias que tiene a largo plazo.

    Remplazar la responsabilidad estatal para enfrentar la crisis por la responsabilidad individual de respetar la cuarentena, en aras de reforzar una política represiva, re-legitimando a las fuerzas armadas, es, como decía Myriam Bregman, abrir una caja de Pandora muy peligrosa. Hoy el argumento para sacar a las FFAA es la pandemia, pero si la crisis económica que ya está en curso se profundiza, como indican todos los analistas, con cientos de miles de despidos y gente en las calles exigiendo sus derechos básicos, ¿qué rol creen que van a jugar estas fuerzas? ¿hay acaso algún ejemplo en los últimos 100 años de sectores de la policía que rompen con sus cúpulas para oponerse a la represión?

    Más bien, los últimos años muestran una tendencia opuesta. Las fuerzas de los últimos gobiernos “democráticos” se caracterizaron por centralizar las redes de trata, de narcotráfico, profundizar el gatillo fácil y profesionalizarse en la represión.

    Nos estremece que las coaliciones políticas que hablan de la “democratización" de estas fuerzas tienen una enorme cantidad de pibxs asesinados en su historial. La bonaerense durante el Kirchnerismo desapareció a Julio López y a Luciano Arruga. Esa misma fuerza junto con la Federal fueron cómplices del asesinato de Mariano Ferreyra en 2010 en anos de una patota de la UF, y fue con Felipe Sola (hoy parte del gobierno) como gobernador de la provincia que se asesinó a Maxi y Darío en el 2002. Imposible olvidar el accionar de la gendarmería en complicidad con el Estado cuando desapareció y asesinó a Santiago Maldonado, mientras la prefectura asesinaba a Rafael Nahuel.

    Pero lo que nos obliga a repudiar cualquier fortalecimiento de las fuerzas de seguridad es que cuando los intereses de la clase dominante se ponen en riesgo para los laburantes hay palos y balas. Así pasó por ejemplo en la fábrica Lear en el gobierno de Cristina, cuando el democrático Berni envió a gendarmería, el mismo que hoy hace las arengas para la policía que “nos cuida”, o en las jornadas de diciembre de 2017 con el Macrismo, cuando miles nos manifestamos contra la reforma previsional.

    Y estas fuerzas no solo actúan bajo orden del gobierno. Son las mismas que impulsan los golpes de Estado, incluso en los países donde se intentó "democratizar" a las fuerzas armadas. Con el objetivo de reeducar a esta institución y alejarla de los valores yankees, en 2016, Evo Morales inauguraba en Bolivia la primera Escuela Antiimperialista de las FFAA. El ex presidente decía: "Antes había una gran escuela, la Escuela de las Américas, pero también nosotros tenemos otra escuela, no del imperio, sino del pueblo, una escuela ideológica, programática para revisar la historia (de) cómo los pueblos de América Latina y el mundo han sido sometidos".

    Todxs conocemos el terrible final de este intento. El golpe de estado en dicho país, perpetrado por la derecha racista y el imperialismo, fue escudado por el ejército "reeducado". No hay que olvidar nunca el rol de clase que juega esta institución.
    La historia está para probar que no se puede reformar a las fuerzas armadas. Hay que ser muy ingenuo para sorprenderse cuando las instituciones creadas para defender los intereses de la clase dominante durante las grandes crisis se vuelven abiertamente contra el pueblo trabajador y los sectores populares, llegando a los ejemplos más terribles, como puede ser el de Bolivia, o en nuestro país, el de la dictadura genocida del 76’.

    Porque, al igual que el estado, estas fuerzas tienen un profundo carácter de clase en sus bases. Son el brazo armado de un estado que no es neutral, sino capitalista, y que por ende va a defender esos intereses, y no otros.

    Estos debates son indispensables, no solo por el papel que están jugando hoy las fuerzas de seguridad, sino por el que van a jugar si esta crisis se profundiza.

    Recomendamos la nota de Juan Dal maso del semanario de Ideas de Izquierda, que vinculado a esto reflexionaba cómo los análisis “triunfalistas” del progresismo sobre que “ahora los liberales piden más Estado” no notan que desde la vereda opuesta se podría decir que ahora los “populistas” piden más policía. Dice Juan “un pedido mucho más apasionado en comparación y que engloba el deseo de orden de unos y otros y que posiblemente prepare nuevas capitulaciones para los “anti-neoliberales”".







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