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Priya y el camino incómodo de evitar los estereotipos

En medio de la reproducción incesante de imágenes femeninas estereotipadas, como objetos de placer, de violencia o blanco de misoginia y sexismo, llaman la atención producciones culturales que muestran imágenes opuestas a las imposiciones, los sentidos comunes y los prejuicios.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 19 de diciembre de 2014 | Edición del día

Imagen: protagonistas de los cómics Dora, Persépolis y Priya

Recientemente fue anunciada la publicación del cómic Priya, de Ram Devineni, un realizador de cine indio residente en Nueva York, sobre la sobreviviente de una violación que se transforma en luchadora contra la violencia hacia las mujeres.

La premisa primera del cómic choca con el estereotipo de la víctima, una de las imágenes más repetidas en los medios de comunicación, que reducen a las mujeres a la sola situación de violencia, abuso o violación, dejando de lado su vida, sus sufrimientos, y también sus luchas. Las mujeres que enfrentan cotidianamente la violencia en sus formas más o menos explícitas, que se organizan, denuncian y se movilizan están ausentes, o son una minoría casi excepcional.

Priya es todo lo contrario, es una super heroína, combate, responde y lucha para frenar la violencia machista. Su historia habla de la tragedia de las violaciones en La India, que provocaron movilizaciones masivas en 2012, cuando Jyoti Singh Pandey de 23 años fue violada por varios hombres dentro de un colectivo y murió luego de agonizar tres días por las heridas sufridas en Nueva Delhi.

Su creador, Ram Devineni, cuenta que la idea surgió a raíz de ese caso, especialmente después de hablar sobre el tema con un policía. “Le pregunté qué pensaba que había ocurrido en el colectivo”, y según cuenta el historietista el policía le respondió: “‘Ninguna buena chica vuelve sola a su casa de noche’, lo que implica que se lo merecía o lo había provocado. Inmediatamente me di cuenta de que la violencia sexual en India no era un tema legal sino un problema cultural”.

La historia de Priya podría ser la de una chica común de La India, con los aditamentos de fantasía necesarios para una historia de super héroes. Luego de ser violada, Priya es despreciada por su familia, y se refugia en la selva donde conoce a Parvati, una diosa hindú, que le otorga el poder de no tener miedo, y otro muy particular: cambiar la forma de pensar de la gente.

Con sus nuevos poderes, Priya vuelve a su pueblo montada en un tigre con el que se ha enfrentado y ha domado, y comienza su lucha contra la violencia sexual. Entrevistado por NPR, Devineni cuenta que “no estaba copiando exactamente a Jyoti mientras creaba a Priya. Pero me inspiró el movimiento a su alrededor y sus objetivos. Fue la primera vez que vi a toda la gente en India unirse para combatir la violencia sexual y [por] la igualdad de las mujeres”. Y cuando le preguntaron sobre el objetivo del cómic contó que uno de ellos era “desafiar las visión patriarcal y ayudar a crear un cambio cultural”.

Priya no es una rareza absoluta en las novelas gráficas. La iraní Marjane Satrapi publicó entre 2000 y 2003 cuatro tomos de Persépolis, un historia autobiográfica de su infancia, que comienza con la revolución iraní de 1979. A lo largo de Persépolis, vemos diferentes capítulos de la vida de Marjane, marcada por el profundo cambio que significó la caída del Sha, el posterior régimen islámico, las persecuciones a la izquierda y los sectores críticos, y sus vivencias propias. El personaje de Marjane representa varias de las contradicciones que significaron para Satrapi crecer en Irán, las pequeñas rebeldías y los prejuicios por pertenecer a una familia laica. Pero también recorre los prejuicios que enfrentan las mujeres árabes en Europa, entre la discriminación y los estereotipos.

Otra novela gráfica actual que elige el camino incómodo de evitar los estereotipos es Dora (2011-2013), del argentino Ignacio Minaverry, con su magnífica protagonista homónima, ambientada entre Berlín, Buenos Aires y París entre las décadas de 1950 y 1960. En el cómic, además de la cacería de nazis en la que se embarca Dora mientras trabaja en un archivo de Berlín, se recorren sus “aventuras” cotidianas. Las primeras experiencias “clandestinas”, copiando y robando archivos, el viaje a la Argentina marcada por la división entre peronismo y antiperonismo, y el regreso a una Europa convulsionada, donde las experiencias y los descubrimientos de su sexualidad se dan en medio de las agitaciones políticas del Frente de Liberación Nacional argelino y las banlieues.

En la vida real no existen diosas ni mantras mágicos, pero sí existen muchas mujeres que no aceptan el destino que les depara la sociedad patriarcal y las democracias capitalistas. Para ello cuentan con un superpoder que las hacen invencibles: la organización.







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