AGRONEGOCIO

Pura soja: Alberto Fernández con Syngenta en el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas

La conmemoración de dos fechas emblemáticas contra los agrotóxicos encontró al presidente del lado de quienes los producen. Se fumigan 500 millones de litros al año en Argentina.

Valeria Foglia

@valeriafgl | Editora de Ecología y ambiente

Jueves 3 de diciembre de 2020 | 19:06

Foto: Presidencia.

Syngenta, la multinacional de biotecnología agrícola, no reparó en gastos para celebrar sus dos décadas. El presidente Alberto Fernández viajó especialmente a la planta de procesamiento de semillas en Venado Tuerto, Santa Fe, y la usó de escenario para hablar de “la Argentina del futuro” y la construcción de una “nueva normalidad” que, tras la pandemia, “deje atrás la desigualdad”. La fecha es más que significativa: el 3 de diciembre es el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas y Día Nacional de la Producción Orgánica. Fernández lo conmemora junto a la corporación que fabrica y vende herbicidas, fungicidas e insecticidas. No hay metáfora aquí.

Durante el evento Syngenta y Sinograin Oils Corporation (ente estatal chino) anunciaron un convenio para la exportación a China de 1.2 millones de toneladas de soja argentina y uruguaya por un monto superior a quinientos millones de dólares. En lo que es su lanzamiento como exportadora de granos, Syngenta invertirá 25 millones de dólares hasta 2022 para la modernización de sus dos plantas de procesamiento de semillas y centros de investigación y desarrollo.

En un comunicado, la compañía aseguró que el acuerdo con Sinograin Oils Corporation “permite exportar directamente al mercado chino el grano obtenido o sus productos derivados y fomenta la cooperación de toda la cadena agroindustrial en beneficio de los productores y de la Argentina”.

Además de Fernández estuvieron presentes el gobernador Omar Perotti (en forma virtual), el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca Luis Basterra y el CEO y presidente de Syngenta para el cono sur, Antonio Aracre. El primer mandatario llamó a "pensar en la Argentina del futuro", donde "la investigación, la ciencia y la tecnología se apliquen a la agricultura”. En su discurso estuvieron ajenas las referencias a las condiciones en que se da la expansión del monocultivo de soja, que se abre paso sobre tierra arrasada por desmontes y que implica fumigaciones con cerca de quinientos millones de litros de agrotóxicos al año, según declaraciones de Eduardo Cerdá, fundador de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología.

Ante la vista de Fernández, Aracre aseguró que la agroindustria “es el principal motor para terminar con la pobreza y recuperar la senda del crecimiento de manera sustentable”. Sabiéndose parte del sector que más capacidad tiene para atraer dólares, el directivo expresó que la suya es “la única actividad económica que combina ciencias del conocimiento, producción eficiente de granos y alimentos, agregado de valor industrial y generación de divisas”.

Foto: Presidencia.
Foto: Presidencia.

Todos tóxicos

Syngenta, fundada en el 2000 tras la fusión de Astra y Zeneca, es una corporación líder en el rubro de los transgénicos y agroquímicos: emplea a cerca de cincuenta mil personas en más de cien países. Tiene sede en Suiza y desde 2017 fue adquirida por la China National Chemical Corp.

En nuestro país emplea a mil trabajadores de manera directa y destronó a Bayer Monsanto en 2016. Su presidente para esta región del hemisferio, el contador Aracre, es dado a los debates con ambientalistas y gusta cultivar una pose “progresista”, la que lo hizo avalar enseguida el “aporte extraordinario” y hasta formar parte de la "Mesa contra el Hambre" que impulsó el Gobierno nacional. Sin embargo, el modelo que promueven riega los campos del país con millones de litros de herbicidas como la atrazina, el paraquat, glufosinato de amonio y el tristemente célebre glifosato, prohibidos en otras latitudes a causa de su potencial cancerígeno.

Junto a Basf, Bayer Monsanto, FMC y Corteva, Syngenta forma parte de las cinco grandes multinacionales productoras de agrotóxicos que generan un 35 % de sus ganancias a partir de la venta de pesticidas calificados como “altamente peligrosos” para poblaciones, animales y ecosistemas, según publicó en febrero pasado Unearthed, proyecto periodístico promovido por Greenpeace.

Más allá de los discursos de sustentabilidad, el daño ambiental y sanitario a los pueblos fumigados es incalculable. Para muestra basta un botón: en la mañana del jueves aparecieron miles de peces muertos en la playa de Santo Tomé, en la misma provincia visitada por el presidente. “Presunta contaminación con agrotóxicos y otros químicos”, escribió en Twitter el periodista especializado Patricio Eleisegui.

El escenario se pone aún peor si se considera que Santa Fe atravesó una grave crisis de incendios en el delta del Paraná, con la consiguiennte destrucción de ecosistemas durante gran parte del año. Al reclamo por una ley de humedales, expresado en cortes, acampes y movilizaciones, se le contestó con nuevas trabas al tratamiento del proyecto para proteger, conservar y restaurar estos territorios. Eran cinco las comisiones de Diputados que debían emitir dictamen para su tratamiento antes del fin del período ordinario, pero solo una lo hizo.

A propósito del Día Nacional de la Producción Orgánica, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca destacó el avance del sector, con cuatro millones de hectáreas sin agroquímicos ni organismos genéticamente modificados. La creación del Departamento de Agroecología, dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, había despertado genuina alegría en quienes son conscientes del perjuicio a la salud del ambiente, la población y la biodiversidad que generan las prácticas destructivas del agronegocio. Sin embargo, en el balance general del año que está por terminar, con la aprobación del trigo transgénico HB4, los beneficios y estímulos a la agroindustria, aquel anuncio se ve como una gota en un océano de agrotóxicos.

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