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Red Internacional

No es algo nuevo que niños y niñas participen activamente de procesos importantes en la sociedad. Pero si las infancias son parte fundamental para nuestro futuro, ¿por qué muchas de sus voces son ignoradas o son utilizadas por los adultos para su propio beneficio? En esta nota desarrollamos qué es el adultocentrismo.

Nancy MéndezLic. en Trabajo Social UBA | Redacción Zona Norte Gran Buenos @NancyMariele

Valentina RodríguezTrabajadora precarizada

Martes 20 de abril | 16:14

El nacimiento de la infancia como categoría social

Partimos de comprender que lo que hoy designamos y nominamos “infancia” no representa lo mismo, ni es vivido de la misma manera en todos los grupos sociales. La niñez y la infancia, son categorías que se fueron construyendo de manera política, social, cultural y educativamente en nuestra sociedad. De hecho, se habla de UNA infancia o UNA niñez, como categorías hegemónicas, siendo que existen múltiples formas de transitar esta etapa de la vida, que como señalamos, no es igual para todes.

El historiador Philippe Ariés distingue la categoría “ infancia” como producto occidental de la modernidad fuertemente vinculado a la construcción de la tradicional familia burguesa y demás estructuras de la sociedad industrial patriarcal.

En la Edad Media, las niñeces, carecían de un estatuto propio y eran consideradas adultos en miniatura. Luego en el siglo XVII las nociones de inocencia y vulnerabilidad justificaría su formación moral y las prácticas de “mimar”, como forma diferenciada de tratar a les niñes.

Ya en el siglo XVIII se da origen en Europa a la “niñez” como categoría formal y socialmente se constituyen los niños y niñas en los destinatarios de educación, asistencia y cuidados. Esto significó el comienzo de un proceso histórico sobre la institucionalización de las infancias.

“Ya vas a entender cuando seas grande”

Que les niñes participan de manera activa de procesos en defensa de sus derechos es un hecho que ocurre a través de la historia y según el contexto. Esto no significa que “queman etapas”, que “eso no es para ellos”, “que son chicos para saber lo que quieren” y un sin fin de frases poco felices que muchas veces se hacen eco en los medios de comunicación o que yéndose de una punta a la otra, de repente son expertos en “lo que los chicos necesitan”, como hemos visto esta semana, en muchos “cacerolazos” donde algunos niños dieron su testimonio en el medio de las manifestaciones, sacados con “tirabuzón”.

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El adultocentrismo es eso, es una situación de desigualdad de poder por edad que está instalada en la sociedad, otra de las múltiples formas que tiene el capitalismo de dividir por relaciones asimétricas. Así, tener más edad en nuestra sociedad, equivale a tener mayor jerarquía. Aunque esto es paradójico para con la existencia de la gerontofobia (temor excesivo, irracional y persistente hacia los adultos mayores y/o a envejecer) , que es otra cara de la moneda. La "verdad sobre la vida" y la legitimidad social pareciera ser sólo para la edad productiva, ni para cuando somos pequeños ni para cuando envejecemos.

La consecuencia de esto es clara: niños, niñas y adolescentes tienen menor poder y menos posibilidades. El adulto es visto como el modelo de persona que tiene la edad necesaria, el ideal superior, mientras que la adolescencia es minimizada como una etapa de crisis y de transformación.

Marcha del 8 de marzo de 2020 en la plaza congreso de Argentina

Vinimos a jugar pero también a luchar

Una mirada adultocentrista no permite darle voz a quienes tienen mucho para decirnos, son sujetos activos que observan, escuchan, y lamentablemente son atravesados por grandes problemas sociales. Les pibes pasan frío, calor, hambre, situaciones de violencia, etc. ¿Qué nos hace pensar que frente a la realidad que les toca vivir, no tienen nada que expresar o que aportar?

En Guernica, los niños y niñas fueron parte de construir “La escuelita” frente a la demanda de poder tener un espacio para jugar y estudiar. En Madygraf, “los pequeños y pequeñas de pie” son parte de una juegoteca desde donde realizan distintas actividades.

Muchas chicas y chicos fueron parte de masivas movilizaciones de la marea verde acompañando a sus familiares pero también siendo parte del reclamo por la implementación de la ley de Educación Sexual Integral en todos los niveles, herramienta fundamental para ellos: Según el Ministerio Público Tutelar de CABA, en 2019 el 80% de los casos de abuso sexual infantil se denunciaron a partir de clases de ESI. También hay niñeces trans que luchan por su derecho a la identidad. A nivel internacional, un ejemplo que recorrió el mundo es el de niños y niñas de Chile.

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El 20/9/2020 niños y niñas Mapuches se concentraron en la Plaza Teodoro Schmidt Chile. Para manifestarse por una "infancia mapuche libre"

Pero también es importante remarcar que muchas veces detrás del discurso adultocentrista hay una cuestión de clase social. León Trotsky, inicia su autobiografía con la siguiente frase:
“Se dice que la infancia es la época más feliz de una vida. ¿Siempre es así?. No. Son pocos los tienen una infancia feliz. Esta idealización de la niñez tiene su origen en la literatura tradicional de los privilegiados. Los que gozaron de una niñez con todo asegurado y además, sin tristezas, en las familias hereditariamente ricas y cultas, entre caricias y juegos, suelen guardar de aquellos tiempos el recuerdo de una pradera llena de sol que se abre al comienzo del camino de la vida”. Y es que, parte del adultocentrismo, tiene su origen en querer aplacar desde la primera etapa de la vida la voz de las grandes mayorías.

En el caso de las instituciones, desde hace décadas hasta la actualidad, también forma parte de culpabilizar a las familias de los sectores populares. El caso M fue un ejemplo claro de esto.

En nuestro país, la ley 26.061 promueve el interés superior de niñes y adolescentes y su derecho a ser oídes, pero en la discusión entre el papel y la realidad este derecho se vulnera sistemáticamente en muchas instituciones y medios de comunicación. Para que el recuerdo de tardes llenas de sol no sean para unos pocos, es necesario revisar no sólo el discurso adultocentrista y pelear contra esa lógica sino, alentar la escucha activa y procesos donde niños, niñas y adolescentes sean parte de la construcción de esas luchas.




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