Política

ARRANCA LA AFI

Quédese tranquilo, ahora la “ex” Side va a “cuidar a los argentinos”

Ayer se publicó en el Boletín Oficial y se puso formalmente en marcha la “nueva” Agencia Federal de Inteligencia. Tendrá más poder y sus direcciones se amplían a 8. Oscar Parrilli, su director con rango de Secretario de Estado, dijo que queda atrás “la vieja SIDE de la dictadura y de Stiuso”.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 8 de julio de 2015 | Edición del día

Ayer el Boletín Oficial publicó el Decreto 1311/2015, titulado “Apruébase la Nueva Doctrina de Inteligencia Nacional”. Con ese nombre se define al “cuerpo doctrinario tendiente a sentar las bases de un profundo proceso de reforma y modernización del Sistema de Inteligencia Nacional”.

Con estas formalidades el gobierno intenta dar una nueva señal de que “algo está cambiando” en el oscuro mundo de los servicios. Para dar a conocer la medida -los muchachos están acostumbrados a la poca publicidad de sus actos- el director de la Agencia Federal de Inteligencia dio una conferencia de prensa. Oscar Parrilli intentó darle épica a la medida. Sobre la central de espionaje que el kirchnerismo dirigió durante casi 12 años, el nuevo “señor 5” aseguró que en ese acto quedaba atrás "la vieja SIDE de la dictadura y de Stiuso que tantas críticas e inconvenientes generó a la democracia".

Los “inconvenientes” a los que se referiría son los incontables casos de espionaje e infiltración a las organizaciones populares y de izquierda, los "carpetazos" a opositores y las operaciones como las que estallaron con el crimen del fiscal Alberto Nisman. Ese fue el punto de partida de las cosméticas reformas iniciadas por el gobierno para salir de la crisis política desatada el 18 de enero.

La nueva Agencia había sido aprobada por la mayoría oficialista del Congreso en marzo, con tibias críticas opositoras. En ese momento, sólo la izquierda se había opuesto al nuevo organismo. Como denunció en ese momento Nicolás del Caño, "el proyecto del Gobierno es una estafa porque deja en pie todo el andamiaje del nefasto sistema de inteligencia que hay en la Argentina, y la Agencia Federal de Inteligencia se crea sobre la base de la casi totalidad del siniestro personal de la ex-SIDE y manteniendo secretos todos los archivos de la dictadura y del atentado a la AMIA. Está claro que la AFI va a suplantar a la actual Secretaría de Inteligencia en el manejo del entramado de los distintos aparatos de inteligencia, ¿cuántos Stiuso hay en la Secretaría de Inteligencia y van a pasar a la AFI?”.

Efectivamente, como había anticipado Del Caño, la inmensa mayoría de los 2000 espías formados durante las últimas décadas seguirán en funciones. Lo confirmó Parrilli ante los medios. La explicación no es el temor a desatar la resistencia de esos siniestros personajes, convertidos en “mano de obra desocupada”. La realidad es que el kirchnerismo ha alimentado y utilizado esos servicios durante 12 años. Los dotó de un presupuesto millonario y les encargó operaciones de todo tipo. El “juego propio” de los espías era parte de las reglas. Entre diablos no se pisan la cola.

La oposición tradicional, a pesar de la oportunidad que deja el escenario electoral, no dijo nada. El silencio confirma que hay una “cuestión de Estado” sobre la que los partidos tradicionales coinciden en poner un punto final: superar la crisis de los servicios de inteligencia desatada con la “Crisis Nisman”.

Cambios cosméticos

Luego de anunciar que con la aprobación de la Ley 27.126 se "salda una deuda de democracia de 30 años", Parrilli enumeró lo que serían las virtudes del “profundo proceso de reforma y modernización del Sistema de Inteligencia Nacional”.

Según él, la nueva doctrina de inteligencia implica que los servicios de espionaje tendrán “conducción política institucional”, recibirán “control parlamentario”, “estarán sometidos a un control de la dirección de asuntos internos”, “tendrá el objetivo de cuidar y no espiar a los argentinos” y enfrentará las "acechanzas que el Estado o habitantes de nuestro país puedan tener".

Lo cierto es que, como denunció el diputado Del Caño y analizó La Izquierda Diario en diversos artículos, la “doctrina” se mantiene intacta: la existencia de un aparato clandestino, dentro del Estado, destinado a espiar, operar y perseguir adversarios políticos.

Las reformas aseguran que la nueva Agencia no podrá “pinchar” más teléfonos. Otro motivo para “quedarse tranquilo”: de ahora en más, las pinchaduras que realizaba la “Ojota” (Sistema de Observaciones Judiciales) las realizará el Ministerio Público Fiscal, un organismo controlado por el gobierno que ordenó el Proyecto X. O los funcionarios de Scioli, Macri o Massa que los reemplacen. Una garantía.

Los fondos seguirán siendo reservados y millonarios.

La nueva Ley de Inteligencia además plantea muchos conceptos ya incluidos en las anteriores normas, como “el respeto por las normas constitucionales”, la “no persecución por motivos de raza u opinión política”, la “protección de datos” y otros eufemismos. Mientras tanto, y este gobierno es uno de los responsables, cientos de luchadores han sido procesados o reprimidos gracias a la infiltración de agentes de Gendarmería, espías han “trabajado” en medios alternativos, se han “filtrado” grabaciones de políticos en medios periodísticos, y se han realizado todo tipo de operaciones.

¿Ese accionar va a terminar con la nueva agencia? Es una utopía absurda.

Los especuladores, ¿en peligro?

Según se pudo conocer, la nueva agencia aumentará la cantidad de direcciones de 3 a 8. El poder estará más concentrado en sus directores, que ahora tendrán el rango de secretarios de Estado. En realidad, Parrilli y Mena (subdirector de la AFI) deberán negociar con los “Stiuso” que conducen diariamente “la casa”.

Para darle alguna épica a una reforma poco “progresista”, el gobierno ha encontrado un nuevo argumento. La nueva SIDE también investigará "golpes de mercado" de los bancos y "desabastecimiento" de empresas.

En realidad, ese tipo de anuncios de seguimiento y controles a los bancos y empresas son parte del “relato” kirchnerista. Como lo han hecho con la ley de abastecimiento, de consumo protegido, y otras normas. Se votan y anuncias medidas que nunca se terminan de aplicar, o lo hacen de manera muy tibia. Pero la realidad es que el gobierno ha dejado correr las maniobras de las grandes empresas. En enero del año pasado permitieron a los bancos ganar $10 mil millones con las presiones devaluatorias que terminaron desvalorizando la moneda.

El gobierno ha demostrado que no está dispuesto a combatir hasta el final a quienes en definitiva ha beneficiado en todos estos años.

Como tampoco su “nueva doctrina de inteligencia” terminará con la mafia de los servicios de espionaje. Ni mucho menos.







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