OPINIÓN

Río Gallegos: cuando no todes pueden compartir el #QuedateEnCasa

Mariela Gamboa es trabajadora social y cumple tareas en un centro de salud (parte del sistema de atención primaria de la salud pública) del Barrio San Benito, en la periferia de la capital de Santa Cruz. Acá relata lo que vive.

Martes 31 de marzo de 2020 | 11:32

Fotos Carlos Zippo

Mariela también es teatrera independiente y tallerista de un grupo de teatro para niñes en el Barrio Madres a La Lucha, donde la escasez es habitual para sus habitantes en esta grave situación de pandemia y cuarentena obligatoria.

Ella hizo una reflexión acerca del discurso único #QuedateEnCasa que circula en todas las redes sociales, en la gran mayoría de los medios y en la opinión pública en general. Un discurso que no tiene en cuenta la realidad de los sectores más vulnerables que viven con las necesidades básicas insatisfechas, de la que ella y sus compañeros y compañeras son testigos directos.

Las realidades que describe Mariela acerca de quienes viven en condiciones de pobreza y tratando de vivir el día a día, no son tomados en cuenta por la mayoría de los grandes medios que promueven a su público la importancia de no salir de sus hogares. Porque resulta que sus hogares son más allá de sus propias casas y se desenvuelven en centros culturales, comedores, centros comunitarios, donde se desarrollan sus relaciones sociales etc.

Es la vida cotidiana en los barrios que no tienen los recursos básicos necesarios y están sobreviviendo incluso antes de que llegara la cuarentena o la pandemia.

Por eso Mariela y sus compañeres de la salud pública son testigos, tratando de contener lo que la desidia estatal deja librado al azar de una vida difícil para los habitantes de los barrios Madres a La Lucha, Aires Argentinos, Los Lolos, Padre Olivieri y otros más de la periferia de Río Gallegos. La Izquierda Diario comparte la reflexión de Mariela Gamboa.

A ver

“Lo cierto es que tenemos un patiecito, una entradita, un fondo o un balcón o ventanas, tenemos desinfectantes, agua corriente, celulares, internet, cigarrillos, películas, libros. Seguramente nuestras heladeras y alacenas no sé si llenas, pero sí mucho más que lo básico para poder transitar esta cuarentena.

‘Quedate en casa’, invaden los hashtag, ‘yo me quedo en casa’, es otra posibilidad. Miles y miles de fotos con esa frase. Niñes con sus progenitores, perros y gatos, personas haciendo selfies, fotos de tortas caseras, facturas, mates (uno por persona, sin compartir), bricollages, tejidos, ordenar placares, ropa, etcétera, etcétera.

Yo me quedo en casa.

¿Qué casa?

¿Cómo es tu casa?

¿Cómo es tu cotidianeidad en esa casa?

¿Cómo habitás ese espacio?

¿Qué comodidades tiene?

El miércoles pasado todxs esperamos en nuestras casas el mensaje de la cadena nacional, ansioses, mientras los grupos de Whatsapp explotaban de emoticones de aplausos, corazones, fotos, aplaudiendo a los equipos de salud.

Y viene a mi presencia que estos días muchas personas circularon por el centro de salud, el teléfono explota de llamados y mensajes de textos, preguntan, consultan por turnos, por certificados, por las vacunas, por gestionar alimentos, por la asistencia financiera, por los análisis, por la medicación, por la leche.

  •  ¿No escucharon las recomendaciones?
  •  Sí, pero no.
  •  Quedate-en-casa-vos-que-podés
  •  Lavate-las-manos

    La vida de algunos sectores se desarrolla afuera de la casa. Porque habitar algunas casas es un tema complicado, no solo porque no se cuenta con las comodidades básicas, sino también porque se convive en situaciones truculentas.

    Entonces mejor salir a la calle. Mejor estar afuera, o en casas de otres. Y además, lo íntimo, lo doméstico, el lugar de la intimidad, de lo propio, es un lugar público, es algo que conoce la escuela, conoce el centro de salud y las instituciones con las que cuentan los barrios. ¿Cómo hacer que el “quedate en tu casa” surta efecto en estos sectores vulnerables?

    Unos preocupados por el alcohol en gel teniendo agua y jabón en sus casas o por el papel higiénico, teniendo bidet o por la comida (que nunca nos falte la comida), atestando los supermercados, unos prácticamente encima de otros, para luego llenarnos de alcohol y tirar Lysoform en todos los lugares que podamos, incluidos nosotros mismos.

    Otros pensando en el día a día, viendo cómo hacer para que el techo no se venga abajo, viendo si les acreditaron monto en la tarjeta Alimentar, en qué estado está la pensión por discapacidad, como bancar la olla si el trabajo que saben hacer no pueden realizarlo, con tos y sin poder respirar por el basural que no deja de tirar humo, o viendo con quien jugar un partidito de fútbol, o yendo de la hermana o alguna vecina a tomar mate, sí, mate, dulce y con yuyos o preguntando si el SUM, comedor o merendero del barrio seguirán abiertos.

    Otros volviendo de Europa, Brasil u otro país con síntomas y eludiendo la ley.

    Otros trabajando, como yo, sin tener muy en claro qué función cumplir en esta situación. Y mientras escribo, porque escribir me ayuda a pensar también, creo que nuestra labor es comunicar de la mejor manera posible. Creo que nuestra tarea es elaborar mensajes claros. Algo que los medios masivos de comunicación se empeñan en no hacer. Esos medios que le hablan a una determinada clase. También los trabajadores sociales para contener, explicar, gestionar, escuchar, armar dispositivos, reflexionar, hacer equipos de trabajo, etc.

    Trabajando paso esta cuarentena. Y no me siento ninguna heroína. Y los médicos tampoco lo son. Y los enfermeros tampoco. Héroes y heroínas son construcciones de la literatura. Somos trabajadores. Nos pagan por eso. Y hacemos lo que nos corresponde, no hay ninguna heroicidad en eso.

    Estos tiempos me generan más preguntas que respuestas, momentos en que me cuestiono todo y luego me vuelvo a cuestionar. Resulta muy difícil no masificar el mensaje, no hacerlo transmisible como si la vida de todos fuese igual (a la mía). Uniformamos el mensaje, uniformamos la casa, el hogar, las familias, los hábitos, las costumbres, el acceso a bienes y servicios.

    Y lo más probable es que seremos nosotros los que llevemos el virus a los sectores más vulnerables y no al revés, por los lugares donde circulamos, por los contactos que podemos tener. Y si eso ocurriera, sería un verdadero caos, ya que las condiciones de vida sumadas a las enfermedades previas de estas personas los harían susceptibles de morir, mejor dicho, los mataría directamente.

    Yo-me-quedo-en-casa.

    Me quedo en casa y escribo. Me quedo en casa y leo. Me quedo en casa con internet. Me quedo en casa haciendo masa de colores con Jechu. Me quedo en casa y me lavo las manos. Me quedo en mi casa limpia y ordenada.”







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