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Sánchez decreta Estado de Alarma con toque de queda prorrogable hasta mayo

Toque de queda nocturno de 11 a 6, restricciones a las reuniones y los desplazamientos en todo el Estado español, salvo Canarias. Así es el Estado de Alarma decretado por Sánchez para 15 días, prorrogable en el Congreso seis meses más.

Domingo 25 de octubre | Edición del día

Tras la reunión del Consejo de Ministros, Sánchez ha anunciado la aprobación de un nuevo Estado de Alarma durante 15 días, hasta el 9 de noviembre. A partir de esa fecha deberá ser votado en el Congreso para ser alargado, lo que sucedería este jueves. El plan del Gobierno, para el que ha pedido “un abrumador respaldo parlamentario”, es la prorrogación de un Estado de Alarma durante seis meses más, hasta el 9 de mayo. El texto del decreto ya aclara que no se votaría la prórroga cada 15 días como en abril y mayo, sino de una vez para los próximos 6 meses.

¿Cuáles son las medidas del Estado de Alarma?

A las restricciones ya existentes se suman la limitación de reuniones sociales a 6 personas, la prohibición de cambiar de comunidad autónoma sin un motivo médico o laboral y un toque de queda nocturno de 11 a 6. Éste es el punto sobre el cual Sánchez permite a los gobiernos autonómicos adelantar o atrasar una hora el toque de queda.

El toque de queda puede parecer una medida contundente y lo es, pero no en el sentido sanitario, sino en el represivo. Tal y como explica el médico salubrista Javier Segura del Pozo, “No conozco ninguna evidencia epidemiológica sobre la eficacia de los toques de queda, e invito a quien la tenga que la comparta. Obviamente, tampoco sobre que el virus tenga una transmisión diferenciada por franjas horarias”.

Es bastante cuestionable que este confinamiento nocturno vaya a tener una repercusión significativa en la reducción de contagios. Mientras tanto, esta medida “contundente” se basa en un discurso de culpabilidad individual sobre la vida social, aunque más del 70% de los casos y brotes no se atribuyan al ámbito social. Sin embargo, medidas tan graves como la limitación de movimientos y el toque de queda están aprobadas, con la posibilidad de extenderse hasta mayo.

Para hacernos una idea sobre la excepcionalidad del toque de queda, es preciso tener en cuenta que la última vez que se aplicó en el Estado español fue en el 23-F de 1981. El militar golpista Milans del Bosch lo decretó en Valencia, pero fue anulado rápidamente con el fracaso del propio golpe militar. En el caso de Francia, Macron ya decretó hace unos días el toque de queda, un aumento para la Policía y el despliegue de 12.000 agentes en el país.

En lugar de tomar medidas sanitarias, se vuelve a la represión

No es que el Gobierno de PSOE-UP, al igual que otros gobiernos europeos, piensen que al coronavirus se lo puede derrotar con toques de queda y estados policiales, sino que se preparan para llevar adelante una gestión represiva de la pandemia con confinamientos selectivos y toques de queda sobre las poblaciones más vulnerables, que son casualmente donde viven aquellos que cada día deben ir a trabajar sin ningún tipo de elemento de protección personal y en transportes abarrotados donde se arriesgan a un contagio casi seguro.

Esta verdadera “gestión militarizada” de la pandemia no es una medida sanitaria, sino una medida preventiva contra el potencial desarrollo de la lucha de clases como respuesta a la catástrofe que sufren las mayorías sociales.

Los confinamientos selectivos y clasistas, el despliegue masivo de fuerzas represivas y los toques de queda se imponen con mucha mayor violencia sobre los barrios obreros y las poblaciones pobres, es decir, de quienes cada día deben ir a trabajar en condiciones inseguras y precarias, sin elementos de protección personal y en transportes abarrotados donde se arriesgan diariamente al contagio.

El toque de queda es una medida autoritaria que pretende ocultar el fracaso de la gestión de la pandemia. En lugar de tomar medidas sanitarias, se vuelve a la represión y a criminalizar a la población. Los gobiernos no asumen su responsabilidad, poniendo un policía en cada esquina, mientras los hospitales o el transporte público siguen en pésimas condiciones. Una medida que, además, abre el camino para reprimir las movilizaciones y el descontento social.







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