Sociedad

PRECARIZACIÓN LABORAL

Según un informe, el 50 % de los salarios está por debajo de la línea de pobreza

El dato se desprende de un informe del Instituto de Desarrollo Social de Argentina (Idesa) y se basa en la cifra que dio el Indec para la Canasta Básica Total.

Luis Bel

@tumbacarnero

Jueves 3 de diciembre de 2020 | 18:05

En un informe publicado a fines de noviembre Idesa señaló que la mitad de los salarios se encuentran bajo la línea de pobreza. Para asegurar esto el Instituto se basa en la cifra de la Canasta Básica Total informada por el Indec que ascendería a los 50 mil pesos mensuales para una familia tipo de 4 integrantes.

Otro dato tremendo que se desprende del informe es que comparando, la situación salarial actual es peor que la del 2000:

• En el año 2000 la media del salario privado registrado era de 43 mil pesos, mientras que la línea de pobreza para una familia tipo era de 37 mil a precios actuales.

• En agosto del 2020 la media del salario privado registrado era de 48 mil pesos, mientras que la línea de pobreza para una familia tipo es de 45 mil.

Lo que significa que en el 2000 la media del salario era un 15% superior a la línea de pobreza y en 2020 llega a estar apenas 6% por arriba.

Córdoba: números de terror

Según un análisis de datos pedidos por La Voz del Interior a Idesa, en el Gran Córdoba, el 80% de la fuerza laboral gana menos de $ 40 mil.

Como veníamos analizando más arriba, este monto está muy lejos de cubrir la Canasta Básica Total que necesita una familia para no ser pobre.

Asimismo, los datos procesados muestran en el primer semestre una gran caída del empleo e ingresos, siendo el sector informal y de cuentapropistas los que más sufrieron: el 60 por ciento vive con alrededor de 18 mil pesos al mes.

La pandemia profundizó una crisis que ya venía en ascenso en la provincia que gobierna Juan Schiaretti, la cual arrastra una gran deuda de dólares, y donde los sectores que siguen ganando, como el agro, el inmobiliario y las multinacionales, son los mismos favorecidos desde hace 20 años.

Según Idesa, en los 6 primeros meses del 2020 se perdieron 103 mil empleos. De ese total 51 mil pasaron a incrementar el número de desocupados, mientras que 52 mil ya dejaron de buscar empleo.

Alrededor de medio millón de hombres y mujeres pudieron mantener algún tipo de actividad laboral (ya sean trabajadores públicos y privados, informales y cuentapropistas), aunque según los números de junio, el 83 por ciento del total de ocupados percibían un salario menor a los 40 mil pesos mensuales. Un deterioro significativo.

Además, 4 de cada 10 asalariados perciben menos de 18 mil pesos mensuales, una cifra por debajo del salario mínimo vital que está en los 18.900 pesos. Una verdadera miseria.

Informales y cuentapropistas, los más golpeados

Los y las cuentapropistas e informales equivalen en el Gran Córdoba al 48 por ciento de la fuerza laboral. Entre el primer grupo, el ingreso mensual cayó un 22 por ciento en términos reales en el primer semestre. En junio, los ingresos promedio fueron de 16.151 pesos, muy por debajo del salario mínimo vital y móvil.

El 30 % de cuentapropistas declaró ingresos mensuales de hasta 2.500 pesos, mientras que un 15 % declaró ingresos entre ese monto y hasta ocho mil pesos. En el total de la categoría, 8 de cada 10 trabajadores no llegaban a juntar más de 28 mil pesos al mes.

Asimismo, un 27 % del sector quedó sin ningún tipo de ingreso.

Por el lado de las y los trabajadores informales (empleo privado no registrado), son la categoría con menor ingreso promedio, unos 15.621 pesos a junio pasado. Además, alrededor el 90 % no gana más de 28 mil pesos y ninguno supera los 50 mil pesos mensuales.

Una situación intolerable si pensamos que la canasta básica con bienes y servicicos en el Gran Córdoba (calculada por la Defensoría del Pueblo para junio de 2020), ascendía a 40.193 pesos para una familia tipo.

Ni el sector en blanco se salvó del ajuste

A pesar de que los ataques a trabajadores y trabajadoras formales fueron menores que a los antes mencionados, el sector tampoco salió ileso de los diferentes ataques al empleo y al salario.

El empleo en blanco cayó un 6 por ciento en los dos primeros trimestres, donde el subsidio a los empresarios para que pudieran abonar salarios por medio de la ATP tuvo un relativo éxito, a pesar de las maniobras fraudulentas de las patronales para no abonar el haber restante a sus empleadas y empleados en base a la amenaza de la pérdida de sus puestos de trabajo.

Entre los casi 200 mil empleados y empleadas privadas formales del Gran Córdoba, el ingreso cayó un 7 % entre los dos primeros trimestres de 2020.

El salario promedio hasta junio era de 32.207 pesos mensuales, muy por debajo de la Canasta Básica Total (CBT) medida por Indec. Que para esa altura del año fue de 43.810 pesos para una familia tipo para no caer por debajo de la línea de pobreza.

En total, un 80 % del total de trabajadores y trabajadoras formales del sector privado declararon percibir un ingreso menor a los 40 mil pesos al mes.

El abajo que se mueve

Ante el panorama descrito no es de extrañar que en esta última mitad del año han comenzado a organizarse y a salir a luchar diferentes sectores, tanto informales como formales, contra los ataques del Gobierno y las patronales que intentan descargar la crisis una vez más sobre el pueblo trabajador.

Repartidores, call centers, feriantes, empleadas y empleados de limpieza, de salud, junto a las luchas llevadas adelante por los choferes de UTA, de Aoita, las y los trabajadores municipales, docentes, etc.; muestran una respuesta incipiente pero ininterrupida a una situación económica y social que tiende a agudizarse.

Las señales que vienen dando los distintos gobiernos, tanto el nacional, como el provincial y municipal, sobre el rumbo acordado junto a las patronales y a la total complicidad de las burocracias sindicales en dejar pasar el ajuste, son una luz de alerta y una señal de alarma para todos los trabajadores y trabajadoras para quienes es cada vez más difícil llegar a fin de mes, pagar el alquiler o llevar la comida a la mesa de sus familias.

Las experiencias de autoconvocados, dejando a un lado a las conducciones gremiales, muestran un camino adonde la organización por abajo. Esto, junto a la unidad de todas las luchas son mecanismos indispensables para enfrentar los ataques a las condiciones de vida que vendrán y para defender los derechos conquistados e ir por más. Un escenario adonde la lucha de clases y la calle tendrán un lugar preponderante para que no sean nuevamente las y los trabajadores, quienes paguen una nueva crisis.







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