Política

GUERRA DE SERVICIOS

Stiuso no está, Jaime se fue

El exjefe de Operaciones de la SIDE había sido citado este lunes por el gobierno para que explique lo que hizo en diez años junto a Alberto Nisman en la causa AMIA. Pero según su abogado, el especialista en escuchas ni se enteró del llamado.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 7 de abril de 2015 | Edición del día

La semana pasada Oscar Parrilli, director de la Agencia Federal de Inteligencia (ex SIDE) había hecho público el llamado a Antonio “Jaime” Stiuso para que este lunes 6 fuera a las oficinas de la flamante AFI (en 25 de Mayo 33 de la Ciudad de Buenos Aires). El motivo del llamado era para que Stiuso, hoy jubilado pero durante décadas hombre fuerte de la “Inteligencia” nacional, explicara las irregularidades que, según Parrilli, se detectaron en su actuación alrededor de la investigación del atentado a la AMIA. Actuación que tuvo junto a Alberto Nisman desde la Unidad Fiscal especial armada por Néstor Kirchner en 2004.

Pero ayer a las 11 de la mañana quien se presentó en la AFI no fue Stiuso sino su abogado, Santiago Blanco Bermúdez, quien dijo que el exespía "se encuentra en el exterior" y que ni siquiera está "notificado de la citación que se libró el último día hábil" de la semana anterior.

En declaraciones a la prensa, Blanco Bermúdez remarcó que el gobierno se equivocó al citar a Stiuso mediante una comunicación dirigida a su oficina, ya que él no está ahí desde hace más de un mes y enfatizó que como letrado no sólo no tuvo contacto con su cliente sino que tampoco tiene “cómo ubicarlo".

Obviamente el gobierno sabía que Stiuso no iba a concurrir. Por un lado, porque apenas lo jubilaron desde La Casa Rosada no dejaron de seguirle los pasos a quien, despechado, podía querer jugarle más de una mala pasada a su exempleadores. Y por otro lado, porque muchos de los empleados de la AFI son exsubordinados de “Jaime” y conocen bastante bien qué posibilidades hay no sólo de que Stiuso vuelva a pisar “La Casa” (como se conoce históricamente al edificio de 25 de Mayo 33) sino de que acepte hablar de lo que hizo o no en tantos años de espionaje y operaciones.

Por eso la citación huele más a una puesta en escena oficial que va en sintonía con los propósitos de Parrilli por mostrarse preocupado por “resolver” lo que dejaron las gestiones anteriores. Las que, dicho sea de paso, desde 2003 estuvieron al mando de personajes tan k como el exsecretario general de la Presidencia.

Mientras sigue la espera oficial de que Stiuso responda el llamado, lo que no se explica es que todavía “Jaime” siga percibiendo mensualmente una jubilación del Estado. Su participación activa durante la dictadura militar (recordemos que estuvo en la SIDE desde 1972), sus variados y comprobados trabajos sucios durante todos los gobiernos constitucionales, su enriquecimiento millonario mediante una y mil maniobras secretas para beneficio personal y su conducción nefasta de la “investigación” sobre el atentado a la AMIA junto al fiscal Nisman son motivos más que suficientes no sólo para denunciarlo hasta llevarlo tras las rejas sino para expulsarlo de toda dependencia estatal. Pero no. Parrilli sigue esperando que el “jubilado” Stiuso tenga un rapto de buena voluntad y se anime a dar explicaciones sinceras a sus exempleadores.

En este marco, la crisis política desatada a fines de enero con la muerte violenta y aún dudosa del fiscal Alberto Nisman [bajó su intensidad en las últimas semanas]. La razón de este “enfriamiento” no fue otra que la desestimación por parte de la Sala I de la Cámara Federal penal porteña de la denuncia contra la Presidente que hizo públicamente Nisman poco antes de morir y que retomó el fiscal Gerardo Pollicita. Con ese revés dado al “partido judicial” desde sus propias entrañas, no sólo se tranquilizó el gobierno sino que la trama policial que rodea a la muerte del fiscal pareció entrar en un callejón oscuro y, quizás, sin salida.

Sin embargo, lo que no pudo aún mitigar el gobierno es el descrédito popular alcanzado por las instituciones estatales encargadas de la “Inteligencia”. Es que, a pesar de los intentos oficiales por justificar lo injustificable, la “crisis Nisman” sacó a la luz la existencia de una red infinita de relaciones mafiosas, de gran delito organizado y hasta de asesinatos y desapariciones pergeñados desde los propios sótanos del Estado, que desde hace muchas décadas se fue perfeccionando y llega hasta hoy con un aparato infernal de espías y logística intacto desde la misma dictadura militar.

En ese sentido, estos cruces, idas y venidas con Stiuso parecen más un juego de espejos encarado por el gobierno que una política seria para ordenar el sótano y poner en caja a los díscolos agentes en las sombras. Por el momento, nada de qué preocuparse para las mafias del poder.







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