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Subte: la odisea de combinar entre la D y la H tras una inauguración marketinera

Macri y Rodríguez Larreta inauguraron la estación Santa Fe que une la línea H con la la línea D. Una odisea para llegar de un destino a otro. Nuevo escándalo de Metrovías y Sbase.

María Agustina Chaves

Trabajadora Subte - Línea D | @suragus1982

Sábado 16 de julio de 2016 | 17:58

Al salir de la H, una escalera en espiral con 5 descansos y 10 escalones entre cada uno de ellos, que desemboca a pocos metros de la calle, es el primer obstáculo que habrá que atravesar. Después, un pasillo de alrededor de 50 metros de largo por 4 de ancho, que es a su vez la única entrada y salida de Pueyrredón de la D, para llegar a una escuálida línea de 4 molinetes que es la única por la que podrán pasar tanto aquellos que sólo viajen en la D como aquéllos que quieran combinar. Del lado de la H, sin escalera mecánica ni ascensor.

Del lado de la D, dos escaleras mecánicas, de las cuales por momentos no anda ninguna. Y de cada extremo de este larguísimo camino, trabajadores entregando boletos “de combinación”. Llegar de un lado al otro de este laberinto puede llevar alrededor de 10 minutos o más, ya que tanto las viejas estructuras como las nuevas obras no dan abasto para el caudal de pasajeros que utiliza a diario este transporte, lo que provoca que se avance a paso “de hormiga”, con el peligro que además significa que tanta gente entre y salga al mismo tiempo por este angosto túnel.

Este suceso se suma a una larga lista que deja al desnudo que el transporte público, para el gobierno de los CEO, es un gran negocio que paga el pueblo trabajador. Aquí algunos de los más vergonzosos ejemplos donde han jugado con los intereses de usuarios y trabajadores, priorizando fines electorales o de propaganda:

  •   En julio del año 2013, a pocos días de las elecciones legislativas nacionales y con Mauricio Macri como jefe de gobierno, se inauguraron las estaciones Echeverría y Juan Manuel de Rosas de la línea B, a pesar de las denuncias hechas por los trabajadores de las pésimas condiciones en las que se encontraban los túneles y la falta de comunicación que había en ese trayecto, cuestión fundamental para que los trenes se muevan de manera segura y sin provocar accidentes.
  •  En abril de 2014, Macri como jefe de gobierno anunciaba obras en la línea B que la mantendrían cerrada los fines de semana y feriados durante un año. La excusa era que se incorporarían trenes con aire acondicionado. Pero en realidad fue para hacer uno de los negociados más grandes y vergonzosos en la historia del subte: la compra de trenes considerados chatarra en España, que no entraban en los túneles. Lo que siguió fue un enchastre de obras y decisiones mal tomadas que llevaron a que se gastara la misma cantidad de dinero que se hubiese gastado en adquirir coches 0 kilómetro.

    · Hace una semana, el apuro por los anuncios y la escasa planificación que le imprimen a todo lo que hacen, también llevó a que dos trenes 0 km de la H estuvieran a punto de impactar al otro día de haber sido estrenados. Gracias a los reflejos de la conductora, el tren se pudo frenar a 50 metros de la otra formación.
    Este estilo improvisado de “prueba y error”, es el mismo que se imprime en
    absolutamente todas las decisiones que toma el macrismo, no sólo en el subte, sino también a nivel nacional. Estamos frente a una nueva obra a lo “PRO”, que parece atada con alambre, pero que emerge de manera oportuna para levantar la imagen de un gobierno que se encuentra en medio de fuertes críticas y grandes manifestaciones de descontento en contra del tarifazo y las políticas de ajuste. Porque pese a su discurso evangelizante, con el que pretende fomentar una ideología noventista, mezcla de “meritocracia”, “diálogo” y “alegría”, se le contrapone la realidad: miles de personas protestando en las calles en todo el país, como el pasado jueves, porque ya es insostenible vivir. Los aumentos en las tarifas y en el transporte (a lo que se sumará en los próximos días un nuevo aumento en el pasaje de subte) empiezan a molestar a la clase trabajadora que ve cada vez más claramente que después de años de millonarios subsidios, debe seguir pagando los platos rotos. Entonces, este tipo de inauguraciones y actos llenos de demagogia, hacen cada vez más agua frente a la vida real.

    En el subte, el grupo Roggio del cual forma parte la empresa Metrovías, viene haciendo negociados a través de los diferentes gobiernos. Al igual que la familia del actual presidente, que se ha llenado los bolsillos a lo largo de los años, y que ha incrementado exponencialmente su patrimonio durante la última dictadura militar. Esa es la casta que hoy nos gobierna y toma las decisiones acerca de cómo debemos vivir. Por el contrario, los trabajadores reclaman desde hace años que Metrovías abra los libros contables, para ver a dónde han ido a parar años y años de millonarios subsidios que no se ven reflejados en el servicio. La salida entonces debe estar en manos de los mismos trabajadores y usuarios, los únicos interesados en que el subte no sea un negocio.







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