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Syriza y las buenas relaciones con la Iglesia Ortodoxa griega

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, agradeció al arzobispo de Atenas su ofrecimiento de “poner los bienes de la Iglesia al servicio del Estado” para contribuir a pagar la deuda del país. En una carta dirigida al jefe de la Iglesia ortodoxa griega, Tsipras agradeció "de todo corazón" el anuncio que éste hizo hace unos días ofreciendo colaboración.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Sábado 18 de abril de 2015 | Edición del día

Fotografía: Reuters (archivo)

"Si el Estado necesita que cooperemos, estamos aquí", dijo Jerónimo, jefe de la Iglesia Ortodoxa, en una entrevista de televisión, con motivo de las celebraciones de la Pascua ortodoxa.

El arzobispo señaló la intención de su institución de "trabajar juntos" y que el Estado pueda "utilizar los ingresos (de la Iglesia) para pagar todas sus deudas", aunque aclaró que las propiedades eclesiales no serían vendidas, y la propuesta de apoyo no se concretó aún.

Tsipras dijo que este ofrecimiento no solo tenía un "efecto material directo", sino que "simultáneamente tiene un impacto muy positivo en la moral de todo el mundo" y demuestra que la "gran arma contra la crisis es la solidaridad, la preocupación y el cuidado por los demás". "La Iglesia escucha los dictados de los tiempos y atiende la gran demanda de la sociedad", recalcó el líder de Syriza.

Este intercambio de “buenas intenciones” y elogios mutuos entre el primer ministro de Syriza y la Iglesia Ortodoxa podría sorprender a propios y ajenos. Sin embargo, el acercamiento entre Tsipras y la Iglesia Ortodoxa comenzó hace ya unos meses, cuando se hicieron visibles las posibilidades de Syriza de llegar al gobierno.

El primer gesto importante vino de parte de Tsipras, quien durante su campaña electoral dijo públicamente que retiraba de su programa el derecho de las parejas gay a adoptar niños. "Es un tema difícil que requiere diálogo. Hay contradicciones en la comunidad científica acerca de esto y no lo vamos a incluir en nuestro programa", fueron sus palabras.

El siguiente gesto fuerte de Tispras fue su visita, en agosto del 2104, al Monte Athos, donde se encuentran los monasterios griegos, para tranquilizar a la Iglesia y garantizar que su status fiscal y la relación con el Estado no cambiarían.

Finalmente, el acuerdo entre Syriza y el partido nacionalista conservador Griegos Independientes, cuyo líder tiene una excelente relación con la Iglesia Ortodoxa, confirmó a la jerarquía religiosa que en la cuestión de la relación de la Iglesia y el Estado todo seguirá igual.

En enero del 2014 diferentes colectivos LGTB protestaron contra la homofobia de la Iglesia Ortodoxa griega, que llamó a la homosexualidad “el pecado más asqueroso y sucio”. Esa misma Iglesia Ortodoxa de la que Tsipras dice ahora que “escucha los dictados de los tiempos y atiende la gran demanda de la sociedad”.

Grecia es un país “confesional”, donde la Iglesia mantiene gran poder, siendo los encargados, por ejemplo, de abrir el curso escolar. En la escuela se imparten clases de religión, salvo que los padres hagan un pedido explícito de excluir a sus hijos de las mismas.

La Iglesia Ortodoxa está financiada por el Estado, con un promedio de 220 millones de euros anuales. Por sus propiedades, se la considera la segunda propietaria de bienes raíces del país, después del Estado.

En el año 2010, en medio de un fuerte debate y críticas a la Iglesia Ortodoxa, que había sido exonerada de pagar un impuesto inmobiliario, un representante de la Iglesia reconocía algunas de las propiedades que conformaban entonces su patrimonio: 4.000 hectáreas de terrenos agrícolas, 113.000 hectáreas de bosques y 86.000 m2 de inmuebles urbanos, junto con 6 millones de acciones del Banco Nacional de Grecia.

Sin embargo, es vox populi que la fortuna de la Iglesia es mucho más grande, muchas de sus propiedades no están declaradas y no existe un registro público de las mismas.

En diciembre de 2010 los obispos de la Iglesia Ortodoxa denunciaron a la Troika como una fuerza de "ocupación extranjera". Esta declaración que podía parecer muy “radical” en realidad expresaba una defensa de sus propios intereses. Es que ese mismo año el gobierno había comenzado a cobrar más impuestos a la Iglesia, presionado por la necesidad de recortar gastos.

Las declaraciones de esta semana de parte de Jerónimo consolidan el acercamiento entre la jerarquía religiosa y el gobierno de Tsipras. Aunque el “ofrecimiento” no se hizo concreto, y el patriarca aclaró que no venderá ninguna propiedad de la Iglesia, le brinda un apoyo político en un momento muy difícil de las negociaciones con la Troika.

Todo indica que es una retribución por la renuncia del gobierno a meterse en temas “sensibles” para la cúpula religiosa como la adopción de niños por parte de parejas gay, y por renunciar en general a todo el programa de separación de la Iglesia y el Estado.

El gobierno de Syriza se está apoyando en uno de los sectores más conservadores de la sociedad griega, que aunque tenga un discurso de presunta independencia respecto a la Troika, lo hace desde una perspectiva nacionalista y completamente reaccionaria, para defender sus privilegios.

Con aliados como estos, solo pueden perder los trabajadores y el pueblo de Grecia.







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