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ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Trump dice ser el salvador del sueño americano en la última noche de la Convención Republicana

En la última noche de la Convención Republicana, en medio de las protestas fuera de la Casa Blanca, Trump se presentó como la única solución a los muchos desafíos que enfrentan los EE. UU. Desde el coronavirus, a China, y de Joe Biden a la izquierda radical.

Viernes 28 de agosto | 15:39

Saul Loeb

Sombrío en comparación con las rimbombantes actuaciones de las noches anteriores, el último día de la Convención Nacional Republicana (RNC) nos mostró a Donald Trump y sus partidarios tratando de presentar al presidente como una fuerza estabilizadora, un puerto en la tormenta de las múltiples crisis que supuestamente amenazan a Estados Unidos - desde el coronavirus y China hasta el movimiento Black Lives Matter, la izquierda radical, y lo más importante: Joe Biden. La noche culminó con la aceptación por parte de Trump de la nominación de su partido en un escenario frente a la Casa Blanca. Una medida controvertida y sin precedentes en la que Trump usó descaradamente su puesto para reforzar su campaña de reelección y presentarse a sí mismo y a su administración como firmemente en control de la presidencia. La ceremonia en el jardín de la Casa Blanca reunió a 1.000 personas en un espacio cerrado sin máscaras ni medidas de distanciamiento social o tests.

Los discursos a lo largo de la noche alternaron entre los logros de Trump durante su mandato -muchos de ellos mentiras descaradas- y todas las formas en que una presidencia de Biden significaría un desastre para el "American way of life" (La forma de vida “americana”, NdelT). El último día del RNC mostró principalmente a Trump tratando de convencer a sectores de la clase obrera y la clase media que están desilusionados con la política (aunque no necesariamente forman parte de la base de Trump), así como a moderados o indecisos que, después de cuatro años del errático gobierno de Trump, podrían ser influenciados para votar por Biden en noviembre. El RNC se esforzó mucho el jueves por la noche para pintar a Trump como un presidente bien equipado para manejar los desafíos económicos y sociales que enfrenta Estados Unidos, uno que puede restaurar la fe en el proyecto imperialista capitalista americano.

Biden, el “caballo de Troya” de la izquierda

La noche se abrió con videos y discursos de ex-demócratas que, indignados ante la posibilidad de una presidencia de Biden, llaman a votar por Trump y los republicanos en noviembre. Su presencia en el RNC fue una clara respuesta a la gran cantidad de figuras y senadores republicanos en la Convención Nacional Demócrata (DNC) que se niegan a apoyar una reelección y votarán por Biden. Entre los demócratas reformados encontraba el diputado Jeff Van Drew de Nueva Jersey, que cambió de partido el año pasado. Explicó cómo el Partido Demócrata se había hecho demasiado amplio para él y cómo temía la creciente influencia de una "agenda radical y socialista" dentro del partido. Otros vídeos mostraron testimonios de "progresistas en apoyo a Trump" que, escandalizados por este supuesto giro radical de izquierda del Partido Demócrata y la bancarrota moral de sus dirigentes, ahora votarían por el republicano.

Esta línea fue el tema central de la noche y de la convención en su conjunto: la dominación del Partido Demócrata por fuerzas de extrema izquierda y la necesidad de elegir a Trump para luchar contra ellas. Los discursos de la noche iban y venían entre lamentar las propuestas políticas "extremas" de Biden hasta decir que es demasiado débil para hacer frente a la influencia de la izquierda del partido, formada por personajes tan disímiles como Bernie Sanders y Ocasio Cortes por un lado, y Nancy Pelosi y Bill de Blasio del otro.

A lo largo de la noche, los oradores atacaron los intentos de Biden de pintarse como el candidato moderado que puede unificar un país polarizado en medio de una crisis. Un claro contraataque al discurso de los demócratas a través del DNC de que Trump es una fuerza desestabilizadora que ha arruinado la reputación global de los EE.UU. y tiene al país precipitándose hacia el fascismo. El resultado que se pretende es el mismo para ambos partidos: polarizar sus bases y pintar a sus respectivos candidatos como el mal menor para aplacar las crecientes dudas sobre la eficacia de los dos partidos políticos de EE.UU.

Por supuesto, el argumento de la agenda marxista radical de Biden es difícil de aceptar. Los demócratas han sido rápidos en elogiar la plataforma progresista de Biden, pero hay poco en su programa para los próximos cuatro años que realmente vaya más allá de restaurar y ampliar las políticas neoliberales de la era de Obama. Además, a pesar de las afirmaciones de los republicanos, hay poco que sugiera que el ala progresista del Partido Demócrata ha empujado realmente al partido a la izquierda en cualquiera de los temas clave en las próximas elecciones. A medida que la temporada electoral avanza, Biden sólo continúa moviéndose a la derecha en un intento de atraer a los votantes de centro-derecha. Tratando de asustar a una base conservadora que tiembla de miedo ante la mera mención de la expansión del gobierno, la campaña de Trump exageró enormemente la influencia que el ala progresista tiene dentro de uno de los partidos imperialistas más poderosos del mundo - el Partido Demócrata sigue estando firmemente manos del establishment.

En su discurso, Trump hizo un gran hincapié en el grupo de trabajo entre Biden y el "loco Bernie", que se creo luego de que Sanders se bajara de las primarias. Pero ese grupo no impuso en la plataforma demócrata ni uno solo de los pilares del programa de Sanders. El largo historial político de Biden y las propuestas que ha presentado en los últimos meses muestran claramente que pintarlo como una figura de izquierda no es más que una exageración para asustar a los votantes indecisos y enfurecer a la base de Trump contra la izquierda. Aunque hay profundas divisiones dentro del Partido Demócrata entre las alas derecha e izquierda, estas divisiones han sido tapadas en el período previo a las elecciones de noviembre, con la derecha manteniendo su hegemonía a pesar de los llamamientos populares a un cambio radical para hacer frente a las profundas desigualdades de la sociedad estadounidense.

Hacer América segura de nuevo

Pero la principal crítica de Trump y los republicanos el jueves por la noche se centró en la respuesta de los demócratas al movimiento Black Lives Matter, que tomó las calles durante los últimos tres meses. Supuestamente, los demócratas permitieron que la anarquía reine en los estados que gobiernan - a pesar de la inmensa represión que gobernadores y alcaldes demócratas han infligido a los manifestantes. Esta misma semana, los líderes demócratas de Wisconsin impusieron un toque de queda y desplegaron la Guardia Nacional para reprimir las protestas en solidaridad con Jacob Blake.
En su discurso, el abogado de Trump y ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani fue especialmente duro con el actual alcalde de Nueva York, Bill de Deblasio, a quien atribuyó el hecho de ser demasiado blando con los manifestantes y el aumento de los índices de criminalidad en la ciudad. El discurso de Giuliani, famoso por haber fomentado la mano dura durante su mandato y haber encarcelado casi a una generación entera de negros y latinos, culminó con un grito de guerra que resonaría durante el resto de los discursos de la noche: "¡Make America Safe Again!" (Hacer América Segura de Nuevo, en referencia al Make America Great Again, marca registrada de la campaña 2016 de Trump, NdelT)

Hblando sobre el "caos" que reina en las calles de las ciudades de todo el país, los republicanos se posicionaron en firme oposición al movimiento antirracista que ha recobrado impulso tras el tiroteo de Jacob Blake en Wisconsin. Los republicanos pintaron a Trump como el presidente de la ley y el orden que recuperará el control de las ciudades y "sanará" las profundas divisiones raciales del país. En su propio discurso -aun cuando hubo protestas justo fuera de la Casa Blanca- Trump oferció su ayuda y la de la Guardia Nacional para reprimir las protestas en Wisconsin y Portland y restablecer la autoridad de la policía en todo Estados Unidos "devolviendo a las fuerzas del orden, nuestra policía, su poder".

Los republicanos reforzaron su retórica de Blue Lives Matter (las vidas azules importan, en referencia al uniforme de la policía, NdelT, denunciando tanto las protestas en Wisconsin como la ola de huelgas solidarias que se están produciendo en toda la industria del entretenimiento deportivo. Dana White, president de la popular liga de lucha libre Ultimate Fighting Championship (UFC) y miembro del grupo de trabajo sobre el coronavirus de Trump, instó a los aficionados al deporte a confiar en la policía y en Trump: "Vamos, América", dijo. "Desfinanciar estas posiciones vitales no es la respuesta. La policía siempre se ocupó de nosotros. Y ahora, más que nunca, tenemos que cuidar de ellos". Su discurso fue seguido por un video del jefe de la Asociación de Benevolencia Policial de la Ciudad de Nueva York, Pat Lynch, quien reafirmó públicamente el apoyo del Departamento de Policía de Nueva York a Donald Trump y lamentó el número de víctimas que las protestas estaban causando en la policía en todo el país que se sienten menos cómodos en su papel de ejecutores del estado capitalista racista.

A cada paso, Trump y los republicanos denunciaron la supuesta "violencia" de los manifestantes y apoyaron implícitamente la violencia extrema que la policía había ejercido para reprimir las protestas, incluso permitiendo que un vigilante blanco disparara a dos manifestantes en Kenosha. Al enfrentarse al movimiento Black Lives Matter, Trump y los republicanos demostraron una vez más que no tienen ningún interés en abordar el terror policial racista ni otras formas de racismo estructural. Trump fue duro contra el terrible récord de Biden en materia racial, citando la autoría de Biden del Proyecto de Ley del Crimen de 1994; mientras que Biden y los demócratas harán tanto como los republicanos para mantener el status quo racista, Trump y los republicanos tampoco son la respuesta a las injusticias raciales profundamente arraigadas de los EE.UU. Muchos discursos durante la cuarta noche del RNC elogiaron las reformas de justicia criminal de Trump, pero esas políticas no hacen más que reforzar y fortalecer el brazo carcelario del estado que encarcela desproporcionadamente a la comunidad negra y latina.

El presidente de la crisis

La última noche del RNC tenía como objetivo posicionar a Trump - y al Partido Republicano - como una fuerza política capaz de guiar a los Estados Unidos a través de un turbulento período de crisis tanto a nivel nacional como internacional. Trump y los republicanos abordaron específicamente la respuesta de Trump tanto a la pandemia como a la crisis económica, mintiendo burdamente sobre los éxitos de Trump mientras el número de muertos supera los 181.000 y millones de personas en todo el país se quedan sin empleo, sin poder pagar el alquiler y seguro de desempleo.

A nivel nacional, Trump y otros oradores se jactaron de la economía prepandémica y de los empleos que Trump supuestamente creó, prometiendo que los EE.UU. volverían a salir de la recesión económica. Propietarios de pequeñas empresas y trabajadores salieron al escenario para elogiar las acciones de Trump en nombre de los trabajadores y sus políticas a favor de las empresas. Pero el hecho es que nada de esto significa nada a la luz de la crisis económica que el mundo enfrenta ahora - a pesar de sus afirmaciones de lo contrario, Trump sólo facilitó los ataques a la clase trabajadora antes y durante la crisis, forzando la reapertura de negocios y escuelas en medio de una pandemia y reteniendo la ayuda del gobierno a amplias franjas de la población. El legado de Trump hasta ahora son las exenciones de impuestos a los ricos y las corporaciones y la quita de regulaciones que ponen los intereses de las empresas por encima de la vida de la gente. Lejos de ser "el presidente del pueblo", Trump es el presidente de los ricos y ya causó la muerte de cientos de miles de personas por el virus, y el empobrecimiento de muchas más por la crisis económica.

A nivel internacional, Trump se mantuvo fiel a su línea de América First, presumiendo de sacar las tropas de las zonas de combate, asesinar a los líderes mundiales, negociar acuerdos comerciales a favor de los EE.UU. y ser duro con China. Trump afirmó que en su segundo mandato se aseguraría de que China pagara por la pandemia de coronavirus por cualquier medio posible. Acusó a Joe Biden de ser un amigo de China y de querer entregar los Estados Unidos a los intereses comerciales extranjeros y a las guerras sin sentido. Pero a pesar de su discurso, está claro que su proteccionismo es sólo otro vehículo para el imperialismo estadounidense.

La cuarta noche del RNC fue un intento de legitimar a Trump como un líder capaz de imponer la estabilidad y resolver la crisis mundial a favor de los EE.UU. Esto es a la vez un signo de la profunda crisis que crece en el país y en el mundo, así como la creciente desilusión entre las masas con el establishment político. Trump está tratando de reunir a su base y de hacer más aliados para asegurar que gane un segundo mandato, pero en un contexto de profundo malestar social, político y económico en los EE.UU. y más allá, no está claro si esto será suficiente para que se mantenga en el poder en noviembre.







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