×
Red Internacional

Ana es auxiliar de educación. Tuvo covid-19 y su empleador, la Dirección General de Cultura y Educación solo se comunicó a través de una app para que solicite licencia médica. Un Estado que pregona la defensa de la educación pero niega la realidad del sector.

Martes 20 de abril | 21:24

Ana realiza tareas como auxiliar en una escuela secundaria. Como su sueldo no cubre los gastos de su vida cotidiana, brinda clases particulares y vende lencería en un showroom junto a su hermana. Sus ingresos son los que sostienen el alquiler del departamento en el que vive con sus dos hijos. Es sabido que los salarios de los trabajadores estatales de la provincia no cubren la canasta básica de alimentos.

A principios del mes de abril, comenzó con síntomas compatibles al Covid-19. Luego de dos días decidió realizarse un hisopado. Intentó realizarlo de forma privada pero los turnos estaban colmados y el resultado se lo darían recién en cinco días.
Concurrió, entonces, al hospital San Martín donde la derivaron a un patio interno donde ya había tres cuadras de cola para hisoparse.

La segunda ola ya comenzaba a azotar a la ciudad, así como el desborde en la atención de los centros sanitarios, situación que fue alertada por los y las trabajadoras de la salud desde el inicio de la pandemia.

Podés leer: Covid-19 sin freno: 500 nuevos contagios en La Plata

Después de siete horas de espera, donde el personal de la salud no descansó un instante, poniendo todo de sí y mucho más a pesar del agotamiento que se volvía casi palpable, Ana salió con el resultado en mano: positivo. “Un baldazo de agua fría”, graficó Ana.

Mientras caminaba del hospital a su casa, los pensamientos se cruzaban de un lado a otro. Pensar dónde estuvo, con quién, cómo se iba a arreglar con los hijos, tener que avisar en la escuela. Y la angustia de suspender sus otros trabajos. Un diagnóstico que trastoca la realidad de miles de trabajadores que, en situación de precariedad o con salarios de miseria, viven al día.

Ana recibió el seguimiento del hospital y faltando tres días para cumplirse el período de aislamiento se comunicaron del municipio para conocer la situación familiar. Desde la Dirección General de Cultura y Educación, su empleador, nunca se comunicaron. El único contacto fue a través de la app para solicitar la licencia correspondiente.

Al cumplir el período estipulado de aislamiento, Ana se recuperó y debió reincorporándose a la escuela, en plena alza de casos en la ciudad y a pesar de haberse suspendido la presencial. “El miedo ronda. El trasporte público está abarrotado y somos laburantes los que lo tomamos. Si bien los chicos no van a la escuela, nosotros tenemos que cumplir horario en estas dos semanas en las mismas condiciones y con los contagios que explotan”, aseguró.

En medio de la emergencia sanitaria que atraviesa la ciudad, muchas escuelas siguen sin contar con los elementos básicos de seguridad y protección, sumado a las históricas falencias estructurales por las que ninguna gestión responde.

Mientras los funcionarios de turno dirimen el supuesto (y poco creíble) liderazgo de la defensa de la educación y la salud en redes sociales, medios televisivos, llegando incluso a la justicia; los contagios no cesan, la atención sanitaria colapsa y el reclamo por un plan de vacunación masivo es más que imperante.




Comentarios

DEJAR COMENTARIO


Destacados del día

Últimas noticias