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UNGS: “Soy primera generación de estudiante universitario en mi familia, no quiero ser la última”

Testimonio de Sebastián, estudiante del profesorado de Historia, que abandonó las cursadas por que se quedó sin trabajo. La historia repetida de miles de jóvenes que no llegan a fin de mes y se quedan afuera de las universidades públicas.

Martes 28 de julio | Edición del día

La pandemia de Covid, además de profundizar la crisis sanitaria, aceleró la crisis económica. Los trabajadores, hijos de trabajadores y jóvenes que estudian en las universidades del Conurbano se vieron afectados con pérdida de empleos, reducción de salarios, y precarización laboral, por lo que se vuelve difícil sostener los estudios. Cada vez hay más pibes y pibas que dejan de estudiar por problemas económicos.

La virtualidad de las cursadas excluyó a miles de jóvenes por falta de conectividad (en UNGS se estima entre un 10% y un 20% de estudiantes no tienen acceso a internet, o tienen un acceso precario a travé de datos móviles) y/o por falta de ingresos para costear los gastos de
estudio. A su vez entre un 10 y 15% de los estudiantes cuenta con el celular como única herramienta para cursar.

El testimonio de Sebastián

Soy Sebastian, soy técnico en refrigeración, y estaba cursando Problemas Socioeconómicos Contemporáneos y Elementos de Prehistoria. Mi situación es el de miles de pibes que tuvieron que dejar la cursada.

Cuando se decretó la cuarentena, mi actividad laboral se paró por completo, tuve que salir a buscar un nuevo laburo de lo que sea ya que no tengo un sueldo fijo. Me metí a trabajar como chofer en una distribuidora de alimentos de lunes a viernes de 8 hs a 18 hs y sábados de 9 hs a 17 hs.Termino muerto de cansancio.

Con este horario no pude sostener las clases virtuales que se dictaban en el turno tarde. Por la cantidad de horas de trabajo me quedo mucho menos tiempo para estudiar. Mi pareja, que se encuentra sin trabajo, hace changas vendiendo ropa y productos de dietética por internet. A pesar de todo el esfuerzo que hacemos, se nos hace muy difícil llegar a fin de mes.

Por esta situación continuar el estudio fue imposible, porque no tengo el tiempo y lamentablemente necesito trabajar. Si ya antes era difícil sostener la cursada, imagínense ahora que la situación empeoró notablemente.

Me gustaría seguir estudiando y recibirme, me encantaría dar clases, pero cada vez se hace más cuesta arriba. No solo me pasa a mí, sino también mis compañeros de cursadas que dejaron la universidad por cuestiones económicas. Yo soy uno más.

Sin embargo este problema no está en la agenda política del gobierno. ¿Por qué le pagamos de nuestros impuestos los sueldos a Mc Donald’s, Clarín, o Techint, y no hay un plan de becas integrales para los estudiantes puedan sostener las cursadas? ¿Por qué no hay un impuesto a las grandes fortunas para que todos los estudiantes tengan dispositivos y acceso a internet?

Sé que la deserción estudiantil es un problema real (se estiman cifras récords entre el 40 % y 50%). En cambio la universidad de General Sarmiento plantea que hay “normalidad”, “continuidad pedagógica” y montón de frases hechas que son una farsa. Mi situación es igual a la de miles de pibes y pibas que hemos sido expulsados, por tener que salir a laburar, por no tener acceso a internet o por no tener las herramientas necesarias.

El rol del centro de estudiantes de El Puente y el Funyp es bochornoso. Son quienes deberían estar organizando a todos los estudiantes para enfrentar la deserción, para que nadie se quede afuera de la universidad, y lo único que hacen es estar alineados al rectorado y al gobierno que guardan un silencio enorme, mientras las universidades expulsan pibes a mansalva.

Yo estoy decidido a no resignarme, a pelearla junto a mis compañeros de cursada y también junto a mis docentes ellos también están sufriendo esta virtualidad, porque laburan el doble que antes y no fueron capacitados, están viviendo en carne propia la precarización de su trabajo.

Soy primera generación de estudiante universitario en mi familia, no quiero ser la última, por eso decidí organizarme. Tenemos que alzar la voz todos los estudiantes para que no nos roben lo que es nuestro, el derecho a estudiar, nuestro futuro.







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