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OPINIÓN.UNLP: ¿Ir a la Universidad?

La carta de una madre que causó controversia al recomendarle a sus hijos irse con una mochila por el mundo en vez de ingresar a la Universidad. Un debate necesario.

Sofía MattaEstudiante de Artes Plásticas - Facultad de Bellas Artes

Martes 16 de agosto de 2016 | Edición del día

Una mujer estadounidense escribe una carta recomendándoles a sus hijos no ir a la universidad y viajar por el mundo, conocer, sentir y vivir la vida sin cargar con el peso de llenar las expectativas de alguien más a través de presiones, fracasos y competencia. Un intento de fuga a la enseñanza sistemática que moldea a miles de jóvenes en su necesidad por obtener un titulo.

Hace destacar la pasión, la originalidad, la autoconfianza, el respeto por el otro y la libertad de elegir sobre sus pasos. Por detrás, una “caridad” que se disfraza de libertad, dejando los contratiempos a un lado, pero presentes, y el esfuerzo para alguien más:

“(…)Personalmente, preferiría que agarraran una mochila e hicieran dedo hasta Siberia, iniciaran un negocio de jabones naturales, fueran de voluntarios a Haití, lo que sea.

Se los digo como una ex obsesionada con ser la más inteligente, como su tía Mandy solía llamarme. Puede que lo encuentren difícil de imaginar ahora, pero en mis tiempos era una desagradable que lograba superar las expectativas y se decepcionaba profundamente si recibía cualquier cosa menos una A+ y una estrella dorada.(…)”

Una respuesta al problema muy poética pero sin embargo muy vacía de contenido y soluciones concretas, donde se sigue reproduciendo la inacción y la individualidad ciega que se nos enseña diariamente. Una “liberación” que no contempla los contextos sociales económicos ni políticos, que es válida para quien pueda pagarla y quien no viva la misma suerte se queda en el camino.

Esto funciona solo a modo de ejemplo del malestar que trascienden y naturalizan día a día cientos de miles de jóvenes en torno a la universidad y la exigencia que se carga en la espalda a la hora de culminar una carrera. Arrastrando una filosofía de vida que domina al servicio de un sistema capitalista y clasista.

Lo cierto es que miles de personas sufren la diaria frustración de no poder alcanzar las expectativas que ponen en lo alto de un pedestal los planes de estudio universitarios. Con exigencias que sobrepasan cualquier iniciativa, infravalorando al individuo y el esfuerzo, descuidando la realidad y contexto que presenta; como se puede ver en la facultad de ciencias medicas de la UNLP, en donde solo el 2% de su amplia totalidad de estudiantes aprobó el primer cuatrimestre, como en tantas facultades que llevan adelante políticas de vaciamiento y selección de legajo, más aun, naturalizando en cada programa la competencia, la dependencia, y el sentimiento de pertenencia con una calificación que va del 1 al 10, colocando como figura ejemplar el merito que pueden obtener sectores sociales que orgullosamente pueden decir que dedican su vida solo a estudiar.

Mientras que por otro lado ser madre, trabajar, no tener los recursos económicos suficientes, o simplemente querer hacer algo mas por fuera de las paredes de clase, despoja el derecho a la educación de un amplio sector que nunca tendrá las posibilidades de alcanzar la “meta ideal”. Además de exacerbar las falsas imágenes de “vagos” y “cómodos” que reproducen los sermones del “querer es poder” de quienes si tienen la suerte y el prestigio de estar en otra situación.

Entonces, ¿Profesionales para qué?

Esta pregunta que pocos responden a la hora de cuestionar la universidad, es el debate que se debería poner en el centro.

Año tras año, a los estudiantes que consiguen su título en abogacía, medicina, psicología, etc., se les promueve el merito del esfuerzo individual y el ejercicio de una práctica al pleno servicio de un modelo que les otorgue un enriquecimiento y crecimiento personal.

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Este año en un gobierno empresarial como el de cambiemos que no tiene nada para ofrecer más que recortes al presupuesto educativo y transferencias de subsidios al sector privado y a multinacionales como McDonals que avanzan con paso firme a la precarización laboral y la explotación. La pelea por la educación pública está a la orden del día.
Ni abandonar, ni naturalizar que un compañero deje un banco vacío, ni ser solo un porcentaje privilegiado.
La salida al problema de raíz no es dejar de ir a la universidad, no es un viaje sin retorno lejos de los problemas, sino poner en cuestionamiento que tipo de universidad queremos, y organizarnos para construirla al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, en función de las mayorías y no de las minorías.

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