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Un año de la generación 14-O ¿quién la representa?

Una año después de la generación del 14O, hoy la CUP insiste en recuperar la “unidad estratégica” con el procesismo. ¿Qué alternativa política necesitamos la juventud que estuvimos a la cabeza de la respuesta a la sentencia del procés?

Pablo Castilla

ContraCorrent Barcelona

Martes 20 de octubre | Edición del día

Hace un año se produjeron en Cataluña las masivas movilizaciones contra la sentencia del procés. Las calles de Barcelona y otras ciudades catalanas se llenaron de barricadas durante varias jornadas, enfrentando la represión policial. Las universidades se vaciaron y noche tras noche la juventud éramos protagonista de los enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra y la Policía Nacional.

“Cuando la burguesía renuncia consciente y obstinadamente a resolver los problemas que se derivan de la crisis de la sociedad burguesa, cuando el proletariado no está aún dispuesto para asumir esa tarea, son los estudiantes los que ocupan el centro de la escena.” Esta frase del revolucionario ruso León Trotsky ilustraba parcialmente lo que podía estar empezando a suceder.

Cuando condenaron a los líderes independentistas a prisión por organizar un referéndum, la rabia de miles y miles de jóvenes estalló. Representábamos el enfado de una generación con la represión del Estado, pero también el hartazgo de años de procesismo tras la dirección de ERC y los herederos de Convergència.

Aparecía una generación que finalmente se cansó de escuchar los llamamientos a la calma del Govern, incluso cuando sus propios líderes eran encarcelados, y que no queríamos resignarnos a un futuro de precariedad, elitización de los estudios superiores y pobreza, de lo que estos mismos partidos eran responsables directos.

Los partidos tradicionales de la burguesía catalana se habían negado – y lo siguen haciendo – a desarrollar las únicas fuerzas que pueden conquistar la independencia de Catalunya. En el otoño de 2017 esto había quedado más que claro. Quizá el hecho más significativo fue en el 3-O, cuando quisieron convertir la protesta en un paro patronal, en lugar de una huelga general, para evitar que sectores de la clase trabajadora entraran en escena ¿Por qué? Porque no quieren que quienes hacen funcionar los transportes, la sanidad, la educación y las fábricas puedan en última instancia intervenir y decidir qué tipo de república catalana es la que estaba por conquistarse.

“Los problemas que se derivan de la sociedad burguesa” en el Estado Español incluyen la negación del derecho de autodeterminación para los pueblos, pero también los derivados de las grandes crisis económicas y sociales como la del 2008 o ahora la del coronavirus. En todas ellas JxCat -antes CiU- y ERC han mantenido una clara línea neoliberal. Lo vimos recientemente, antes de la pandemia, con la Ley Aragonés y durante los años anteriores con las peores privatizaciones y recortes.

Por lo tanto, y esto empezó a ser una idea que, aunque fuera de manera difusa empezaba a aparecer hace ahora un año en miles de jóvenes, de la mano de estos partidos ni el problema nacional ni el problema social se pueden resolver. Con ellos las crisis las va a seguir pagando la clase trabajadora y los sectores populares y con ellos solo queda resignarse a la supervivencia de un régimen liberticida y cada vez más represivo.

A un año de aquel octubre caliente podemos preguntarnos ¿En qué ha quedado aquella rabia de la juventud y su hartazgo con el processisme? ¿Qué alternativa política hay que pueda canalizar ese descontento y pelear por una salida a los problemas de la clase trabajadora y afrontar la cuestión de la autodeterminación?

Muchos de aquellos y aquellas jóvenes que ocuparon la Plaza de Urquinaona y la reivindicaron como una verdadera “batalla” miraron a la CUP en busca de esa alternativa. En las pasadas elecciones generales, la formación anticapitalista se presentó con una propuesta que negaba el apoyo al mal menor que representaba la opción de un gobierno PSOE-UP, a la par que se distanciaba de ERC y JxCat por su rol en la represión de las movilizaciones de octubre.

Precisamente por estos dos puntos, desde la CRT pedimos el voto crítico para dicha candidatura, aun manteniendo todas nuestras críticas por su actuación durante los años previos y su negativa a abandonar la ilusión de que el derecho a decidir se conquista por medio de la unidad con estos partidos.

La política de la CUP durante el llamado “procés” había sido esta, la de la alianza y la mano extendida hacia burguesía catalana. En ese papel de ala izquierda del procesismo, invistieron a Puigdemont, aprobaron sus presupuestos neoliberales de 2017 y, en definitiva, se negaron a desarrollar una alternativa independiente para la clase trabajadora y los sectores populares.

Una hoja de ruta que, en estos últimos meses, en los debates de cara a las ya convocadas elecciones autonómicas en los que también hemos participado desde la CRT, esta formación parece reafirmarse y profundizar. Lejos de romper con JxCat y ERC, se prepara para reconstruir una unidad con ellos apostando por reconstituir la “unidad estratégica” del independentismo. Así lo dejó claro hace poco el diputado cupaire Carles Riera cuando llamó en el Parlament a un “nuevo acuerdo nacional”, y así está planteando en los debates internos, donde incluso se prevé la negociación con el Estado y la búsqueda de apoyos en la comunidad internacional.

Un retorno a esta unidad que se propone además en el mismo momento en que JxCat y ERC están gestionando la pandemia con medidas idénticas a las del gobierno central, condenando a morir a miles por falta de inversión o negarse a intervenir clínicas y laboratorios privados, y sosteniendo las mismas políticas de rescate a las grandes empresas.

La propuesta de la CUP no representa por lo tanto una alternativa para toda aquella juventud que salimos a las calles tras la sentencia del juicio farsa. Supone decir a quienes enfrentamos la represión hartos del procesismo que ahora hay que aliarse de nuevo con los mismos que los reprimieron y que defienden las políticas neoliberales causantes de la precariedad laboral que vive la juventud.

Es el momento de convertir aquella rabia de Urquinaona en una verdadera alternativa política desde la izquierda. Una propuesta que se proponga aquello que JxCat y ERC temen y que la CUP se niega a hacer: levantar una izquierda anticapitalista, revolucionaria y con independencia de clase. Que luche por hacer pagar la crisis a los capitalista enfrentando a la Generalitat y al gobierno “progresista” responsables de una gestión de la pandemia destinada a proteger los intereses de la burguesía.

Una izquierda que junto a la juventud se organice también en las universidades para conquistar la gratuidad y acabar con las tasas que el Govern impone; pelee á por una universidad para la transformación social y no para capital, y una a los sectores de trabajadores en lucha como los MIRs o los obreros de Nissan y subcontratas cuando peleaban por no perder sus puestos de trabajo.

Que pelee por la autoorganización en los centros de trabajo y de estudio, por poder reagrupar a los sectores más avanzados de la clase trabajadora y que ésta pueda entrar en escena con todo su potencial, uniendo la lucha democrática con las demandas sociales, peleando por imponer procesos constituyentes verdaderamente libres y soberanos sobre las ruinas de este régimen.

Que luche en la perspectiva de conquistar una república obrera en Catalunya en una pelea común con los pueblos del resto del Estado, que pueda federarse libremente con otras repúblicas de trabajadores y trabajadoras. En definitiva, que ligue la lucha por el derecho de autodeterminación con un programa anticapitalista que dé respuesta a los problemas de “la crisis de la sociedad burguesa” en alianza con el resto de los pueblos del Estado.

Desde la CRT creemos que ha llegado la hora de que las organizaciones anticapitalistas que negamos la “unidad estratégica” con la burguesía levantemos una alternativa junto a quienes no les entra en la cabeza un nuevo consenso con los partidos tradicionales de la burguesía catalana, responsables de parte de la represión y de las principales políticas neoliberales que nos han traído nefastas consecuencias para la clase trabajadora y los sectores populares en la crisis del coronavirus. Así se lo estamos planteando a grupos como Lluita Internacionalista, Corrent Roig y aquellos sectores de la izquierda independentista que no comparten el curso de la CUP.

Ha llegado el momento de que aquella juventud harta de procesisme que llenó las calles de Barcelona de barricadas tomemos también en nuestras manos la construcción de una alternativa de anticapitalista, revolucionaria y de independencia de clase.







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