Política

PATEANDO EL TABLERO

Un antes y un después en el Gobierno de Gerardo Morales

Editorial en Pateando El Tablero, 101.7 Jujuy FM, miércoles de 13 a 15 hs.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Miércoles 7 de octubre | 18:02

Foto: El Tribuno

Con la irrupción de miles de mujeres, madres, jóvenes, estudiantes, trabajadoras bajo el grito de “ni una menos”, en la última semana de septiembre, algo empezó a cambiar en la provincia. ¿Pero de qué se trata más precisamente?

Primero, sin dudas el movimiento de mujeres hizo escuchar sus reclamos de Justicia por las víctimas de femicidio en distintas localidades, incluso algunas donde nunca antes se habían animado a expresarse públicamente, un eco que llegó a impactar a través de los medios nacionales en todo el país.

Como dijimos en la editorial de la semana pasada, detrás de la exigencia al gobierno y al Estado de Justicia, se expresa un malestar muy profundo con el accionar policial ante la desaparición de mujeres, sino también por el costo de la crisis económica y social que la pandemia agravó y que se descarga con mayor virulencia sobre las mujeres y los jóvenes de los sectores más vulnerables de la clase trabajadora.

Segundo, el hecho que sean miles de mujeres en las calles las que desafiaron al gobierno con su política de “quedate en casa” con la cual, se pretende algo más que un cuidado sanitario, si no es una forma de justificar la inacción ante las penurias de aquellas y aquellos que perdieron sus empleos, la posibilidad de salir a vender en las ferias o hacer changas en los últimos meses. Así el gobierno busca imponer la postergación de los reclamos y esperar una limitada asistencia social del Estado, bajo amenaza de recibir el peso de la Justicia con contravenciones y detenciones policiales.

Tercero, mirando más allá de lo inmediato, el hecho que sean miles de mujeres en las calles quienes le dijeron basta al gobierno de Gerardo Morales, pone un antes y un después en su segundo mandato. Recordemos que para el gobierno el control de la calle, tras detener ilegalmente a Milagro Sala y desarticular la organización social, Tupac Amaru, fue un pilar de su gestión y pudo sentar un disciplinamiento social a fuerza de causas judiciales, no solo sobre el sector informal y precarizado de la clase trabajadora, sino también lo hizo extensivo al movimiento obrero ocupado. La escalada represiva y persecutoria tuvo su pico máximo en las balas policiales contra los obreros del ingenio La Esperanza en diciembre 2017 y las detenciones en víspera de navidad. Y no podemos olvidar que también lo hizo sobre la juventud con la detención del presidente del centro de Estudiantes de la Facultad de Cs. Agrarias con la Policía violando la autonomía universitaria o sobre las y los estudiantes secundarios de los CEIJAS a quienes reprimió y detuvo días antes de la semana santa en 2018.

Cuarto, pero también que miles de mujeres y jóvenes, los que más sufren las crisis de esta sociedad, pierdan el miedo y en medio de una cuarentena salgan a ganar las calles, también es un problema para todos aquellos que le facilitaron la tarea a Morales de poner en pie su régimen policíaco contra la clase trabajadora. Me refiero a la policía política al interior de los sindicatos, tal como la definiera el dirigente revolucionario, Leon Trotsky, a la burocracia y su rol en los sindicatos, que en el caso de la provincia es mayoritariamente integrante del Partido Justicialista. Un partido que a su vez, aportó y aporta, su personal político en la Legislatura y en la Justicia a los fines de sostener no solo a Morales, sino también a un régimen de gobierno al servicio de los dueños de Jujuy.

Quinto, estas postales de septiembre en las calles es lo que preocupa a todos ellos, no solo por el presente donde se disputa que medidas necesita el movimiento de mujeres para enfrentar la violencia de género, sino les preocupa un futuro no muy lejano de mayor lucha de clases. Así lo advierte un estadista de su propia clase, el ex ministro de economía de Menem y De la Rúa, Domingo Cavallo, previendo el año 2021.

Como conclusión el gobierno de Morales intentará reponerse de este golpe, aunque difícilmente logre relanzarse o recuperar todo lo perdido, considerando la profundidad de la crisis económica que amenaza cada vez más con quedarse. El PJ intentará ayudarlo y aguantar desde los sindicatos y organizaciones sociales que dirige a que no explote la calle, comenzando por llamar a las miles de mujeres que despertaron a la vida política a esperar desde sus hogares una solución a sus reclamos por parte de las instituciones del Estado provincial y nacional. Las mismas instituciones que hace años a través de sus funcionarias y funcionarios hablan y hasta marchan por “ni una menos”, pero sostienen a las policías socias de la trata de personas y de las redes de prostitución.

Por lo pronto, en la comisión de género de la Legislatura de Jujuy, se libra una primera batalla contra esta estrategia de volver a cierta normalidad, dado que Morales ayudado por el PJ intentará que a lo sumo salga algún proyecto de Ley de Emergencia contra la violencia hacia las mujeres, evitando eso sí, una Ley que realmente implique un presupuesto acorde a la construcción de refugios, vivienda sociales, un ingreso y licencias laborales para las mujeres que lo necesiten, conformar equipos interdisplinarios de asistencia y que los fondos sean controlados por las organizaciones de mujeres. Por eso, tener en claro quiénes son las y los enemigos, y cada una de las trampas que van a poner en el camino, es la única vía al momento de unir y movilizar la fuerza de las mujeres y la juventud junto a los trabajadores, ocupados y desocupados, porque es en las calles donde el movimiento de mujeres y la clase trabajadora han conquistado sus derechos a lo largo de la historia. Y esta vez, no será la excepción, más aún, cuando lo que está en juego es quien paga los costos de una crisis de magnitudes históricas.







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