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Un día sin cosechadores: pandemia, escasez de trabajadores y racismo en Mendoza

La imposibilidad de movilidad de trabajadores golondrina producto de la pandemia abre un nuevo debate sobre quiénes van a levantar la cosecha. El empresariado mendocino, el gobierno y algunos medios de comunicación señalan como solución emplear localmente. Pero ¿cómo impacta en la condiciones de vida de los trabajadores en y fuera de la provincia?

Rubén Vera

Ex trabajador de YPF

Juan Ignacio Román

Sociólogo-Becario Conicet Candidato al Consejo Directivo FCPYS por Egresados

Viernes 23 de octubre | 13:30

En Mendoza, se estima que se necesitan 15.000 trabajadores para levantar las primeras cosechas de la temporada. Éstas se inician ahora con el ajo, a finales de octubre es tiempo del damasco, durazno y cereza hasta la llegada de la vendimia y, concluye con la nuez y la papa el año que viene. Producto de la pandemia, el empresariado mendocino, el gobierno y algunos medios de comunicación señalan con anticipación que va a haber un grave problema este año para levantar las cosechas. Y en este sentido ya vienen aparentemente trabajando para resolverlo junto con el Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas (SOEVA).

El sector agroindustrial mendocino demanda grandes cantidades de trabajo asociado a la estacionalidad de los cultivos. Utilizado principalmente durante la cosecha y la poda, el trabajo tiene un peso considerable en los costos de la producción y por ende en las ganancias de la actividad. En este marco, el trabajo golondrina, históricamente, ha sido la forma de organización del trabajo de la cosecha por la cual resolvía la escasez de mano de obra barata que a su vez presiona a la baja de los salarios. Introduciendo la competencia entre trabajadores “criollos” y migrantes, estos últimos eran más proclives a aceptar peores remuneraciones. Hoy esta modalidad cae de bruces ante la imposibilidad de que trabajadores golondrinas puedan desplazarse producto de la pandemia.

Los sectores empresariales que se hacen eco en los medios, explican esta “escasez de brazos” a través de prejuicios y cayendo en lugares comunes. Uno se esos prejuicios es que la Asignación Universal por Hijo/a (AUH) desalienta el trabajo, aumentando la reticencia o “vagancia del mendocino”. A lo que se le suman la imposibilidad de movilidad de trabajadores golondrina por la pandemia.

En varios medios se ha esbozado la idea que la AUH desalentaría el trabajo. Sin embargo, si analizamos los datos relevados por la misma ANSES la asignación representa en promedio el 30% del ingreso que percibe la familia. Es decir, que ninguna asignación, que está actualmente en $3540 pesos, resuelve todas las necesidades básicas de una persona. Recibir la asignación no reemplaza la necesidad de salir a trabajar.

Por otro lado, ante la situación que se avizora surge el prejuicio empresarial contra "la vagancia de los mendocinos”. Sin embargo, no es el trabajador el que no quiere trabajar sino la voracidad empresaria la que desalienta este tipo de trabajos, que afectan seriamente la salud física y la dignidad del trabajador. Por ejemplo, el salario vitivinícola tiene un régimen especial por el cual los trabajadores y las trabajadoras tienen un salario inferior a la media de los empleados rurales del país, incluso muy por debajo al del sector de la alimentación. Hoy un trabajador de viña arranca su sueldo en $23.635,91, muy por debajo de lo que necesita una familia mendocina que en junio la canasta era de $ 38.742 para no caer en la pobreza. A esto se le suma, la estacionalidad del trabajo agrícola y las jornadas extenuantes que hacen que sea un trabajo muy duro para realizar.

Por parte del gobierno provincial ya se ha avanzado en un Registro de Información Nominal para Vendimia y Tareas Agrícolas (REINVENTA) a través de su página web y también pueden inscribirse en las oficinas municipales de empleo. El propósito es sostener y garantizar la cosecha con los trabajadores locales, a través de “facilitar el encuentro entre oferentes y demandantes de trabajo”, como a su vez, “brindar la capacitación necesaria para levantar la cosecha”.

Estas políticas vienen a ser presentadas por el gobierno como la salvación para la generación de trabajo y la reactivación económica local, ante la cruda realidad que en la provincia el 41,5% de su población vive bajo la línea de pobreza y la desocupación llegó al 15% en el segundo semestre del 2020. Y en tal sentido, se preparan a subsidiar nuevamente a la burguesía bodeguera mendocina, principalmente, con la excusa de sostener la producción y la riqueza de Mendoza.

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Sin embargo, existe un plan B. Ya hay tratativas del lobby empresario para permitir la circulación de trabajadores entre las provincias. Como ejemplo, este año la vendimia fue declarada esencial y se mantuvo a los trabajadores en actividad. Una vez terminada la cosecha fueron recurrentes las situaciones de las familias varadas por días en la terminal de Mendoza sin ninguna ayuda empresarial ni estatal.
Esenciales y maltratados, nuevamente son necesitados sin importar la salud de los mismos. En una nota publicada en el Mendoza Post se señala que “el problema es que necesitamos a los norteños... porque los criollos son menos propensos a trabajar duro..." dijo en reserva un ingeniero agrónomo de importantes bodegas a este diario. Es decir, los norteños aceptan cosas, como el trabajo en negro, los bajos salarios y las pésimas condiciones que supuestamente los locales no, claramente mostrando lo peor del racismo empresarial.

Familias golondrinas varadas en la terminal de Mendoza

Así se presenta el falso dilema entre “emplear locales versus emplear migrantes”. Sin embargo, emplear localmente no resolvería el problema de la desocupación. Por un lado, sólo se genera un tipo de trabajo que es temporario y precario. Y por el otro, teniendo en cuenta que los mercados laborales de las economías regionales funcionan interconectados y la estrategia empresarial siempre ha sido dividirlos a través de regímenes espaciales, sólo tendrá el efecto de profundizar el problema del desempleo de una provincia a otra. En el fondo lo que oculta es que el sector empresarial no quiere pagar el costo de la situación que implicaría aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales del trabajador agrícola.

Ahora bien, imaginemos la siguiente situación: un día de la nada desaparecen todos los trabajadores de un país. Se paralizan los hospitales, no hay alimentos porque nadie puede cosecharlos, no hay quienes mantengan las casas, ni atiendan los comercios ni quienes transmitan las noticias diarias en la televisión. Estalla el pánico empresario y el caos en toda la sociedad. Esto es lo que plantea la película bajo el nombre “Un día sin Mexicanos” del año 2004, ambientada en los EEUU, la cual revela dos verdades fundamentales. Por un lado, los verdaderamente esenciales son los trabajadores. Y en segundo lugar que, a pesar del racismo y la xenofobia, para la burguesía las migraciones son una gran fuente de mano de obra barata para ser explotada.

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Desde la Izquierda se propone impulsar un plan "Inter Cosecha" interprovincial sostenido por impuestos progresivos a las grandes explotaciones agraindustriales (en Mendoza a las grandes bodegas y viñedos, las grandes conserveras y agroexportadoras), que unifique el sueldo de todos los trabajadores rurales a un sueldo mínimo igual a la canasta básica.

Al mismo tiempo que se debe avanzar sobre el blanqueo y el total reconocimiento de derechos de todos los trabajadores rurales, se debe brindar la posibilidad de trabajar a todos los trabajadores de otras provincias, asegurando en las empresas todas las condiciones de sanidad, de vivienda, de alimentación, y de transporte que merecen.







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