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GRECIA

Un incendio destruye el campo de refugiados más grande de Europa y deja a miles sin techo

El campo de refugiados de Moria en Grecia se incendió este miércoles dejando hasta a 13.000 migrantes sin techo. Las condiciones inhumanas en las que vivían habían sido denunciadas en varias oportunidades. El Gobierno de Grecia les había negado la salida del campo con la excusa del contagio de coronavirus.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 9 de septiembre | 14:49

El campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos perteneciente a Grecia, que albergaba a cerca de 13.00 personas, ha quedado prácticamente destruido tras un incendio en la madrugada deeste miércoles.

Moria es un campo de refugiados tristemente célebre por la situación inhumana en la que viven miles de migrantes que habían huido de sus países en medio oriente o África por la miseria y las guerras propiciadas por los propios países de Europa o Estados Unidos. Decenas de veces se había denunciado la situación en la que los migrantes tenían que vivir hacinados a la espera de un permiso de residencia que nunca llegaba. Esa situación se vio profundizada con la pandemia de coronavirus, ya que el campo no contaba con condiciones sanitarias básicas para evitar una ola de contagios mortal. Mientras que Europa miraba para otro lado el Gobierno de derecha y conservador griego les negó la salida del campo y la isla con la excusa de la enfermedad.

El incendio se produce una semana después de la aparición del primer caso de COVID-19 en Moria, y un día después de que las autoridades sanitarias confirmasen que entre las 2.000 personas que tuvieron contacto con el paciente, 35 dieron positivo en la prueba y debían ser aisladas. De todas estas personas, solo una presentaba síntomas.

La situación provocó enfrentamientos al interior del campo y el inicio del fuego, en medio de exigencias de los residentes para que se les permita salir.

Debido a los fuertes vientos, las llamas se propagaron con rapidez y arrasaron prácticamente todo, especialmente los contenedores y carpas.

El encargado gubernamental para los campos de refugiados, Manos Logothetis, afirmó que el campo ha sido totalmente evacuado y que ahora el reto es buscar alojamiento para las 13.000 personas que lo habitaban.

Increíblemente el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, advirtió que "no tolerará la violencia". Echando la culpa a los refugiados y habilitando la represión policial dijo "Reconozco que las condiciones son difíciles. Pero no pueden justificar reacciones violentas a controles sanitarios, tampoco disturbios de esta envergadura".

Lo dijo mientras miles de personas huían hacia la capital, Mitilene, y la policía bloqueaba el acceso a la ciudad con la intención de reprimir a los refugiados que ahora quedaron sin un techo y expuestos a todo tipo de padecimientos.

Muchas organizaciones humanitarias llevan meses advirtiendo de que, debido a las pésimas condiciones sanitarias, Moria es un polvorín y desde hace tiempo exigen que como mínimo se evacue a toda la población vulnerable.

La portavoz de Human Rights Watch (HRW) en Grecia, Eva Cossé, afirmó que el incendio "no es una sorpresa cuando se tiene a 12.000 personas encerradas en un lugar diseñado para 3.000, bajo estricto bloqueo. Incendio provocado o no, esto podría haberse evitado".

En un comunicado conjunto Oxfam Intermón y el Consejo Griego para los Refugiados destacaron que se trata de una "tragedia totalmente evitable", consecuencia de años de "una respuesta equivocada de la UE y sus estados miembros a la llegada de personas que huyen del conflicto y la persecución".

Ahora tanto el Gobierno griego como de los principales países europeos han salido a lamentarse de la situación, sin embargo son responsables de la larga cadena de padecimientos de cientos de miles de personas que llegaron en los últimos años a Europa huyendo de la situación en sus países.
Los países imperialistas europeos, junto a EE. UU. y distintas potencias regionales hay propiciado guerras en África y Medio Oriente y han saqueado los recursos de sus países durante años, sumiéndolos en la mayor de las miserias. De esto huyeron familias enteras sorteando las mafias y las redes de trata, primero a través de la ruta balcánica que era relativamente más segura y, una vez que Europa la cerrara con la ayuda de Turquía (que recibió miles de millones de euros a cambio), vía el Mediterráneo que se convirtió en una verdadera tumba para los migrantes.
Aquellos que podían llegar a Europa terminaban hacinados en campos como el de Moria, o en el mejor de los casos trabajando en condiciones de alta precarización (cuando no de semiesclavitud), rodeados de un clima de odio y racismo. Ese fue el sentimiento diseminado por todos los gobiernos europeos, cediendo a la demagogia antiinmigrante de las derechas locales que se fortalecieron en los últimos años.

El incendio en el campo de Moria, no es más que el último símbolo de la brutalidad de la política de los gobiernos europeos hacia los inmigrantes.







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