Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

Una democracia que necesita “service”

La muerte del fiscal Nisman y sus consecuencias desnuda el carácter de un Estado que tras su pantalla “republicana” de la división de poderes, muestra los límites de una democracia pos dictadura donde la UCR y el PJ pactaron con el viejo aparato represivo. Pacto del que participan, hasta el día de hoy, todos los partidos capitalistas y las corporaciones empresarias, judiciales y mediáticas. La izquierda es la única que enfrenta a las castas, las corpos y los espías de toda una clase.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 8 de febrero de 2015 | 12:39

Guerra de (alto) desgaste

En esta guerra de desgaste entre el gobierno y la “corpo” judicial se acaba de dar un nuevo paso. En su edición del sábado La Nación publica una columna de Adrián Ventura que habla la crisis que parió "nuevos actores sociales". De nuevos no tienen nada. Se trata de la vieja y conocida casta judicial. La "gran familia" que actúa según sus intereses, mediados por sueldos astronómicos y privilegios de toda índole. Una de las corporaciones no desarmadas –apenas cuestionadas- en diez años de kirchnerismo.

Como denuncian Martín Granovsky y Horacio Verbitsky en sus columnas de hoy en Página/12, los fiscales Raúl Plee y Ricardo Sáenz fueron denunciados oportunamente por trabar las investigaciones de la causa AMIA y su encubrimiento en la época del Juez Galeano. “Sáenz es el Secretario General de Certal, la entidad de lobby que sostienen los operadores de cable, entre ellos el Grupo Clarín. Su coordinadora es Ana Recondo, hija de Ricardo Recondo, presidente de la Asociación de Magistrados. Recondo y Sáenz convocaron a los candidatos presidenciales a la firma de un acuerdo reclamando que las escuchas judiciales no queden a cargo del Ministerio Público Fiscal sino de la Corte Suprema. Ese es el deseo de su discreto presidente, Ricardo Lorenzetti, quien observa la máxima aristotélica de que uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras, y también conoce el arte de actuar por interpósita persona.”
Es que el conjunto de la casta judicial se encuentra entrelazada con el viejo y “nuevo” aparato represivo. No son solo aquellos jueces que juraron bajo la última dictadura y aún están en funciones, sino el conjunto de este “poder de la república”.

Como sostiene Claudio Mardones en la última edición de Le Monde Diplomatique, “…la particular transversalidad del espionaje criollo sobre las distintas esferas de la vida pública argentina, donde la política se entrecruza con el gris que tiñe al fuero federal, uno de los poderes estatales que, discretamente o no, se encuentra virtualmente intervenido por el tráfico de información reservada a través de la SI, el organismo de espionaje dependiente de la Presidencia que, en la letra de la ley, debería funcionar como auxiliar de la Justicia.

Pero el auxilio técnico basado en el tráfico de información y en la intercepción de comunicaciones telefónicas aparece, más que como un mecanismo de ayuda, como una indescifrable dependencia del poder judicial respecto de los servicios de inteligencia, lo que le ha proporcionado a la estructura del espionaje una fuerte autonomía”.

Sea del bando que sea, con Justicia Legítima o con los “desestabilizadores” que convocan a la movilización del 18F -con vocación de auto preservación y defensa tácita de los espías-, todo el arco político capitalista defiende esta corporación. Solo desde el Frente de Izquierda se cuestiona y enfrenta este poder y sus jefes en las sombras, exigiendo la remoción inmediata de todos los jueces que juraron bajo la última dictadura, la elección de todo magistrado por voto popular, la revocabilidad de todos los cargos y la eliminación de salarios millonarios remplazados por equivalentes al salario de cualquier trabajador. Algo que, para el conjunto de los partidos que defienden este orden social, se parece a dispararse en un pie.

La casta política

También en el “poder legislativo” se devela la misma realidad. Patricia Bullrich, Laura Alonso, Elisa Carrió… todos hacen cola para contar sobre su íntima relación con el fiscal que pretendía la prisión para la Presidenta y el Canciller por encubrimiento. “La piba” Bullrich puede que conozca mucho del paño. Bajo el gobierno de La Alianza se utilizó la SI para garantizar mediante coimas la aprobación de la reforma laboral contra los trabajadores.

Y como se viene denunciando desde La Izquierda Diario, los servicios de inteligencia fueron usados para el encubrimiento de la causa AMIA ya que la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Investigación de los Atentados, fue “asistida” nada más y nada menos, que por Stiuso y Pocino. Es decir, que “asistían”, entre otros, a la por entonces Senadora Cristina Fernández de Kirchner.

Tal vez de esa época date la relación de Stiuso con el poder kirchnerista que lo mantuvo en su cargo y lo designo como colaborador de Nisman. Habría que preguntarse: si Cristina votó en minoría en aquella Bicameral denunciando el encubrimiento, ¿por qué nombraría al “asistente” de dicha operación para continuar en la causa?.

Por su parte, la Comisión Bicameral Permanente de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia no registra actividad. ¿Por qué será?
Es la casta política que vive de hacer campañas con los carpetazos de la SI o las coimas de “la servilleta”, la que vive como empresarios gracias a los “dietazos” que llevan sus remuneraciones a cifras exorbitantes diez o doce veces por encima de una maestra o un trabajador común.

Los proyectos de ley que presentó el PTS en el Frente de Izquierda en las legislaturas de Neuquén, Mendoza y el Parlamento Nacional para que todo funcionario gane el sueldo equivalente al de una maestra busca desenmascarar a esta casta política al servicio de los empresarios.

Ese vínculo entre esa casta política y la corporación de los espías es inmanente a la defensa de un orden social basado en los intereses de la minoría de la sociedad, los grandes capitalistas locales e imperialistas. Un orden así no puede más que sostenerse sobre la base del espionaje, el control creciente y la represión sobre la sociedad en su conjunto. Que esto derive en operaciones políticas contra los opositores de turno es un “daño colateral” de la función estratégica de esas instituciones.

Aunque los espías se vistan de seda, los Stiuso quedan

Morales Solá afirma hoy que "El cristinismo es audaz. Borró sin rubor diez años de secuaz convivencia con el más importante jefe de los espías argentinos, Antonio Stiuso. Él es ahora su enemigo y Nisman era su cómplice. Sin duda, el general César Milani, enfrentado con Stiuso desde que el militar se dedicó al espionaje interno, se convirtió en el gran triunfador de una guerra sin cuartel entre los distintos servicios de inteligencia al servicio del oficialismo".

También hablando de Stiuso, pero desde la vereda de enfrente, Horacio Verbitsky señala que “la personalización de todos los males en ese hombre tiene para el gobierno un problema adicional. Si tuviera éxito y el país entero abominara del nuevo villano, podría estar lanzando un boomerang. Es cierto que grabó y filmó para todos los gobiernos de la democracia, de lo cual yo también tengo constancias personales. Pero una vez admitido que extirpar esa flor monstruosa es una tarea democrática estimable, subsiste la incómoda pregunta sobre cómo pudieron dormir en el mismo lecho durante once años. El gobierno tiene para estas objeciones una respuesta clásica: había otras prioridades, hubo que librar batallas más urgentes, recién lo enfrentan cuando se torna intolerable”.

Extraña paradoja -aunque tal vez no tanto- resulta el que Horacio Verbitsky haga afirmaciones del mismo tenor. En todo caso que los columnistas opositores y oficialistas coincidan, pone en evidencia que la mística de las trasformaciones ya no alcanza para tapar la "agenda pendiente" que lleva una década y que los “malos” que crea el gobierno para sobrevivir, son el producto de la impunidad que él mismo le otorgó en la década que pasó.

En este marco, las críticas que realiza Verbitsky y el CELS al proyecto express de disolución de la SI y creación de la AFI muestran que la intención del gobierno es la de cerrar una crisis política que lo daña seriamente sin buscar (la más que utópica) democratización de los espías: “el oficialismo, por su parte, presentó un proyecto apurado con errores de forma y de fondo. Si bien ha demostrado disponibilidad para introducir cambios, insiste en aprobarlo en plazos exiguos, para que la presidente CFK pueda anunciarlo en la inauguración del año parlamentario el 1º de marzo. Este ritmo de vértigo tampoco es aceptable, dada la importancia de las cuestiones en juego, como la propia presidente reconoció al decir en el mensaje de elevación que se trataba de una deuda de la democracia argentina. Saldarla requiere reflexión, consultas, discusiones, cotejo de experiencias internacionales, diálogo entre los expertos de cada partido y de la sociedad civil.”

Entre los puntos críticos señalados por el CELS resaltan el mantener parte de la nueva agencia como “auxiliar de justicia” y, como lógica consecuencia, mantener la más que sospechosa relación con el poder judicial que aparece dirigido por el poder en la sombra de los espías; la relación con organismos internacionales que hasta hoy han formado y dirigido a la SI; el control de “quién pincha a quién”; el “excesivo” secreto que duplica en años lo establecido por países tan “ejemplares” como EEUU; la derogación de la legislación que permite la infiltración en organizaciones públicas o privadas; y tal vez las dos cosas más extravagantes sean la transparencia de los “gastos reservados” para lo que proponen la presentación de facturas y la solicitud para garantizar el “perfil de idoneidad” de los espías.

Si no fuese algo tan grave sería casi divertido hacer la contabilidad donde los “nuevos” espías presenten las facturas de venenos, balas misteriosas, pinchaduras, etc., o la extraña “entrevista de trabajo” para determinar la idoneidad: “Disculpe, ¿usted sabe cómo matar sin dejar rastros e incluso incriminar a terceros? ¿Armó alguna vez operaciones judiciales o mediáticas con información falsa o escuchas ilegales?”. Como se ve, ni convencidos militantes del periodismo K pueden sostener la mentira de la AFI.

Pero sí puede hacerlo Carta Abierta, que publicó hoy una nueva justificación “intelectual”donde además del lenguaje barroco habitual, han logrado un felpudismo acrítico tal vez sin precedentes. En su extensa carta abundan las abstracciones, los juegos de lenguaje y alguna frasecita un poco gorila. Pero, en su esencia, su ataque se concentra a derecha e izquierda sin hacer la más mínima mención a los doce años de sostenimiento, financiamiento, utilización y promoción de los mismos espías que hoy se cuestionan. Despotrican contra quienes no discuten la trascendente reforma de esta “deuda de la democracia”, pero sin aportar una sola reflexión y haciéndose los distraídos, incluso, de las críticas del propio espacio kirchnerista como el CELS y Página/12.

La Carta llega a criticar el hecho de “poner la culpa de una muerte en quienes menos deseaban esa muerte, esencialmente porque no tienen a la muerte como forma de la política”, haciendo referencia al gobierno nacional. Pero si el asesinato abierto no es el “método” del kirchnerismo, sí lo es el de aliados firmes como el gobernador Gildo Insfrán contra la comunidad QOM, o el de las fuerzas policiales que asesinaron a jóvenes como Luciano Arruga. Obviamente la Carta no contiene una sola mención al acusado de delitos de lesa humanidad, comandante en jefe del Ejército y nuevo manda más de la inteligencia estatal, César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani. Una muestra más que en el “fin de ciclo”, cruje la “izquierda” kirchnerista. Tal vez se estén preparando ya para la “ola naranja”.

La única respuesta realista para acabar con las catacumbas de los servicios de inteligencia que proliferan en todas las fuerzas de seguridad, es su disolución completa e inmediata, la apertura de todos los archivos, el enjuiciamiento directo de todo el personal que estuvo o está en funciones ya que fueron parte fundamental del aparato represivo de la última dictadura militar y de cada una de las infiltraciones en las organizaciones sociales y políticas como así también los asesinatos de varios militantes como los casos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Ni siquiera los kirchneristas más críticos se animan a levantar una demanda democrática tan elemental. Esta es la política que solo levanta el PTS en el Frente de Izquierda.


La “pista venezolana”

Hasta el momento los motivos que el fiscal Nisman utiliza para fundamentar su acusación de encubrimiento no han encontrado verdadero sustento. La “teoría” del aumento del comercio entre Irán y Argentina como motor de la impunidad consagrada en el Memorando de Entendimiento no ha podido sostenerse. En ese marco que hoy Clarín lanza un argumento “conexo” como forma de intentar fundamentar lo que no han podido hasta el momento.

Así Eduardo Van Der Kooy asegura hoy que "también sería complicado despejar los nubarrones que ocultan el origen de la tremenda fatalidad: las relaciones de Cristina con Irán y la firma del pacto por el atentado en la AMIA. Quizás le toque a Rafecas echa algún hilo de luz sobre esas oscuridades. El Gobierno descalificó la denuncia de Nisman y los expertos aseguran que el tráfico de influencias del piquetero Luis D’Elia con un mensajero iraní —descubierto en algunas escuchas difundidas— sería débil para probar el supuesto encubrimiento. Pero colaboradores del fiscal garantizan que la historia no concluiría allí. Habría algunas grabaciones con la voz de Cristina. Incluso diálogos con Hugo Chávez. A través del líder caraqueño podría obtenerse alguna pista".

En la misma edición de Clarín Ricardo Kirschbaum agrega que "hay otro actor que ya tampoco está. El venezolano Hugo Chávez que habría convencido, primero, y alineado, después, a la Argentina en una alianza estratégica que se contradecía con la que había integrado antes del 27 de octubre de 2010, día de la muerte de Kirchner"
Así la relación con Venezuela entra en el caso AMIA como forma de "corroborar" lo que la acusación de Nisman parecería no poder hacer. En una suerte de sustitución de la oposición patronal, el multimedio lleva la batuta dirigente en cuanto a la creación de argumentos.







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