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Una noche de Shock

Susy Shock, Petula, Cecilia Gallino y Mauricio Martínez Sasso rompieron la poesía en la noche 26 del ciclo literario rosarino “A Cuatro Voces”.

Cecilia Rodríguez

@cecilia.laura.r

Viernes 3 de junio de 2016 | Edición del día

Foto: Guillermo Fournier

No alcanzaron las mesas del bar Oui para cobijar al auditorio impaciente que se agolpaba en cualquier lugar libre. Era una noche especial: Susy Shock estaba en Rosario, acompañada de un plantel poético de lujo.

Los responsables de tal rejunte fueron los organizadores del ciclo literario “A Cuatro Voces”, por el que pasaron ya 100 autores. Poetas también ellos, planearon cuidadosamente el evento que resultó ser un verdadero viaje.

El encargado de romper el hielo fue Mauricio Martínez Sasso, poeta nacido “Media hora antes de la primavera” –como se titula su primer poemario- de 1978. El lugar: el “pueblo cavernícola”, según dice en uno de sus poemas, de 9 de Julio, en provincia de Buenos Aires. Los poemas en prosa de Mauricio bucean entre el pasado y el presente, nos llevan a la niñez del “marica que tejía en telar” durante las finales de los mundiales, pervierten la santidad del núcleo familiar, hacen estallar las paredes del confesionario y desnudan la pedagogía cruel de la escuela que no tolera las individualidades. No tratan de una metamorfosis sino más bien de cómo hablar a viva voz, sin caretas, sin tapujos, de una metamorfosis que ya aconteció pero que fue silenciada demasiado tiempo.

Acto seguido entraron en escena Cecilia Gallino, que compartió una poesía atrevida, directa y con una justa dosis de humor; y Petula, que escribió especialmente para el evento un relato de amor y desamor en el que la realidad y la fantasía se enroscan sólida y violentamente.

El cierre estuvo a cargo de Susy Shock, que comenzó con algunos poemas más recientes para ir acercándonos a los que son ya verdaderamente clásicos y atravesaron fronteras.
Como siempre, brindó una poesía exquisita, callejeramente refinada, que vuela a lo alto del lenguaje y baja a lo profundo de la cotidianidad, desenrolla la forma misma del prejuicio y le da nombre, lo convoca a exorcizarse con la risa, con el beso que brinda al auditorio antes de bajar del escenario sobre el que reinó espléndida.
Entre lectura y lectura, no se privó de provocar las normas. “¡Qué mundo nos están dejando los heterosexuales! Dénoslos a las travas una semana nomás y se los devolvemos ordenado y mejor distribuído”. Tampoco faltó una llamada a la acción. “No sé que estamos esperando para salir a la calle. El otro día alguien me dijo ‘estamos esperando el primer muerto’. Debe referirse al primer muerto heterosexual, porque a nosotras nos siguen matando”.
Cada poema de Susy, y especialmente cuando son leídos con su carisma y potencia, convence de que la vida es para vivirla, no sobrevivirla, lucharla, no padecerla. Una poesía que es una patada voladora a la heteronormatividad que todos y todas llevamos dentro, pero que no deja de ser amable, amorosa. Porque para Susy la dolorosa y cruda verdad nunca está despojada del humor, de la caricia de la palabra, de la esperanza de una poeta que confía que otra forma de existir es posible y que lucha por ello.

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Los organizadores junto a los poetas de la noche. Foto: Guillermo Fournier







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