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Venezuela: crisis, geopolítica y diplomacia de cara al 6D

Ante las elecciones parlamentarias del 6D en Venezuela, el gobierno y la oposición buscan polarizar en torno suyo al electorado. En medio se cuela la crisis económica que atraviesa el país, la disputa por el Esequivo con Guyana, la visita de Capriles a la OEA, y las crecientes luchas reivindicativas de trabajadores.

Humberto Zavala

Venezuela | @1987_zavala

Jueves 30 de julio de 2015 | Edición del día

Recuento de un escenario contradictorio

Los últimos días el panorama geopolítico venezolano se ha visto cruzado por dos operaciones diplomáticas de quienes hegemonizan al electorado desde el gobierno y desde la oposición de derecha: por un lado, el viaje a Washington de Henrique Capriles (MUD), donde fue recibido por el nuevo secretario general de la OEA, Luis Almagro, para plantearle “la observación electoral de este organismo en los próximos comicios parlamentarios” y “la situación de los Derechos Humanos y económicos”. Por otra parte, está el encuentro del presidente Nicolás Maduro con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con centralidad en el diferendo con Guyana por la reclamación del Esequibo.

Todo esto se da en el marco del debilitamiento político del gobierno de Maduro producto de la crisis económica, donde con el advenimiento de los comicios parlamentarios el próximo 6 de diciembre, se suceden eventos contradictorios en medio de gran tensión política y giros significativos que van generando incertidumbre en la población.

En el plano exterior, mientras el derechismo internacional se turna en presiones injerencistas en auxilio de sus aliados locales, aumenta el conflicto limítrofe con el gobierno de Guyana azuzado por la trasnacional petrolera Exxon Mobil, secundado por varios partidos de derecha local, más los cambios en la geopolítica del Caribe y la región con la apertura de embajadas de EE.UU y Cuba. En el plano interno, diálogos discretos entre emisarios de Washington y Miraflores en busca de acuerdos entre el gobierno de Maduro con un sector “moderado” de la derecha (mientras su ala más “extrema” busca reposicionar sus fuerzas), la creciente presencia de luchas reivindicativas, y un giro represivo del gobierno nacional reforzando/desplegando operativos con alta presencia de fuerzas policiales en los barrios de Caracas.

Nuevas tensiones con la OEA

Este lunes 27, el gobernador del estado Miranda por la MUD, y dos veces candidato presidencial de la derecha, Henrique Capriles, fue recibido por el secretario general de la OEA, y ex canciller del gobierno de Pepe Mujica en Uruguay, Luis Almagro, sucesor de José Miguel Insulza a la cabeza de dicho organismo.

El anuncio de tal recibimiento fue lo que avivó nuevas tensiones entre Maduro y la OEA presidida ahora por Almagro desde hace apenas 4 meses, al punto que en su alocución del pasado domingo 26, Maduro exhortaba al representante de la OEA a definirse “si está con dios o con el diablo”, agregando “La OEA tiene 67 años de creada y no sirve para nada. Lo que ha hecho es aprobar invasiones y golpes de Estado”, y hablando de un “maleficio en la secretaría” –sentenció– “La OEA está dominado por una burocracia imperial que la hunde más”.

Ciertamente, este organismo ha sido históricamente un instrumento de presión política de los EE.UU para intervenir en los asuntos de los países del continente, con un prontuario bien conocido, y una presencia constante sobre nuestro país, que no lo disminuye un simple cambio de secretario general, menos cuando hace poco más de un año que el parlamento de Washington con infatuaciones injerencistas sancionara la Resolución 488 contra Venezuela pretendiendo instrumentalizarlas nada menos que con la OEA.

La presencia de Henrique Capriles en Washington pidiendo “la observación electoral de este organismo en los próximos comicios parlamentarios” pudo ser leída por Maduro como una clara provocación, a la que se suma su petición de dicha instancia abogue por “la situación de los Derechos Humanos y económicos” en el país.

Cosa que lejos de los derechos que aspiramos los millones de trabajadores y hogares populares que conformamos la abrumadora mayoría de la población, pide lo mismo que ante la reciente visita de Bob Cocker, una “mayor presión internacional con el tema de los(sus) presos políticos” o más recientemente contra la inhabilitación de (sus) políticos; “derechos económicos” que más tienen que ver con los del conjunto del empresariado nacional, y los del imperialismo norteamericano que con los que pagamos actualmente los costos de la crisis.

Capriles no solo persigue en este contexto, apoyarse en la OEA y la figura de Luis Almagro, previamente legitimada por el propio gobierno de quien obtuvo su voto y le felicitó cuando se conociera su nombramiento, sino que avanza en ese sentido para aventajar a sus adversarios dentro de los partidos de oposición, a la que el 73% de los venezolanos encuestados dio por dividida en una reciente encuesta.

Maduro persigue reposicionarse internamente

Tras entregar un documento al representante de la ONU, Ban Ki-moon, Maduro declaraba ante la rueda de prensa: “he venido a denunciar las provocaciones del nuevo presidente de Guyana y a defender los derechos históricos de Venezuela sobre el Esequibo y pedir que se active las comisiones de los buenos oficios”, a los que –según Maduro– el presidente David Granger se niega a designar, también adelantó que extraoficialmente le fue informado que este “se niega a ir a la cumbre de la Unasur”, que se realizará en Asunción, Paraguay.

En dicha rueda de prensa, ante la cuestión sobre si aceptaría la designación de observadores por parte de la OEA, Maduro declaró que “Venezuela no es ni será monitoreada por nadie”, pues para el “acompañamiento electoral” ya el CNE ha invitado a la Unasur.

Detrás de las declaraciones contra la OEA, y la reunión con el secretario general de la ONU, están en juego un conjunto de intereses contrapuestos de actores dentro y fuera de la nación, que van desde los apetitos imperialistas de la Exxon Mobil y mayor control político norteamericano sobre la región, hasta la lucha política-electoral entre los principales proyectos que se disputan el control político de la nación en medio de la transición del Post-chavismo. Es en este escenario que Maduro con el conflicto limítrofe con Guyana busca cerrar filas en torno suyo apelando a la unidad nacional.

La independencia de clase como apuesta política estratégica

El proyecto en crisis del chavismo, las divisiones en el seno de la derecha, la insostenible situación de carestía/pauperización producto de la crisis económica, y los crecientes brotes de luchas reivindicativas que diversos sectores de trabajadores comienzan a emprender, denotan la necesidad de que la clase trabajadora construya instancias de poder y decisión que le permitan asumir las riendas en todos los aspectos de la vida económica del país de acuerdo a intereses verdaderamente propios.

Es en este sentido que la independencia de clase en torno a un programa económico de emergencia ante la crisis, basado en la movilización de los propios explotados y en la concentración de sus fuerzas (por hoy dispersas), se planta como condicionante elemental de una oportuna y eficaz respuesta política, y al mismo tiempo como apuesta estratégica, no solo contra la capitalización de la crisis por parte de la derecha opositora, por vía electoral o no, o para poner un cerrojo en las conquistas sociales ganadas en el período posneoliberal anterior y que en medio de la crisis es el propio gobierno quien se encarga de desmontarlas.







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