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Red Internacional

A propósito del lanzamiento de Gitana, la primera publicación de la frestyler Vid Urbana. Cruzamos miradas entre les artistas y algunas escenas de la vida cotidiana

Domingo 20 de junio | 17:56

Vid Urbana es una referente del freestyle y el hip hop de Mendoza. Forma parte de una nueva generación de músiques locales con fuerte proyección regional y nacional, que se abren paso en diferentes géneros, y recientemente fue seleccionada para las clasificatorias de la Red Bull Batalla de los Gallos.

Esto lo logran con beats potentes y melodías penetrantes, pero también con un claro compromiso con su arte y todas sus aristas, con mensajes y reflexiones profundas. Esta artista mendocina tiene además una impronta de género que la caracteriza: es parte de un taller que tiene como objetivo sumar mujeres y disidencias a la cultura del Freestyle; y ha participado de diversos festivales feministas, como el realizado el 8 de marzo del 2020 donde La Izquierda Diario dialogó con ella.

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El pasado 12 de junio publicó su primer video musical, Gitana que ya cuenta con más de 4.000 reproducciones entre Instagram y Youtube. La música fue grabada, mezclada y masterizada por Sheke Producciones y el video fue realizado por Kiim Burgos y Suphynea.

Esta interesante producción nos sirve de disparador para algunas reflexiones que desarrollaremos en el transcurso de la nota sobre la situación actual de la juventud, de las y los trabajadores y artistas que pelean día a día para hacerse oír.

Sobre la música, podemos decir que trata de una canción con una estructura tradicional dentro de las producciones de rap. En su introducción nos encontramos con una guitarra y unas palmas flamencas, y ya nos deja en claro el tono y la temática de la canción. Quizás puede observarse acá una evocación a artistas españoles como Rosalía y C Tangana, cantantes que le dieron una marcada identidad hispánica a sus producciones, fusionando elementos de la cultura flamenca con el hip hop, el trap y el pop y que vienen teniendo mucha repercusión en la juventud latinoamericana.

Luego, Vid irrumpe con su canto y nos declara su identidad gitana. Nos habla del abrigo de los amigos, los corazones y los amores errantes, de su “boca de lata sin conservantes”, sin plata ni suerte. Nos presenta quién es ella, pero también podríamos pensar estos versos conectándonos con miles de personas que podrían reconstruir su historia de “gitanidad”: pueden ser aquellas mujeres errantes que junto a sus familias, vuelan como golondrinas a buscar un sustento en las temporadas de cosecha desde Salta hasta Mendoza, y deben aguantar la falta de plata y suerte, buscando el abrigo sólo de los pares, pues gobiernos y empresarios les dan la espalda. Pueden ser aquellas mujeres y jóvenes “con sueños de Cleopatra sin Cesar presente” que llevan la doble carga de las y los trabajos precarios y el trabajo doméstico no remunerado. Aquellas que se tienen que bancar los tratos más degradantes y el abuso de los jefes, pero que cuando alzan su voz demuestran la potencialidad que puede tener cuando le dicen “no” al acoso.

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También podemos pensar en quiénes tienen que hacer malabares para poder desarrollar su arte mientras se sostienen con trabajos en condiciones de flexibilidad cuando nos nombra a quien hace “manicure para pagar sus estudios con su arte”. Particularmente en Mendoza, es imposible no pensar en el Gobierno provincial que negoció un convenio con empresas gastronómicas para que los estudiantes de artes visuales entren a los museos a trabajar pero no como expositores o curadores, sino como mozos de sus cafeterías. Frente a ese desprecio, cobra valor la autogestión de estos estos jóvenes artistas que pusieron en pie esta producción.

Volvamos a la canción. Hacia su primer minuto, la entrada del beat nos marca un punto de quiebre en la obra y la artista nos afirma lo que siente: “no cambiaré”, “no te aferres, enloqueceré”, “nunca encajé”. Podemos pasar el acento de todo lo social que nombramos antes, a lo emocional. La música no tiene que atarse a ninguna consigna, puede fluctuar de lo más externo, lo que interpela a otras realidades, a lo más personal e íntimo que nos conecta simplemente con lo que sentimos.

Mientras, la freestyler deambula por los corredores de un conocido complejo de departamentos donde cientos de familias trabajadoras viven y conviven, y que muchas veces funciona como un punto de encuentro para la juventud que respira la urbanidad. Mientras lo vemos, pensamos, ¿con cuánta gente nos juntamos en las Torres de San Juan y Siria? ¿Con cuántos amigues y parejas encontramos refugio entre sus moles de concreto? Precisamente, hacia allí nos lleva el derrotero gitano: al encuentro de las y los amigos que son el abrigo. Entre tanto, nos tira un verso esperanzador en este invierno que se cierne: “Nos vemos en septiembre, cuando el sol alumbre”

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Finalmente, Vid Urbana y su crew nos deja con un mensaje que sintetiza lo que su primer obra transmite de principio a fin: “amores de intentos, momentos o puentes; gitana de cuerpo corazón y mente.”

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