Juventud

Opinión

Violencia es mentir: las oportunidades del Intendente Cagliardi para la juventud

Sobre el curioso criterio de la propaganda oficial del Intendente de Berisso, Fabián Cagliardi, que celebra las “oportunidades” para los jóvenes de trabajar en un edificio semi-abandonado, en ruinas, plagado de basura y mala ventilación; En negro y pésimas condiciones de salubridad, por fuera de cualquier ley de trabajo.

Viernes 7 de agosto | 17:32

Sin explicitar si se trata de un chiste de "humor negro" o una amenaza, la foto, aparecida en el portal Prensa Berisso, dice textual:Polígono Industrial. Estoy contento de que de a poco los jóvenes de nuestra ciudad tengan oportunidades laborales. El que sonríe (¿o se ríe?) contento detrás de su barbijo es Fabián Cagliardi, Intendente de Berisso por el Frente de Todxs.

El “Polígono Industrial”, en realidad lo que queda del viejo edificio del frigorífico Swift, es un conjunto de construcciones en ruinas, cruzadas por cables, polvo de coke y restos de basura. Algo así como el Templo Mayor de la precariedad laboral, hacia el que empresarios de todo pelaje dirigen sus plegarias para que los gobiernos de turno les permitan explotar a jóvenes, mujeres, trabajadoras y trabajadores migrantes.

Allí, luego de las privatizaciones de los años menemistas, un conjunto de empresarios vio el negocio redondo de la desocupación generalizada y la desesperación de cientos de trabajadores, que debieron optar entre trabajos temporarios en negro, sin derechos y condiciones durísimas, o el hambre. Y como el hambre no perdona, florecieron los llamados “emprendimientos”.

Para nombrar sólo algunos: fundición de plásticos y metales en lugares sin ventilación, bolsas industriales, lanolina y otros insumos químicos, elaborados en predios en donde para respirar hay que esperar al horario de salida. Confección de cajones para fruta con trabajadores indocumentados que cortan a golpe de hacha arboles en la costa, y luego pelan los troncos a machete durante 12 horas diarias (el dueño de esta “empresa” fue galardonado alguna vez en la Fiesta del Vino por su hermoso stand construido con madera del monte). Manos hábiles de mujeres diseñan, cortan y cosen, por algunas monedas, las prendas que marcas muy conocidas venden a precios imposibles para cualquier laburante. Y, como no podía ser de otra manera, por cerca de 16 pesos la unidad, hoy y en plena pandemia, se cosen los elementos de protección para el personal de salud, que luego los recibe a cuentagotas “porque representa mucho gasto para el gobierno”.

Usted que lee, con buen tino, podrá preguntarse: ¿cómo es posible que suceda esto, a cuadras nomás de la Municipalidad y a cielo abierto? Se podría decir mucho, pero para muestra basta un botón: además de no pagar sueldos dignos, ni horas extras, ni aguinaldo ni ART ni jubilación, los empresarios acordaron con “el Ente” (junta administradora de este desastre, formada por el gobierno local, provincial y los dueños de los emprendimientos) no pagar por más de una década servicios como la electricidad, utilizada a mano suelta como fuente fundamental de energía en cada empresa. ¿Las ganancias? Gigantescas.

Por último, un hecho doloroso, imposible de olvidar: el 31 de Diciembre de 1999, en una de las fábricas de plástico que existían en ese momento, Martin Tinto de 23 años fue obligado a seguir trabajando después de haber cumplido sus 12 horas diarias. Un 31 de Diciembre. 12 horas sin parar y había que seguir, porque al patrón le jodía la alegría de los pibes que querían irse a sus casas a festejar el año nuevo. Martín murió esa tarde, en su puesto de trabajo, aplastado por un montacargas.

Toparse en los medios de propaganda oficial con la foto que ilustra esta nota, no puede generar más que una profunda indignación. Y no es la foto. Es volver a los relatos de humillación de cientos de trabajadoras y trabajadores que han pasado y pasan todavía por este lugar cuando la necesidad no permite otra opción. Llamar a esto “oportunidad laboral para los jóvenes de la ciudad”, como dice el Intendente Cagliardi, debería, como poco, estar prohibido.

Pero no está prohibido, sino que es el modelo soñado por los grandes empresarios que se sientan en la misma mesa que el gobierno (y la silenciosa CGT) para preparar “la salida de la pandemia”.

Las nuevas generaciones merecen vivir plenamente, desplegar todo su potencial, toda su rebeldía, y hacer avanzar al mundo entero. Si se presta un poco de atención, se escuchan desde Buenos Aires, San Pablo, Córdoba, Río de Janeiro, las voces de les repartidores peleando por sus derechos, o les pibes en Valparaíso y Santiago de Chile haciendo retroceder los carros de carabineros. Por todo Estados Unidos, marchan firmes contra el racismo y la represión, junto al enorme movimiento de mujeres y disidencias que reclama su libertad en todo el mundo.

Detrás de las gastadas fórmulas oficiales, algo crece en las calles. Y lo que crece es bueno.







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