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Red Internacional

El cierre de las paritarias, donde las y los trabajadores vitivinícolas conquistaron un aumento del 57 %, superior al logrado por la gran mayoría de los acuerdos paritarios en todo el país, fue el primer paso de un movimiento de miles de obreros de viñas y bodegas que comenzaron a organizarse democráticamente y ahora tiene nuevos desafíos.

Lunes 3 de mayo | 11:01

El resultado de la negociación paritaria del sector vitivinícola adquirió repercusión nacional por haber sido uno de los más altos del país, pero es tan solo la punta de un iceberg que comenzó a gestarse por abajo, hace meses, y que no se termina en la discusión salarial.

En primer lugar, fue el resultado directo de un paro histórico que no solo paralizó a las viñas y bodegas por 48h sino que dejó en evidencia una nueva situación entre los trabajadores y trabajadoras del sector. La decisión de convertir el paro en uno activo, con piquetes en todas las bodegas de Mendoza, fue discutido y garantizado por abajo, en cada una de las bodegas de la provincia. Un nuevo modelo de organización, inédito en las últimas décadas en el sector, se impuso desde abajo.

La irrupción de los trabajadores vitivinícolas autoconvocados fue la expresión de un movimiento que comenzó a unir a los trabajadores de bodegas con los de viñas, no solo divididos por las patronales sino también por la federación y los sindicatos departamentales, y que comenzó a tomar la organización en los lugares de trabajo en sus propias manos.

Mientras los grandes bodegueros facturaban millones a costa de declarar esenciales a los trabajadores del sector para hacerlos trabajar en medio de la cuarentena el año pasado; mientras esos mismos bodegueros (junto con los gobiernos nacional y provincial) dejaban varados a miles de trabajadores golondrinas en la terminal de Mendoza, sin agua, sin comida ni elementos de protección sanitaria, luego de hacerlos levantar la cosecha, se fue gestando la bronca y el hartazgo de miles. Toda esa bronca, de años de trabajos extenuantes y salarios de miseria, se fue canalizando en organización por abajo, en un lento pero persistente movimiento de trabajadores dispuestos a nunca más bajar la cabeza ante los atropellos patronales.

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Esa misma organización se fue extendiendo. Primero entre trabajadores de distintas bodegas, luego por los departamentos de Mendoza, llegando al sur provincial e incluso trascendiendo las fronteras de la provincia, como sucedió en San Juan y Salta. Por eso, la primera conclusión que destacan cientos de trabajadores en toda la provincia es haber conquistado una nueva forma de organizarse, democrática y de acción directa. Esta organización fue más allá de la discusión salarial y ahora se plantea nuevos desafíos. Lejos del modelo de organización impuestos por los sindicatos desde arriba, donde la conducción negocia el salario y los trabajadores no tiene más participación que votando cada tantos años, la organización de los autoconvocados puso de manifiesto la necesidad y la fortaleza de que sean los propios trabajadores quienes se pongan no solo a la cabeza de la lucha, sino también de las discusiones que hacen a sus organizaciones.

La irrupción de los autoconvocados también dio voz a las mujeres vitivinícolas. Miles de mujeres en las viñas y bodegas que sufren las peores condiciones dentro del sector. Precarizadas por las patronales y ninguneadas por el sindicato, se pusieron a la cabeza, demostrando que la unidad es el camino.

La exigencia activa, con publicaciones en las redes y declaraciones en los medios, marchas históricas como fueron las del 1 de febrero y la del 31 de marzo en distintas ciudades del país, asambleas, y distintas instancias y formas de organización de miles de delegados y trabajadores; tuvieron el logro de que el acuerdo paritario entre las patronales y el sindicato no culminara siendo perjudicial para los trabajadores y un beneficio para los empresarios, como veía sucediendo en los años anteriores (lo que ha llevado a que los sueldos vitivinícolas sean uno de los más bajos del país). Esto es una de las expresiones más claras de que en la vitivinicultura algo ha cambiado.

De ese cambio tuvieron que dar cuenta las patronales, cuando después de una oferta inicial que apenas superaba el 30 % de aumento, tuvieron que otorgar el 57 % finalmente firmado por el sindicato, aunque el reclamo de los autoconvocados fue y sigue siendo, por un sueldo que alcance a la canasta básica familiar. Y tuvo que dar cuenta también el sindicato que, acostumbrado a la “mesa chica de negociación”, se vio desbordado por un movimiento que primero impuso un paro activo el 30 y 31 de marzo, y luego exigió la preparación de nuevas medidas de lucha si las patronales seguían dilatando la discusión. A pesar esto, de la presión y la exigencia de los autoconvocados, la dirección del sindicato decidió no bajar a las bases la propuesta paritaria para que fuese discutida y votada democráticamente, negando al conjunto de los trabajadores vitivinícolas la posibilidad de pelear por un acuerdo mejor.

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Este acuerdo no resuelve todos los problemas del sector. En primer lugar porque la base de la discusión era uno de los peores salarios del país, de ahí la exigencia de un salario acorde a la Canasta Básica, pero también porque la brutalidad patronal no se queda ahí si no que se expresa todos los días en la precarización de los contratados, la falta de ropa de trabajo y elementos de protección sanitaria. Por eso, esta lucha fue solo un primer paso para conquistar todos sus derechos, como la jubilación anticipada a los 57 años para las y los obreros de viña, negada sistemáticamente por todos los Gobiernos y que hoy espera tratamiento en el Congreso Nacional.

“Es la primera vez que nos unimos todas las bodegas”, destacaban trabajadores al comienzo del paro. Esa unidad no cayó del cielo, sino que se fue gestando por abajo, y tampoco se terminó con las paritarias, sino que se debe fortalecer. Así como demostraron las y los trabajadores de la salud de Neuquén, y en nuestra provincia muestran las trabajadoras de la educación y la salud, la lucha es el camino, pero fundamentalmente la organización democrática y coordinación de todos los trabajadores y trabajadoras.

Podes leer todas las notas de La Izquierda Diario sobre la lucha de las y los vitivinícolas haciendo click acá




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