Política

OPINIÓN

Viva la propiedad privada, el grito de guerra contra el pueblo en Guernica

No es casualidad que el grito de guerra de la derecha y las patronales, con la parasitaria oligarquía argentina a la cabeza sea el de ¡Viva la propiedad privada!, derecho que consideran sagrado y de orden natural, fuente de su lucro y de la miseria y la explotación de millones.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 30 de octubre de 2020 | 22:57

El gran poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton escribió Acta, cuyos versos finales dicen: “En nombre de quienes lo único que tienen/ es hambre, explotación, enfermedades,/ sed de justicia y de agua,/ persecuciones, condenas,/ soledad, abandono, opresión, muerte./ Yo acuso a la propiedad privada/ de privarnos de todo”. La represión a los pobladores de Guernica, el desalojo, el incendio de las casillas y las topadoras, contra 1400 familias que solo pedían un poco de tierra para levantar un techo, demuestran que las palabras del poeta son tan reales que duelen y hacen de su acusación contra la propiedad privada un horizonte político para que la crisis la paguen los empresarios que son quienes la provocaron y no el pueblo pobre y trabajador.

Grito de guerra

No es casualidad que el grito de guerra de la derecha y las patronales, con la parasitaria oligarquía argentina a la cabeza sea el de ¡Viva la propiedad privada!, derecho que consideran sagrado y de orden natural, fuente de su lucro y de la miseria y la explotación de millones. Con el estandarte de la bandera de la defensa de la propiedad privada los capitalistas han declarado la guerra de clases contra el primer desafío protagonizado por un sector del movimiento de masas. Las tomas de Guernica precisamente son la consecuencia de que el derecho a la propiedad impera por sobre el derecho democrático a una vivienda digna. Su represión es manifestación del carácter de clase del Estado y las instituciones como la justicia, de que su función es preservar el interés de los capitalistas y no la supuesta representación del bien común. Demuestra aquello que decía el viejo maestro del socialismo Federico Engels de que el Estado, en última instancia, es el perro guardián de la clase dominante.

Chantaje patronal

La burguesía va por más. En un artículo publicado en La Nación luego del desalojo en Guernica podemos leer “Ayn Rand, la autora rusa nacionalizada estadounidense, publicó en 1957 "La rebelión de Atlas" (...) La médula de la novela es la rebelión de los empresarios que, hartos de ser castigados por un estado totalitario y populista, comienzan a retirarse a un tranquilo valle donde no pueden ser trazados y, sobre todo, donde nadie les quita lo que se ganaron con su trabajo, siendo los mejores, compitiendo por ganar mercados. Se trata de un grito rebelde o sagrado, como diría nuestro himno nacional, que supone una última acción de libre albedrío. Prefieren retirarse antes que ser avasallados en sus derechos y libertades”. La autora del artículo, Paula Urien, reivindica la huida en masa de capitales argentinos a la otra orilla del Río de la Plata “Uruguay parece ser el valle que encontraron los empresarios locales para irse, a lo que llaman "el exilio voluntario". Los argentinos prefieren plantar bandera en el país vecino que les ofrece cada vez mejores condiciones en vez de amenazarlos con quitarles todo. Uruguay los recibe con los brazos abiertos con estímulos para que se arraiguen ellos, sus familias y sus inversiones. Los tratan bien”. En cambio en el país serian victimas de “El Estado voraz reflejado por Ayn Rand le quitó todo, pero lo peor es que le quitó las ganas de seguir peleándola. Costos laborales donde por cada $ 100 de salario, los empleados reciben $ 70 y el empleador debe pagar $ 160 o $ 170. Impuestos varios e inagotables. La espada de Damocles de los juicios laborales”. La autora le pone números a esta situación: “Según el Boletín de la Seguridad Social, de AFIP, en julio de este año había 523.706 empleadores. Son 22.000 menos que en julio de 2019 y más de 35.000 menos que en julio de 2018”.

Es decir que para los empresarios el problema está en los derechos de los trabajadores, en la precaria estabilidad laboral del empleo en blanco y en las cargas impositivas. O como lo dice más brutalmente la derecha, en que el Estado, usa supuestamente su dinero para mantener "vagos". No les alcanzan los subsidios millonarios y las bajas de retenciones que les brinda el Estado, quien más. Su programa es hacer que la crisis la paguen los trabajadores perdiendo sus empleos, siendo empujados al hacinamiento y la intemperie, perdiendo sus derechos laborales. La solución que pregona sería el reino libre de la más brutal explotación patronal y desigualdad social.

Cruzando el Rubicón

Guernica pone al desnudo la bancarrota de la concepción progresista que dice que el Estado burgués es una fuerza en disputa. El aura progresista del gobierno de Alberto Fernández y del Axel Kicillof quien gobierna la provincia de Buenos Aires en nombre del kirchnerismo puro, se ha hecho añicos ante la prueba de la realidad.

En medio de la más brutal crisis capitalista de la historia las constantes capitulaciones a las patronales, a los bonistas, al FMI, a la oligarquía, a la mafia policial, han dado su fruto. La represión en Guernica, bajo el comando del cómplice del gatillo fácil policial Sergio Berni, expresa que han cruzado el Rubicón de las expectativas democráticas de millones que quisieron ver en el voto al Frente de Todos un freno a la derecha.

Sin embargo, la realidad ha demostrado todo lo contrario. La orden de batalla contra el pueblo pobre fue dictada por la propia Cristina Fernández de Kirchner quien el 27 de octubre llamo por carta a un gran acuerdo nacional a las patronales, ofreciéndole la bandera blanca a Clarín, para llevar adelante un ajuste. Ante la debilidad y el resquebrajamiento de un gobierno claudicante, la única manera que se les ocurre de salvar la situación es asumiendo como propia la agenda de la derecha y las patronales, llevando adelante su propia defensa de la propiedad privada. El apoyo publico de Miguel Angel Pichetto y Patricia Bullrich Pueyrredón es el símbolo de esta debacle.

Derrota autoinflingida

Tan profundo es el giro que incluso obligaron a hocicar a un Juan Grabois y su Proyecto Artigas, cuyo lema era defender el “derecho natural” a la propiedad privada de una oligarca despojada como Dolores Etechevehere.

El referente social cercano al Papa Francisco manifestó: “Hemos sufrido una derrota”, derrota autoinflingida porque se rindió sin resistir cuando vio que el gobierno le soltaba la mano y la Iglesia repudiaba las tomas como usurpaciones. Su política no consistió en movilizar todas las fuerzas de los movimientos sociales en defensa de los sin techo de Guernica, ni exigir a las centrales sindicales que se pusieran a disposición de los pobladores. Ni siquiera intento un llamado a un movimiento para frenar a las guardias blancas de la Sociedad Rural, y mucho menos convocó a los peones rurales a luchar por la nacionalización de la tierra para poner fin al latifundio.

Su programa consistió en plantear una reforma junto a la oligarquía. Prefirió evitar la movilización popular por la tierra y el techo en Guernica, tal como declama en sus discursos, para no chocar abiertamente y esperar convencer por las buenas a un gobierno que hace tiempo viene cediendo y cediendo ante cada apriete de los poderosos.

Conciencia y organización

La revolucionaria Rosa Luxemburgo discutía que en la lucha de clases había que medir las conquistas no solo por sus logros materiales, sino que “las conquistas más importantes son siempre en materia de conciencia y organización”. Los pobladores de Guernica a lo largo de su ocupación han sentado un precedente para el conjunto de los trabajadores, una fuente de lecciones. Han sorteado las inclemencias del tiempo levantadose una y otra vez, han sabido construir lazos solidarios, han puesto en pie asambleas y comisiones de mujeres, han enfrentado discutiendo democráticamente todas las maniobras divisionistas que expresaban la nueva soberanía surgida de la recuperación de un territorio cuyos verdaderos usurpadores son los especuladores inmobiliarios. La autoorganización fue la base de su fortaleza y esa es una lección que hay que grabar a fuego.

Por otro lado, han señalado al pueblo trabajador que los derechos no se mendigan sino que se arrancan con la lucha. Si este primer combate no alcanzó para defender el terreno, se debe no a la falta de fuerza y voluntad de los trabajadores y jóvenes solidarios movilizados, sino al papel de la burocracia sindical y de los grandes movimientos sociales que han dejado solo a les compañeres de Guernica y siguen dividiendo a los trabajadores.

La izquierda en el centro del ataque

El ataque combinado contra la izquierda por parte de la derecha y los medios oficialistas tiene un denominador común, responsabilizarla de politizar una necesidad de vivienda y de apoyar las supuestas “usurpaciones”. Como si los pobladores de Guernica y el pueblo trabajador tuvieran vedado, además del derecho a la vivienda, el derecho a la ciudadanía, de expresar políticamente sus demandas. El progresismo se hace así eco de la concepción oligárquica de la política que es un privilegio de los ricos y no un derecho democrático del pueblo. Pero además hace suyo el argumento de los especuladores inmobiliarios y los terratenientes, quienes usurparon la tierra históricamente y lo siguen haciendo, como señalo el propio Kicillof alrededor de los countries o como lo hizo la familia Etchevehere con los campos en disputa.

La izquierda está donde tiene que estar, junto a los desposeídos, junto al pueblo trabajador, defendiendo los derechos populares y democráticos, poniendo el cuerpo para frenar la represión. No es la izquierda quien debe explicar su presencia en Guernica, son aquellos que reprimieron en primer lugar y los que estuvieron ausentes los que tienen que rendir cuenta ante el pueblo trabajador.







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